Cataluña tiene el dudoso privilegio de liderar el consumo de comida procesada con la consecuente pérdida de hábitos culinarios tradicionales
El consumo habitual de ultraprocesados está directamente relacionado con un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedades cardiovasculares coronarias, patologías renales e incluso enfermedad de Crohn

Doctor Eduard Mogues, de la Unidad de Obesidad Pediátrica del Hospital Vall d’Hebron
Barcelona - Publicado el - Actualizado
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El consumo de alimentos ultraprocesados se ha triplicado en los últimos 30 años, una tendencia que avanza en paralelo al aumento de la obesidad, especialmente en las etapas infantiles. Un reciente estudio de la prestigiosa revista The Lancet ha vuelto a poner el foco en esta problemática, alertando de que estos productos incrementan el riesgo de múltiples enfermedades. El doctor Eduard Mogues, de la Unidad de Obesidad Pediátrica del Hospital Vall d’Hebron, advierte de la complejidad del problema y asegura que existe una "relación muy, muy clara" entre el cambio de hábitos alimentarios y el deterioro de la salud en la población general.
Pero, ¿qué son exactamente los alimentos ultraprocesados? El doctor Mogues los define como productos industriales manufacturados con un objetivo principalmente económico, lo que explica que a menudo sean más baratos que los productos frescos. "Son característicos por tener harinas refinadas, por tanto, muchos azúcares, grasas poco saludables, mucha sal y aditivos", explica el experto. En definitiva, son productos con un alto aporte calórico pero que "alimentan poco", convirtiéndose en una fuente de calorías vacías.
Un tsunami de enfermedades asociadas
El impacto de una dieta basada en estos productos va más allá del aumento de peso. El consumo habitual de ultraprocesados está directamente relacionado con un mayor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, hipertensión, enfermedades cardiovasculares coronarias, patologías renales e incluso enfermedad de Crohn. Esta avalancha de problemas de salud no solo deteriora la calidad de vida de las personas, sino que también supone una enorme presión para el sistema sanitario. Como señala el doctor, aunque no puede cuantificar los costes, en la práctica clínica diaria se "pueden ilustrar realmente" las devastadoras consecuencias.
El grave impacto en la salud mental infantil
Si bien las consecuencias son graves para toda la población, el impacto en los niños es especialmente preocupante. El doctor Mogues subraya que ya desde la etapa infantil, los menores con obesidad empiezan a sufrir complicaciones. "Vemos problemas en su organismo, problemas asociados a un mal crecimiento, a un mal desarrollo de la pubertad y también, y sobre todo, problemas de la salud emocional y mental", detalla el pediatra. Estos problemas se manifiestan en forma de ansiedad, problemas sociales y acoso escolar.
La ansiedad que vemos en nuestros pacientes es propia de enfermedades muy graves"
La situación ha llegado a un punto crítico, hasta el punto de que los niveles de angustia que presentan los menores son alarmantes. El doctor Mogues comparte un dato revelador de la psicóloga de su unidad: "Las escalas de angustia que medimos en nuestros pacientes en las primeras visitas son propias de enfermedades muy graves". Esta carga emocional se suma a las complicaciones físicas, creando un círculo vicioso que amenaza el bienestar de toda una generación y evidencia la necesidad de "tomar cartas en el problema desde el buen inicio de la vida".
Hacia un cambio de modelo: el espejo del tabaco
Para revertir esta situación, el estudio de The Lancet propone una serie de medidas contundentes que el doctor Mogues apoya. Entre ellas se incluyen impulsar campañas educativas, advertir de los riesgos en las etiquetas, retirar los ultraprocesados de menús de escuelas y hospitales, restringir su publicidad y aplicar más impuestos. El pediatra traza un paralelismo claro con la lucha contra el tabaquismo: "Podríamos hacer un paralelismo con el consumo de tabaco y lo que ha pasado". El objetivo es lograr que la sociedad tenga una "concepción real" del peligro que suponen estos productos.
Este cambio de percepción debe ir acompañado, según el experto, de políticas activas que faciliten el acceso a productos frescos y saludables en todos los ámbitos. "Debemos promocionar y facilitar el acceso a estos alimentos en todas las esferas de la vida, desde los colegios, pasando por los entornos municipales y, por supuesto, los hospitales", afirma Mogues. Se trata de una dirección en la que hay que trabajar con "intensidad, voluntad y potencia" para proteger la salud de los ciudadanos.

Alimentos que representan la dieta mediterránea, imagen de archivo
El doctor Mogues pone especial énfasis en la protección de los más pequeños, a quienes considera "la población más vulnerable". Su vulnerabilidad, explica, se debe a tres factores clave: una predisposición genética a acumular reservas, la falta de control sobre la cesta de la compra familiar y la inmadurez para decidir sobre su estilo de vida. "Son vulnerables porque no son ellos quienes deciden qué entra en su casa habitualmente", sentencia, apuntando a la responsabilidad del entorno adulto. Por ello, insiste en la necesidad de ofrecer "el soporte y la ayuda que necesitan".
La solución, por tanto, no reside únicamente en un cambio de hábitos individuales, como abandonar la comida rápida de máquina expendedora para "volver al pan con chocolate de toda la vida". La lucha contra la epidemia de obesidad y las enfermedades asociadas al consumo de ultraprocesados requiere un compromiso colectivo y político firme. La evidencia científica es clara y las advertencias de los profesionales sanitarios, como el doctor Mogues, resuenan con fuerza: está en juego la salud de las generaciones futuras.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.



