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La Catedral de La Laguna rescata el retablo de los Remedios tras una intensa restauración

Se trata del retablo más grande de Canarias, que presentaba un estado de conservación deficiente

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EfeSan Cristóbal de La Laguna

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 20:29

El Obispado de Tenerfe y el Cabildo han presentado este miércoles el resultado de la restauración del retablo de Nuestra Señora de los Remedios de la Catedral de La Laguna, después de meses de trabajo.

El retablo de los Remedios, el mayor de Canaras, ha sido restaurado bajo las ideas básicas de respetar al máximo la obra original y de anteponer la conservación sobre la propia restauración, dado que fue encontrado en un estado bastante grave, mayor de lo que aparentaba, sobre todo por la acción humana.

Así lo ha declarado este miércoles en rueda de prensa la restauradora Candelaria García, acompañada por el presidente del Cabildo de Tenerife, Pedro Martín; el alcalde de La Laguna, Luis Yeray Gutiérrez; y el obispo de la Diócesis Nivariense, Bernardo Álvarez.

El retablo fue creado por el lagunero Antonio Francisco de Orta en 1715, aunque 46 años después finalizó el dorado de la estructura, de estilo rococó y cuya técnica de ejecución fue en madera de cedro para las tallas y de tea para las estructuras, todo tallado, dorado y policromado.

Antes de la intervención del retablo, ha contado Candelaria García, se realizaron estudios físico-químicos y fotográficos con vistas a determinar el estado inicial de la obra, así como mapas de deterioro o fotografías de fluorescencia ultravioleta, que informan sobre los barnices y retintes aplicados a lo largo del tiempo, entre otros medios.

Todas estas aplicaciones determinaron que el estado de conservación del retablo era “bastante grave”, “muchísimo mayor” del que aparentaba exteriormente, y cuya causa principal estriba en la intervención humana a lo largo de toda su historia.

La restauradora, de hecho, ha destacado distintos periodos críticos en la conservación del retablo, como cuando presidía de forma plena la parroquia de los Remedios, las reformas que se produjeron en aquel presbiterio y que achicaron el espacio para el retablo, o la construcción en la actual Catedral de la capilla que obligó a desmontar de nuevo el presbiterio.

Todo ello supuso una serie de transformaciones y debilitamientos de las estructuras, sustituciones de riostras y vigas hechas con maderas de peor calidad que actualmente se encontraban “absolutamente deterioradas” por el ataque de insectos y de la humedad.

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Y también, ha añadido García, las obras de rehabilitación en la Catedral, que duraron 12 años (2002 y 2014), obligaron al retablo a permanecer en unas condiciones ambientales “no adecuadas”, como problemas graves de humedad que ocasionan que las colas que unen las piezas de las tallas se degraden, cristalicen y finalmente las haga caer, provocando asimismo que los clavos originales de forja se oxiden o que los estratos de dorado se disgreguen y terminen por caer.

“Teníamos importantísimas pérdidas de soporte; había piezas realmente grandes, como cornisas, molduras o brazos de ángeles, que ya habían caído; las columnas presentaban pérdidas muy notorias; y muchas de las piezas estaban colocadas de cualquier modo por los bajos del retablo”, ha lamentado García.

Además, encontraron igualmente grietas, retintes de purpurina y pinturas de muy mala calidad, cableado eléctrico inadecuado y, sobre todo, mucha suciedad y muchos escombros.

García ha desgranado detalle tras detalle los tratamientos realizados por un equipo compuesto por un pintor, un ebanista y un escultor, así como un equipo multidisciplinar entre miembros de laboratorio, fotógrafos o historiadores del arte.

Las “maravillosas” tablas flamencas, ha dicho Candelaria García, no se intervinieron porque ya fueron restauradas en 1973 y se mantienen en muy buen estado, aunque se les limpió el polvo y se restauraron los marcos.

Eliminaron todos los elementos no originales del retablo que se encontraban deteriorados, reforzaron la estructura interna durante los primeros meses y anclaron las vigas y riostras, unos trabajos que luego “no se ven”, pero que significan “la salud y la vida” de la propia pieza.

Limpiaron, asimismo, la trasera del retablo, eliminaron los escombros, y aplicaron un tratamiento contra insectos, consolidaron las maderas originales y ensamblaron y reubicaron las piezas caídas en sus lugares originales.

Fijaron y salvaron todo el material posible de los estratos dorados, y luego limpiaron las policromías y barnices deteriorados, y cubrieron toda la obra con una capa de protección, y trabajaron en la hornacina y en su piso, y la parte de atrás del muro recibió trabajos de albañilería.

El alcalde de La Laguna, Luis Yeray Gutiérrez, ha reconocido que el retablo es “motivo de orgullo” para el municipio y para Canarias y una “auténtica maravilla” que invita a la reflexión.

El presidente del Cabildo insular, Pedro Martín, ha reconocido en esa línea que el retablo, más allá de las creencias y de la contemplación de unas figuras y unos contornos, supone un “recreo” para el espíritu y la recuperación de la historia del lugar y de los momentos en que tantas personas compartieron ese espacio.

Y el obispo, Bernardo Álvarez, ha celebrado que los convenios entre la Diócesis y los distintos cabildos en Canarias permitan progresivamente establecer prioridades en las obras a restaurar.

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