¿Cuánto papel se gasta en unas elecciones autonómicas? "La regulación pertenece al mundo analógico cuando ya hemos avanzado a la era digital"
Un experto analiza las ventajas y desventajas del modelo analógico español frente a la digitalización y por qué el coste económico no debe ser el único criterio

Entrevista a Enrique Cebrián, profesor de derecho constitucional en la Universidad de Zaragoza
Jaca - Publicado el - Actualizado
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España presume de tener uno de los sistemas electorales más garantistas del mundo, pero también uno de los más analógicos en plena era digital. Es algo que se está viendo actualmente en la campaña electoral de cara a las elecciones de Aragón del 8 de febrero. Los aragoneses ya están recibiendo en sus domicilios las tarjetas censales y las papeletas que a su vez, también estarán en los colegios electorales el día de la votación.
En un contexto de desafección política y debates sobre la modernización, el profesor titular de derecho constitucional en la Universidad de Zaragoza, Enrique Cebrián, ha analizado el modelo actual analógico y en papel frente a la tendencia de otros países que apuestan cada vez más por la digitalización, incluso para sus elecciones presidenciales.
Un sistema redundante pero garantista
Una de las críticas habituales al sistema es la redundancia de recibir las papeletas en casa cuando también están disponibles en el colegio electoral. Cebrián aclara que este envío forma parte de la propaganda electoral. El objetivo principal, explica, es que los partidos hagan llegar una carta del candidato y los puntos principales de su programa, siendo la papeleta "un poco como el acompañamiento".

Urna electoral
Esta práctica, aunque perteneciente a un "mundo analógico", tiene una clara utilidad democrática. Según el profesor, su objetivo es "cumplir con el derecho de la ciudadanía a estar informada mejor para poder emitir su voto". Además, recuerda que existe la posibilidad de renunciar a recibir esta propaganda, una opción que cada vez más ciudadanos ejercen.
El coste de la democracia: lo que gastamos en papel
El proceso tiene un impacto económico y ambiental indudable, un coste que asumen todos los ciudadanos a través del gasto público. Sin embargo, Cebrián sostiene que los criterios económicos no deben ser la guía principal en estas cuestiones. "Es un gasto evidente, pero es un gasto que está destinado precisamente al cumplimiento de un derecho fundamental por parte de la ciudadanía", afirma.
Es un gasto destinado al cumplimiento de un derecho fundamental por parte de la ciudadanía"
Profesor titular de derecho constitucional en el Universidad de Zaragoza
Desde su punto de vista, aunque se debe trabajar por el ahorro en todo lo que sea posible sin mermar las garantías, este es "un dinero que está bastante bien gastado dados los objetivos que quiere cubrir".
El reto de la digitalización
El debate sobre la digitalización del voto lleva tiempo sobre la mesa, alimentado por una mezcla de "miedo al cambio" y una "resistencia fundamentada", según Cebrián. Menciona ejemplos internacionales como Estonia, que ha implantado un sistema de voto digital completo, o los casos de Francia (para residentes en el exterior) y Brasil (con urnas electrónicas en los colegios), que han dado pasos en esta dirección.
Sin embargo, la fiabilidad es el gran escollo. Pese a que hoy existen sistemas con un nivel de garantías muy alto, el experto señala que "siempre está ahí el riesgo de hackeos" en un proceso tan crítico como la emisión del voto. Por ello, considera que es un balance que debe analizarse con detenimiento antes de dar cualquier paso.
Si el sistema fuera digital, siempre estaría ahí el riesgo de los hackeos"
Profesor titular de derecho constitucional en la Universidad de Zaragoza
Actualmente, la legislación electoral española no contempla el voto a distancia ni el voto electrónico para elecciones generales, autonómicas o municipales. Cebrián apunta que la normativa actual es "muy puntillosa y muy garantista pero pensada para un mundo que sigue existiendo, pero que hoy se complementa e incluso es residual con respecto a un mundo digital", donde realmente se desarrollan las campañas.
Finalmente, el profesor descarta que el sistema electoral en sí mismo incentive o desincentive la participación. Su función principal es la "traducción de los votos en escaños". Sí puede influir, aclara, en las "estrategias de voto" de los ciudadanos, pero no en la decisión de acudir o no a las urnas, que responde a otros factores.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.




