OPINIÓN

Las Divinas Palabras de Ernesto Medina. Hoy: Final de trimestre

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Redacción COPE Jaén

Jaén - Publicado el - Actualizado

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El último día de clase. A estas horas el vestíbulo de mi Instituto olería al chocolate que preparan los conserjes, Rafa y Cristóbal. Estarían a punto de llegar los ochíos recién hechos, ¡y tan ricos!, de la panadería de José Luis Planet. Incluso los estudiantes que se han marcado una nona las primeras horas se acercarían al desayuno. Acudirían también antiguos profesores y los exalumnos que ya son universitarios o están trabajando.

Algún aguafiestas vendría con la noticia de que al número que jugamos todos los profesores este año tampoco le ha tocado nada. Quienes pensaren asistir a la comida de Navidad -yo no, que soy desde hace tiempo objetor de conciencia y de facto en estos encuentros sociales- se acicalarían en los huecos que les deja el horario de clase.

Nada de lo que antecede sucederá este año. No parece que sea invierno ni Navidad. Hasta las hojas de los árboles han tardado en caer. La alfombra ocre y crujiente que antaño cubría los patios en noviembre se ha vuelto decembrina.

Los boletines de notas se han enviado por correo electrónico sin que se hayan formado colas de padres para hablar con el tutor. No hemos escuchado a ningún padre al saber el número de suspensos de su pimpollo, “éste se va a enterar. Cuando se tire todas las vacaciones en el tajo de la aceituna veremos a ver si se pone o no a estudiar”. Luego a lo mejor se queda en nada por haberse tratado de un simple desahogo. Quede constancia, no obstante, de que efectiva es la medida, como atestiguan en carne propia algunos varones y mujeres de pro que llevaban muy mal camino.

Es tan raro todo. No es que yo lamente que los fastos navideños pasen desapercibidos. Eso que nos llevamos en el cuerpo. Pero. ¿de qué manera abjura uno de la Navidad si prácticamente no hay Navidad? Lo que no disculpo es que me dejen sin Reyes Magos. Pretenden hacer por las ciudades de España “cabalgatas estáticas”. Habrase visto semejante dislate. Una cabalgata es un “desfile”, así pontifica el Diccionario de la Academia, lo cual implica movimiento. Para estas tonterías, mejor nos quedamos quietos. Un año que empieza sin Concierto de la Filarmónica de Viena, sin saltos de esquí y sin Reyes Magos apedreando al personal con los caramelos es un año perdido. ¡Qué desastre! Griten conmigo, dilectos oyentes, que ya les digo yo que algo consuela, “¡me cago en la puta madre que parió al jodido bicho”.

Palabras, divinas palabras.

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