La discriminación múltiple que afecta a la mujer con discapacidad sale a la luz: "No somos ni heroínas, ni víctimas, somos mujeres normales y queremos decidir en nuestra vida lo que queremos"
Expertas denuncian cómo factores como el género, el origen o el entorno rural multiplican las barreras para un colectivo que representa el 60% de la discapacidad en Aragón

Marta Valencia, presidenta de la Fundación Dfa
Huesca - Publicado el - Actualizado
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En Aragón, donde actualmente residen 84.000 personas con algún grado de discapacidad reconocido, la balanza de la desigualdad se inclina de forma desproporcionada hacia un lado: el 60 por ciento de este colectivo son mujeres. Esta realidad ha sido el eje central del segundo encuentro del ciclo 'Dfa, 50 años hacia la inclusión', celebrado este martes en Huesca. Organizado por la Fundación Dfa, el evento ha puesto sobre la mesa la cruda realidad de la discriminación interseccional que afrontan estas mujeres, un fenómeno en el que múltiples factores de exclusión convergen y se multiplican, creando barreras que van mucho más allá de la propia discapacidad.
Una realidad compleja
La presidenta de la Fundación Dfa, Marta Valencia, ha sido clara al señalar que, si bien la desigualdad es una constante, en el caso de la mujer con discapacidad se suman numerosas capas de dificultad. “En el caso de mujer y discapacidad nos encontramos con las dificultades de cualquier otra mujer, pero añadiendo la discapacidad, vivir en el medio rural, origen étnico, orientación sexual”, ha explicado Valencia. Esta acumulación de factores agrava su situación y fomenta una sobreprotección que, lejos de ayudar, limita su autonomía y capacidad de decisión. La presidenta de Dfa ha querido reivindicar la normalidad de sus vidas, declarando que no somos “ni heroínas, ni víctimas, somos mujeres normales y queremos decidir en nuestra vida lo que queremos”.
En el caso de mujer y discapacidad nos encontramos con las dificultades de cualquier otra mujer, pero añadiendo la discapacidad, vivir en el medio rural, origen étnico, orientación sexual...”
Presidenta de la Fundación Dfa
Este concepto ha sido desarrollado por Marta Besós, técnico psicosocial de AMANISER con cuatro años de experiencia trabajando directamente con este colectivo en Huesca. Besós ha definido la discriminación interseccional como la confluencia de varios factores de exclusión en una misma persona. “Cuando hablamos del medio rural, existe lo que llamamos una discriminación interseccional, que es cuando en una misma persona confluyen varios actores de discriminación, ser mujer, tener discapacidad, vivir en el medio rural, ser de otra etnia, de otra raza, migrante y eso hace que estos factores multipliquen con lo cual su realidad es mucho más compleja”, ha detallado la experta. Esta multiplicación de barreras convierte su día a día en un desafío constante y multidimensional.
La brecha en el empleo y la educación
Uno de los ámbitos más afectados por esta discriminación múltiple es el acceso al empleo. Según ha expuesto Marta Besós, la sobreprotección que a menudo ejercen las familias sobre las mujeres con discapacidad se traduce en un menor acceso a la educación, lo que, a su vez, “implica que no se lleguen tanto al empleo”. Esta barrera educativa inicial crea un efecto dominó que limita drásticamente sus oportunidades profesionales y su independencia económica, perpetuando un ciclo de dependencia y exclusión. La falta de formación se convierte así en un obstáculo añadido a los que ya enfrentan por su condición.
Además, no todas las discapacidades son tratadas por igual, existiendo una jerarquía invisible que afecta directamente a la inserción laboral. Besós ha destacado que la percepción social varía enormemente, lo que genera aún más desigualdades dentro del propio colectivo. “No todas las discapacidades se perciben de la misma forma, la física goza de una aceptación social, que no es igual que la intelectual o psíquica, que arrastran mucho más estigma social”, ha afirmado. Esta diferencia de percepción se traduce en mayores o menores oportunidades laborales, dejando en una situación de especial vulnerabilidad a aquellas mujeres con discapacidades menos comprendidas o más estigmatizadas por la sociedad.
No todas las discapacidades se perciben de la misma forma"
Técnico psicosocial de AMANISER
Para reforzar este punto, Aroa Almazán, técnico social de CADIS, ha aportado datos concretos sobre la evolución de la contratación en la última década. Según Almazán, aunque en los últimos diez años se ha observado un aumento en la contratación de personas con discapacidad intelectual, este progreso no se ha reflejado de la misma manera en las personas con discapacidad mental. Esta disparidad confirma la existencia de un estigma persistente que penaliza a ciertos perfiles, dificultando su plena inclusión en el mercado de trabajo y evidenciando que las barreras no son homogéneas.
Hacia un cambio político
El ciclo de conferencias 'Dfa, 50 años hacia la inclusión' no busca solo visibilizar estos problemas, sino también impulsar soluciones tangibles. A través de siete encuentros programados en Zaragoza, Huesca y Teruel, la fundación está recopilando análisis y propuestas concretas. Las conclusiones de este exhaustivo trabajo serán compiladas y enviadas directamente a los partidos políticos. El objetivo final es que estas demandas se incorporen en sus programas y se traduzcan en acciones políticas efectivas que aborden de una vez por todas la discriminación múltiple que sufren las mujeres con discapacidad en Aragón.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.





