opinión

Las paguitas del Sevilla

El club ha logrado normalizar la miseria y la salvación empieza a considerarse como un viaje al Valhalla

BARCELONA, 15/03/2026.- Los jugadores del Sevilla en los minutos previos al partido de LaLiga entre el Barcelona y el Sevilla disputado en el Camp Nou en Barcelona, este domingo. EFE/ Enric Fontcuberta

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BARCELONA, 15/03/2026.- Los jugadores del Sevilla en los minutos previos al partido de LaLiga entre el Barcelona y el Sevilla disputado en el Camp Nou en Barcelona, este domingo. EFE/ Enric Fontcuberta

Víctor Fernández

Sevilla - Publicado el

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Un amigo del alma se confesaba, con cierta rabia, ante lo que él pensaba que era un reparto injusto del dinero público: “¿Es normal que este tipo gane casi 1.200 pavos en ayuditas cuando yo tengo que partirme el lomo durante diez horas?”. Es justo y necesario, si es para ayudar a alguien en situaciones preocupantes —le respondí—. Llevado por la furia, saltó al paso: “No, no. Que dice que él va a trabajar enseguida si le dan ese dinero por no hacer nada”… Mi respuesta le dejó pensando: “Querido, su mayor desgracia es levantarse y no tener mayor actividad que desperdiciar sus horas. Sin propósito vital, esto tiene poco sentido”.

El Gobierno que nos alumbra celebra con júbilo los millones de ayudas que entrega mensualmente. Lo peor es que el pueblo entiende que es un gesto solidario plausible, cuando es una evidente prueba de pobreza. Ay, ay, el pueblo… Pero el mensaje ha calado. Quizá “Torrente, presidente” (vaya genio) sea capaz de limar tanta idiocia. A ese sistema de paguitas ha decidido abonarse el Sevilla FC y parece que con éxito. Los actuales dirigentes han logrado convertir un empate en casa con el Rayo en un rayo de luz. Han hecho ver que un traspaso a bajo precio es un regalo divino; que convencer a los jugadores para que se bajen el sueldo es una obra de ingeniería. Han logrado que el sevillista se sienta en el Valhalla cuando toca el decimoquinto puesto. Convencieron a todos de que caer eliminados de la Copa era bueno para no despistarse. Vendieron a Orta como un encantador de serpientes y a Cordón como un fabricante de felicidad. Con esa inercia, la renovación de Gujelj ya es una decisión necesaria y a Akor Adams empiezan a buscarle perfiles similares a Luis Fabiano. Incluso se atrevieron a regalarle la capitanía a Saúl, con el permiso del respetable. Con la excusa del miedo a la Segunda División, la presión insoportable y la crítica feroz se ha esfumado. Desprender miseria y una triste realidad se normalizó hace ya mucho. Aquellos tiempos en los que “cada derrota encendía una crisis” (la autoría es del señor Benavente en época de gloria) se esfumaron por la alcantarilla junto con la grandeza. El miedo a perder lo poco que a uno le queda te hunde en las sombras más oscuras de la mediocridad.

El aficionado empieza a conformarse con la paguita: un gesto solidario, misericordioso y obligado cuando cubre necesidades reales, pero mediocre y execrable si esconde incapacidad, vagancia y escasa ambición. Disfruten de la final ante el Valencia. Total, la paguita de la permanencia ya lo cubre todo.

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