Piden perdón a las mujeres por 40 años de falsas advertencias sobre la terapia de reemplazo hormonal: "Tiempo perdido"

La menopausia es un punto de inflexión para la salud cardiovascular y la ciencia rectifica ahora su postura sobre los tratamientos para paliar sus efectos

Mónica García

Málaga - Publicado el

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Durante décadas, la menopausia se ha asociado principalmente a los sofocos, el insomnio o los cambios de humor. Sin embargo, la ciencia ha demostrado que esta etapa es, en realidad, un punto de inflexión crítico para la salud futura de la mujer, especialmente en lo que respecta al corazón y al riesgo cardiovascular. Según explica en COPE el doctor Francisco Martínez Peñalver, médico experto en longevidad, la menopausia no debe verse como el final de una etapa, sino como “una ventana de oportunidad para aprender a envejecer mejor”.

El corazón, en jaque tras la menopausia

El cuerpo de una mujer, explica el doctor, está diseñado para ser más resistente que el del hombre, pero la llegada de la menopausia cambia radicalmente este escenario. “En menores de 50 años, de cada 100 infartos, 98 son hombres y 2 son mujeres. A los 65 años, la cifra se iguala: 50% hombres y 50% mujeres”, detalla Martínez Peñalver. Este drástico aumento del riesgo cardiovascular en la mujer se debe a la caída de los estrógenos.

Esta hormona no solo es clave en la vida fértil, sino que también proporciona elasticidad y salud a los vasos arteriales, protegiéndolos de la acumulación de grasa o de la creación de placas de aterosclerosis. “Mientras la mujer tiene estrógeno, su sistema cardiovascular está limpio como una patena”, afirma el experto. La naturaleza, al retirar esta protección hormonal, provoca la que es, probablemente, “la caída más grande en cuanto a calidad de salud de una mujer”.

Señales silentes, un peligro oculto

Uno de los mayores peligros de esta nueva etapa es que muchas de las señales de alerta son silenciosas. El perfil del colesterol empeora y, sobre todo, aparece un enemigo invisible: la hipertensión. “Todas las mujeres por sistema dicen: ‘No, yo siempre he tenido la tensión baja’. Y eso es así gracias a los estrógenos”, advierte el doctor en los micrófonos de COPE MÁS Málaga. Cuando esta hormona desaparece, las arterias se vuelven más rígidas y la tensión arterial tiende a subir.

Como la mujer viene de un historial de tensión baja, no suele preocuparse por medirla, lo que puede derivar en una hipertensión silenciosa que causa daños durante años. “Se presentan en urgencias con 63 años y la tensión en 20, 12, con todo el daño que esa hipertensión silenciosa les ha causado en un periplo de 10 años”, lamenta Martínez Peñalver. Muchas de estas señales pasan desapercibidas hasta que es demasiado tarde.

Para la mujer pasan desapercibidas hasta que viene el evento cardiovascular, hasta que viene el infarto o el ictus"

Un cambio de paradigma: la terapia hormonal

A pesar del miedo que todavía genera, la terapia de reemplazo hormonal se presenta como la gran solución. Hace apenas dos meses, la FDA, el organismo que regula los medicamentos en Estados Unidos, pidió disculpas públicamente a todas las mujeres del mundo. “Llevan 40 años hablando de lo malísimas que son las hormonas, y pasaron de decir que eran malas a decir que eran buenas en la misma conferencia”, revela el doctor.

Llevan 40 años hablando de lo malísimas que son las hormonas, y pasaron de decir que eran malas a decir que eran buenas en la misma conferencia"

Esta noticia, que según el doctor Martínez Peñalver debería haber ocupado portadas por su impacto en la salud de millones de mujeres, pasó casi de puntillas. Durante cuatro décadas, a los médicos se les ha enseñado que las hormonas eran peligrosas. Ahora, ese paradigma ha cambiado por completo, y las principales guías, como la de la Asociación Norteamericana de la Menopausia, recomiendan la terapia hormonal para todas las mujeres.

No obstante, el doctor subraya que el tratamiento debe ser siempre individualizado y supervisado por un profesional formado, ya que “cada mujer menopáusica es un mundo”. El reto, concluye, es que la comunidad médica se forme para aplicar estas terapias de manera correcta, garantizando que los riesgos sean mínimos y los beneficios para la salud de la mujer, “casi infinitos”.

Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.