Llega la luna llena: costumbres tradicionales vinculadas al cuidado personal y al trabajo del campo

La fase lunar más visible sigue siendo una referencia para organizar tareas agrícolas y hábitos cotidianos heredados de la experiencia popular

Llega la luna llena

Bruno Scramgnon

Llega la luna llena

Caterina Ruiz Ponce

Barcelona - Publicado el

2 min lectura

La luna llena vuelve a hacerse visible en el cielo nocturno y, con ella, se recuperan una serie de costumbres tradicionales relacionadas con la vida diaria y el trabajo en el campo. Más allá de su aspecto astronómico, esta fase ha servido durante siglos como punto de referencia para organizar labores agrícolas y hábitos personales

Uno de los usos más conocidos es el de cortarse el cabello durante la luna llena. La tradición sostiene que en este momento el pelo crece con más fuerza y mejor aspecto. Por esta razón, muchas personas reservaban estos días para cuidar su higiene personal y mantener un aspecto saludable.

En la agricultura, la luna llena ha estado vinculada a la siembra de plantas que crecen hacia arriba, como verduras de hoja o determinadas legumbres. Se consideraba un tiempo adecuado para favorecer el desarrollo visible de los cultivos, siguiendo el ritmo natural de la luz y de las estaciones.

También se tenía en cuenta esta fase para realizar pequeñas podas y para recoger frutos, ya que se observaba que las plantas se encontraban en un momento activo de crecimiento. Estas prácticas nacieron de la observación continua del entorno, sin intención simbólica, como resultado del contacto diario con la tierra.

En el hogar, la luna llena marcaba un momento oportuno para realizar limpiezas generales, ordenar armarios y ventilar las habitaciones. Esta costumbre ayudaba a mantener la casa en buenas condiciones y a preparar el inicio de un nuevo mes lunar con orden y cuidado.

Las noches de luna llena también se aprovechaban para reunirse en familia y observar el cielo, compartiendo conversaciones tranquilas y enseñando a los más pequeños el valor del tiempo y de la naturaleza. La luna se convertía así en un elemento educativo y de convivencia.

Asimismo, se relacionaba esta fase con la moderación en las actividades nocturnas y con la importancia del descanso. La claridad de la luna invitaba a recogerse antes y a mantener hábitos más ordenados, especialmente en zonas rurales.

Aunque hoy la tecnología ha reducido la dependencia de los ciclos naturales, muchas de estas costumbres aún se conservan como parte del patrimonio cultural. La luna llena continúa siendo un símbolo del paso del tiempo y de la regularidad de la creación.

De este modo, la llegada de la luna llena no solo ilumina el cielo, sino que recuerda la importancia de vivir de acuerdo con los ritmos naturales, cuidando el cuerpo, el hogar y el trabajo diario. Estas tradiciones sencillas mantienen viva una relación respetuosa con la naturaleza y con la vida cotidiana.

Herrera en COPE

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