El SES confirma un nuevo caso en la región de Fiebre del Nilo
Se trata de un varón de 72 años perteneciente al Área de Salud de Don Benito-Villanueva que se encuentra ingresado.

Moquito en una imagen de archivo
Badajoz - Publicado el
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Confirmación por parte del Servicio Extremeño de Salud (SES) de un nuevo caso de Fiebre del Nilo Occidental en la comunidad autónoma: es un varón de 72 años del Área de Salud de Don Benito-Villanueva, que actualmente se encuentra ingresado en el hospital de referencia de la zona. Esta noticia coincide con el alta hospitalaria de la mujer de 66 años cuyo caso se notificó a mediados de septiembre, un dato que subraya la evolución favorable de la mayoría de los afectados.
En lo que llevamos del año 2025 en Extremadura se han dado un total de 17 casos confirmados, una cifra que permite contextualizar la incidencia real del virus. De estas infecciones, tres fueron asintomáticas –detectadas probablemente en controles rutinarios– y, lamentablemente, se registraron dos fallecimientos: una mujer de 82 años y un varón de 77. En estos momentos, cinco personas continúan recibiendo atención hospitalaria en el Hospital Don Benito-Villanueva. Estas cifras, aunque deben ser tomadas con seriedad, distan de sugerir una situación de alarma descontrolada. Sin embargo, el SES ha activado un protocolo de vigilancia epidemiológica reforzada en las ocho áreas de salud de la región, instruyendo a los profesionales para mantener una actitud de alerta ante cualquier síntoma compatible. Esta estrategia proactiva busca aumentar la capacidad diagnóstica y asegurar una respuesta rápida y eficaz.
El 80% de las infecciones por el virus del Nilo Occidental en humanos cursan sin síntoma alguno. En el resto de los casos, la enfermedad suele manifestarse como un síndrome pseudogripal. Solo un pequeño porcentaje, particularmente entre personas mayores o con sistemas inmunitarios debilitados, puede derivar en complicaciones neurológicas graves. Esta característica de la virología es fundamental para entender el bajo riesgo que representa para la población general y la importancia de focalizar las medidas de protección en los grupos más vulnerables. La clave no está en el temor, sino en la aplicación consciente de una serie de medidas sencillas que rompen el ciclo de transmisión del virus, que se produce a través de la picadura de mosquitos comunes infectados.
más vale prevenir...
La piedra angular de la prevención es el control del vector: el mosquito. Las recomendaciones del SES son claras y directamente aplicables en el ámbito doméstico. La primera línea de defensa consiste en eliminar los criaderos potenciales. Esto implica mantener en buenas condiciones piscinas y estanques, y evitar cualquier acumulación de agua estancada en objetos cotidianos como platos de macetas, cubos, juguetes o neumáticos viejos. Tapar los recipientes que contengan agua en el exterior y mantener limpios canalones y desagües son acciones igual de importantes para negar a los insectos el lugar donde proliferar.
En el ámbito personal, la protección individual resulta igual de eficaz. Se recomienda vestir ropa de colores claros que cubra la mayor superficie corporal posible –manga larga, pantalones largos y calzado cerrado–, especialmente durante el amanecer y el anochecer, horas de mayor actividad de los mosquitos. Asimismo, es conveniente evitar el uso de perfumes o jabones muy aromatizados, ya que pueden atraerlos. La utilización de repelentes de insectos autorizados, en formato loción, spray o pulsera, ofrece una barrera química muy efectiva. Complementariamente, la instalación de mosquiteras en puertas y ventanas constituye una excelente barrera física para impedir la entrada de estos insectos a los hogares.
En definitiva, la situación actual requiere prudencia, pero no alarma. La combinación de un sistema sanitario en estado de alerta, un diagnóstico precoz y, sobre todo, la colaboración ciudadana en la aplicación de medidas preventivas, constituye la fórmula más sólida para minimizar el impacto del virus del Nilo Occidental. La información veraz y la adopción de hábitos preventivos son, en este contexto, la mejor vacuna social disponible. La responsabilidad individual se convierte así en una contribución directa a la salud colectiva, permitiendo disfrutar del entorno con una seguridad reforzada.



