El obispo de Mondoñedo-Ferrol denuncia la "llaga" de la trata: "Hay más de 40 pisos de prostitución en Ferrol"
Monseñor García Cadiñanos alerta sobre la invisibilidad de la esclavitud moderna en la diócesis y señala al consumo de pornografía como uno de los combustibles de esta explotación

Foto de archivo de monseñor Fernando García Cadiñanos
Ferrol - Publicado el
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Con motivo de la Jornada Mundial de Oración y Reflexión contra la Trata de Personas, el obispo de Mondoñedo-Ferrol, monseñor Fernando García Cadiñanos, ha lanzado un mensaje contundente contra lo que define como una "llaga invisible" que afecta directamente a la comunidad local. El prelado ha instado a la sociedad a "abrir los ojos" ante una realidad que, lejos de ser lejana, se traduce en cifras alarmantes dentro de la propia diócesis.
García Cadiñanos ha puesto el foco en la ciudad de Ferrol, citando datos del proyecto de las Oblatas con el que la diócesis colabora activamente. Según el obispo, en la ciudad naval existen actualmente diversos clubes y más de cuarenta pisos donde se dan situaciones de prostitución y explotación.
"Detrás de este negocio se manipula la libertad individual y se aprovecha la vulnerabilidad de personas explotadas por quienes no tienen escrúpulos", afirma el prelado, recordando que la trata no solo es sexual, sino que incluye el trabajo forzado, la mendicidad obligada y el tráfico de órganos.
El papel de la pornografía y el consumo juvenil
Uno de los puntos más críticos de su pastoral señala directamente a los hábitos de consumo actuales. El obispo vincula el auge de la trata con el uso desorbitado de la pornografía, recordando que España se sitúa en el 'top 10' mundial de consumo, con una juventud que lidera las estadísticas.
"¿Es este consumo el combustible que alimenta el motor de la trata? La deshumanización del otro, sin duda, empieza en una pantalla", cuestiona monseñor García Cadiñanos.
Un llamamiento a la acción y al cuidado
Frente a las cifras oficiales que estiman en 90.000 las personas en riesgo de trata en España, el obispo defiende la labor de la Iglesia en el acompañamiento y rescate de las víctimas. Su mensaje concluye con una triple petición a los fieles y ciudadanos:
Concienciación: Romper la indiferencia ante esta "nueva esclavitud".
Oración: Apoyar espiritualmente a quienes sufren esta situación.
Cultura del cuidado: Generar un respeto absoluto a la dignidad de cada ser humano para que la diócesis sea "un espacio de libertad".



