El biogás se expande en Castilla y León entre la polémica por su impacto y la promesa de energía limpia: "Es normal que en una fase inicial haya desconocimiento"

La proliferación de plantas para tratar residuos orgánicos abre un intenso debate entre sus beneficios económicos y energéticos y las críticas ecologistas

Proyecto futuro de una planta de biogás en Cervera
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Nuria Blanco, delegada de operaciones territoriales en Castilla y León de Nedgia

Ramón Morales

Segovia - Publicado el

2 min lectura9:41 min escucha

Castilla y León vive una expansión de las plantas de biogás y biometano. Actualmente, hay cinco instalaciones activas, diez en construcción y otras 30 en tramitación. El objetivo es reutilizar los subproductos de la agricultura y la ganadería para convertirlos en combustibles, generando una energía más limpia que se inyectará a la red de gas para reforzar la autonomía energética. Sin embargo, esta proliferación ha abierto un debate público sobre su impacto.

Las críticas se centran en las posibles consecuencias medioambientales. Diversas plataformas ecologistas han denunciado que el digestato, un subproducto del proceso, podría contaminar acuíferos y suelos. Además, han reclamado que se limite el tamaño de las plantas y se regule su cercanía a los núcleos de población para minimizar las molestias.

¿Qué es y cómo funciona?

Nuria Blanco, delegada de operaciones territoriales de Nedgia (grupo Naturgy), explica que el biometano es una fuente de energía sostenible y limpia que se obtiene de residuos como purines o estiércol. El proceso consiste en la descomposición de la materia orgánica en ausencia de oxígeno dentro de unos tanques llamados biodigestores. Esto genera biogás, que tras un proceso de purificación se convierte en biometano, "un gas equivalente al gas natural de origen fósil", con la diferencia de que su origen es renovable.

Múltiples beneficios para el entorno

Según Blanco, las ventajas van más allá de ser una alternativa energética. Contribuyen a la economía circular al convertir residuos en energía y ayudan a resolver el "trilema energético" surgido tras la guerra de Ucrania, al garantizar seguridad de suministro, descarbonización y precios asequibles. "Preferimos llamar al biometano gas verde porque es una verdadera oportunidad para el país", afirma.

Además, esta tecnología optimiza la gestión de residuos orgánicos, reduce la dependencia energética del exterior y produce fertilizantes orgánicos. Una de sus grandes ventajas es que la red de distribución "ya está preparada para funcionar con un 100% de gas verde" y no requiere cambiar las calderas domésticas. A todo ello se suma la "oportunidad de creación de empleo" en zonas rurales con riesgo de despoblación, como es el caso de Castilla y León.

El origen del rechazo social

Es normal que en una fase inicial de implantación haya desconocimiento y surja rechazo local"

Nuria Blanco 

Delegada de operaciones territoriales de Nedgia

Ante las críticas, Nuria Blanco argumenta que España se encuentra en una fase muy inicial en el desarrollo de esta tecnología, a diferencia de países como Dinamarca, Francia o Alemania. "Es normal que en una fase inicial de implantación haya desconocimiento y surja rechazo local", señala. Considera que es una "tecnología muy probada y que está perfectamente contrastada", que además cuenta con todas las autorizaciones ambientales de la comunidad autónoma.

Blanco confía en que la percepción mejorará: "A medida que se vayan construyendo las plantas y las personas vayan viendo el impacto real que tienen, creemos que el rechazo social se irá reduciendo". Pone como ejemplo a Dinamarca, un país pequeño con 162 plantas que ya cubren el 40% de su demanda de gas, demostrando la madurez y eficacia del modelo.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.

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