El Espanyol necesita amor propio
Mao y Dávila irán al CTA pero no están a la altura. Ni saben ni quieren alzar la voz. Urge un mensaje contundente

Valencia y Espanyol jugaron un vibrante partido el sábado pasado en Mestalla.
Barcelona - Publicado el
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Dos días después del atraco en Mestalla, el espanyolismo tira de autocontrol y de las derrotas ajenas (Betis, Celta) para mantenerse en pie sin sublevarse... y en quinta posición de la La Liga de los árbitros. Todo el mundo ha visto el empujón a Dolan, el agarrón alevoso de Ramazani a Rubén previo a la jugada del penalti, la sospechosa posición de Sadiq y el ridículo contacto que castiga Hernández Hernández con una pena máxima en el minuto 92 de partido. En menos de 90 segundos, el VAR había liquidado sus dudas, permitiendo a Ramazani marcar y celebrar. Voltereta al Espanyol y al sentido común. ¿Y a partir de ahí, qué...?
Edu Expósito fue sutil en su protesta a pie de obra ("aquí siempre nos pasa algo") y al entrenador se le han acabado ya las ganas de seguir desgastándose ejerciendo una portavocía que no le corresponde. Lleva razón. El resto, silencio. ¿Qué dice la propiedad? Nada. ¿Qué dice el palco? Nada. A este Espanyol de hoy le falta amor propio, alguien de fútbol que levante una voz y que lidere la queja lógica de una afición que se siente indefensa. Es evidente que Alan Pace no será nunca Dani Sánchez Llibre, que hablaba siempre sabiendo perfectamente qué decir, a quién y cómo. Ni se pretende. Ni siquiera estuvo en Valencia. Es otro fútbol. Ya es un negocio, y para ello Pace ha decidido que sus ojos aquí sean Mao Ye y Antonio Dávilacomo cabezas visibles. El primero sigue como consejero delegado y debería haber estado a la altura en Valencia. Pero no es un hombre de fútbol, ni siquiera sabemos si podría haber argumentado una queja convincente. Descartado Mao, comparece el brillante Dávila. Brillante con los números en sus clases magistrales universitarias pero sin ningún, ningún de ninguno (sic), conocimiento futbolístico como para enfrentarse a un micrófono en el post partido. En las previas sí que se presta. Y le gusta, disfruta. Es curioso cómo engancha un micrófono, a cualquiera, a mí, a usted, a un doctor en Economía en Harvard. Lo prueban una vez y ya no lo sueltan. Pero cuando de verdad debes hacerlo, no lo haces, ya sea por miedo, desconocimiento o, sencillamente, por falta de amor propio o sentido de pertenencia. Pues serán Mao y Dávila los que se presenten mañana frente a Comité Técnico de Árbitros para exponer las quejas del día del Girona, a las que deberán añadir las de Mestalla. Fran Soto les va a recibir con indudables buenas palabras, plenamente consciente de que el oprobio de Valencia no solamente perjudicó al Espanyol sino que también fue una mala pasada para los rivales por la salvación de los valencianistas, es decir, casi media Liga.
El Espanyol ya tiene un portavoz, que es el amigo Xavi Andreu, buen compañero, que entró al rescate del departamento cuando la marcha del inigualable Sergio Aguilar dejó un hueco difícil de rellenar. Pero Xavi no está para poner el grito en el cielo en la radio por la noche, ni pararse en la zona mixta para hacer lo que hizo Fran Garagarza la temporada pasada. Aquella sí que fue una queja en tiempo y forma. Pero ahora está convaleciente, fuera de los focos. Y luego están los exjugadores, embajadores les dicen ahora. Joan Capdevila ha desaparecido del mapa sin explicación alguna, más o menos al estilo del himno del 125º aniversario, una pedazo de canción y melodía, que ha dejado de sonar como por arte de magia sin mediar ni razón ni explicación . Tommy N'Kono va y viene sin que tampoco sepamos por qué y Rafa Marañón sigue en el Consejo pero ni puede ni debe desgastarse en barros que ya no le tocan a su edad y siendo él quién es. El Espanyol, insistimos, necesita amor propio, una voz autorizada que en su día fue la de Joan Collet, por ejemplo, o la de cualquier otro que sea del perfil más alejado a los de Mao y Dávila, que serán buenos en lo suyo pero que en el lodazal del arbitraje, que si no dominas bien te manda a Segunda, no se manejan como deben. Y demostrado ha quedado.



