La creciente audacia del lobo pone en jaque a las zonas rurales y urbanas de Ferrol
Ganaderos y vecinos denuncian ataques a ganado y mascotas cada vez más cerca de las casas y exigen soluciones a las administraciones ante la pérdida de miedo del animal

Alejandro Suárez y Anabel Bello, afectados por los daños del lobo
Ferrol - Publicado el
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La presencia del lobo en la comarca de Ferrol ha dejado de ser un problema exclusivamente rural para convertirse en una cuestión social y de seguridad ciudadana. El grupo municipal Ferrol en Común ha trasladado el malestar de los vecinos ante los avistamientos cada vez más próximos a núcleos habitados, los ataques a ganado y mascotas y el miedo creciente entre la población, que exige a la Xunta de Galicia y al Concello de Ferrol medidas concretas y dotadas de presupuesto.
Para analizar la situación, han dado su testimonio Alejandro Suárez, ganadero con explotaciones en Ferrol y Valdoviño, y Ana Belén Bello, presidenta de la asociación de vecinos Viladóniga-Vila Sánchez de Ferrol. Ambos relatan un problema que se ha agravado especialmente en el último año, con ataques que se suceden de forma constante y muy cerca de las viviendas.
Ataques a las puertas de la ciudad
Alejandro Suárez confirma la gravedad de la situación con ataques casi semanales. "Está habiendo ataques casi semanales a animales, tanto mascotas como animales tipo ponis, ovejas, vacas", explica. Suárez detalla incidentes recientes en San Jorge, Serantes e incluso en la carretera de Catabois, muy cerca de zonas urbanas. "La gente no es consciente del problema hasta que lo tenemos encima", advierte, comparando la expansión del lobo con la que ya se vivió con los jabalíes, que pasaron de ser un problema rural a uno urbano.

Este cambio en el comportamiento del lobo, que parece haberle perdido el miedo a los humanos, es una de las mayores preocupaciones. Ana Belén Bello explica que, como asociación, han canalizado las quejas de varios vecinos, uno de los cuales sufrió la pérdida de "cuatro o cinco ovejas" en una finca situada "enfrente a la puerta de su casa, una casa habitada y con un día a día normal". La asociación ha elevado escritos al Ayuntamiento, Consellería de Medio Ambiente, Delegación del Gobierno, Valedor do Pobo y a la Fiscalía de Medio Ambiente para buscar soluciones.
El impacto económico y moral
Más allá de las pérdidas económicas, Alejandro Suárez subraya el fuerte impacto moral de los ataques. Describe la dureza de encontrar animales que han sido atacados y siguen vivos hasta que el veterinario los sacrifica. "A veces no es solo que te mate un animal", lamenta. Esta carga emocional se multiplica cuando afecta a las familias y a los más pequeños.
Suárez asegura que este nuevo lobo "parece que no le tiene miedo al humano", a diferencia del lobo tradicional que siempre se mantuvo en el bosque. La situación actual, que parece sacada de un cuento, es una realidad que genera una gran angustia entre los afectados.
Búsqueda de soluciones y llamada a la calma
La búsqueda de soluciones choca con el estatus de protección de la especie. El Tribunal Superior de Xustiza de Galicia mantiene suspendidas las medidas de control sobre el lobo, una especie protegida en toda Europa. Ante esto, los vecinos no piden "cosas raras", según Suárez: "Lo único que queremos es que saquen al lobo de la zona rural". El ganadero relata cómo él mismo se encontró con un lobo a 20 metros de su coche y, noches después, vio a una pequeña manada acechando a su ganado.
El peligro, además, se extiende a la seguridad vial. Suárez menciona un ataque a un caballo en San Jorge que provocó que seis vacas con sus crías rompieran un cierre y escaparan a la carretera, con el consiguiente riesgo de "un accidente grande". Ante esta escalada, el grupo Ferrol en Común llevará una moción al pleno del próximo jueves para instar a las administraciones a actuar.
Por su parte, Ana Belén Bello hace una "llamada a la calma" para no generar una alarma social desmedida, aunque sí pide precaución. "Que tengan cuidado con sus mascotas, sobre todo", aconseja, reconociendo que muchos vecinos "ya no están saliendo al monte a caminar con sus mascotas y con los niños porque tienen miedo". La demanda final es clara: un retorno a la convivencia donde cada uno ocupe su espacio.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



