OPINIÓN

Ad Libitum con Javier Pereda. Hoy: Transexualidad

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Redacción COPE Jaén

Jaén - Publicado el - Actualizado

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El Gobierno está estudiando el borrador de la “ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans”, redactado por el Ministerio de Igualdad. La legislación autonómica en esta materia se extiende a todas las Comunidades, salvo en cinco. Lo más llamativo de esta propuesta legislativa consiste en que cualquier persona puede solicitar el cambio de sexo en el registro civil, sin necesidad de un informe o tratamiento médico. Todo ello, desde la madura edad de los 16 años, en plena agitación hormonal del adolescente; incluso desde los 12 años con el consentimiento de los padres, pero si estos se oponen les representará un intermediario.

En 1973 John Money acuñó el término “disforia de género”, para definir la situación de angustia en las personas cuya identidad de género difiere del sexo asignado al nacer. Por lo tanto, ya se califique como trastorno de identidad (DSM IV) o deje de asignarse como una patología (OMS), se trata de un estado de la psique de las personas que les hace sufrir, y que merece el respeto de la sociedad. El índice de personas que padecen esta situación, que afecta a la salud psicosexual, apenas supone un 0,015%. Sin embargo, se ha desplegado un movimiento cultural —la ideología “woke” (despertar), exportada de las universidades estadounidenses— que transciende las soluciones médicas y sociales a la disforia de género, para implantar una apología totalitaria de la transexualidad, especialmente entre los menores. Cuando los presuntos defensores de las personas con estas condiciones de salud sexual, en vez de ayudarles a solucionar sus aflicciones, se dedican a promover el “transgenerismo”, destapan sus intereses bastardos.

La Asociación “Chrysallis Euskal Herria” lanzó en 2017 la campaña: “Hay niñas con pene y niños con vulva”. Esta defensa vehemente de la transexualidad —término acuñado por Harry Benjamin en 1953— fue contestada por otra asociación que rótulo en los autobuses: “Los niños tienen pene y las niñas tienen vulva. Que no te engañen”. La histérica promoción legal y cultural de la transexualidad, demuestra que a esta doctrina le importa bien poco las tormentosas dificultades de estas personas concretas, anteponiendo sus intereses ideológicos. En nombre de una desaforada libertad (“autodeterminación de género”) pretenden adoctrinar a los adolescentes con inestabilidad afectiva sexual, para ofrecerles la panacea de agresivos tratamientos quirúrgicos y hormonales, cuando según la OMS se superan en la pubertad en un 75%-95%. El fanatismo de estos arriesgados experimentos ideológicos, aprovechando la disforia de género, preconizan al “hombre nuevo” del paraíso comunista, hasta erigirse poco menos que en hacedores de la naturaleza. Este engendro legislativo transgrede los principios del Derecho natural y atenta contra los menores, al inducir a destrozarles de forma irreversible la vida; pero estos totalitarios suplantan a los padres, porque entienden que los hijos no les pertenecen.

En esta ideología corrosiva subyace una cosificación antropológica de la persona (post-estructuralista, que diría Judith Butler), al banalizar la sexualidad, que es un aspecto esencial de la misma. Qué duda cabe que este contagio cultural está haciendo mella en la sociedad y se llevará por delante a muchas personas: el 10% de los “millennials” y Generación Z se identifican con esta nueva religión del “tercer género” o “género fluido”. Por lo tanto, no se trata de unas propuestas inocuas, sino que persiguen unos determinados fines: cambiar los valores occidentales sobre la sexualidad y la familia. Así, llegamos a situaciones rayanas al esperpento en las que una mujer que reasigna su sexo puede convertirse en un hombre embarazado.

En el ámbito deportivo, el transexual neozelandés, Laurel Hubbard, se ha convertido en la campeona indiscutible de Oceanía. Ya se ha advertido que los agresores de la violencia de género pudieran hacer uso de su transexualidad para eludir las penas agravadas. El británico Stephen Wood se declaró transgénero, ingresó en una prisión de mujeres y allí volvió a violar a tres más. Para fomentar la visibilidad “trans” se reservan plazas para la contratación de estas personas. En una sociedad relativista muy pocos tienen la valentía de enfrentarse a esta obstinada intransigencia, al quedar señalados ante la corrección política. El profesor Jordan Peterson fue expulsado de la Universidad por resistirse a utilizar la terminología de la “gente no binaria”. Todo ello, a costa de empeorar la desesperación de estas personas, porque, siguiendo el dicho: “Dios perdona siempre, los hombres a veces, pero la naturaleza nunca”.

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