El conejo se extingue en el plato: Valencia abandona una de sus carnes más tradicionales
El sector cunícola en la Comunidad Valenciana alerta de una caída del consumo del 10% anual que ha provocado ya el cierre de la mitad de las granjas en la última década

Se suma que al conejo lo ven como una mascota en lugar de un alimento
Valencia - Publicado el - Actualizado
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El consumo de carne de conejo en la Comunidad Valenciana se encuentra en caída libre. El sector ha encendido las alarmas ante un descenso sostenido de aproximadamente un 10% al año, una cifra que amenaza la supervivencia de una industria clave para el medio rural. En solo una década, la mitad del sector cunícola ha desaparecido, dejando un rastro de explotaciones cerradas y un futuro incierto.
Las nuevas generaciones no comen conejo como comían sus abuelos"
Presidente de Intercun
Las causas de un declive generacional
El principal motivo de este desplome es un cambio en los hábitos de consumo. Según explica Iván Alcalá, presidente de la organización interprofesional cunícola (Intercun) y responsable en AVA-ASAJA de impulsar la sectorial de cunicultura, "las nuevas generaciones no comen conejo como comían sus abuelos". Los estudios del sector confirman que el consumo es muy débil entre los jóvenes, quienes muestran una clara preferencia por otras carnes como el pollo o el cerdo.
A este factor se suma la creciente percepción cultural, importada de países anglosajones, de ver al conejo como una mascota en lugar de como un alimento. Aunque en España esta visión no está tan arraigada gracias al peso de recetas tradicionales como la paella valenciana o el conejo al ajillo, Alcalá admite que "algo nos habrá influido negativamente".
El impacto socioeconómico en la España rural
El cierre de granjas tiene consecuencias directas en las zonas más vulnerables a la despoblación. La mayoría de las explotaciones cunícolas son granjas familiares, con una importante presencia de empleo femenino, que actúan como un pilar económico en áreas de interior. La Comunidad Valenciana es un claro ejemplo, donde las casi 200 granjas de hace una década se han reducido a apenas 100.
La ganadería nos da la vida en los pueblos, fija población y ayuda a que los colegios no se cierren"
Alcalá subraya el papel fundamental de esta actividad para la cohesión territorial. "La ganadería nos da la vida en los pueblos, fija población y ayuda a que los colegios no se cierren", afirma, destacando que estas empresas familiares son el único motor económico en muchas comarcas rurales.
Un sector atrapado por los costes y la falta de relevo
La crisis se agrava por el desequilibrio económico. Los ganaderos se enfrentan a altos costes de producción, impulsados por el encarecimiento de la energía y las materias primas, mientras que el bajo consumo impide que los precios de venta cubran los gastos, dejando los márgenes de beneficio al límite. "Lo que nos lleva al límite es que no tenemos consumo", lamenta Alcalá.
Para revertir la situación, el sector ha puesto en marcha campañas de comunicación con el apoyo de la Unión Europea. Estas iniciativas se centran en reivindicar el valor nutricional del conejo —una carne magra, rica en proteínas y baja en grasa— y en fomentar la transmisión de recetas tradicionales, animando a los abuelos a enseñar a sus nietos a cocinarla.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.




