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"Y la luz se hizo"

por Pedro Rodríguez

Pedro Rodríguez González

Pedro Rodríguez González

Periodista

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 10:46

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Una semana después de mi operación de cataratas vuelvo a asomarme a esta ventana con más vista y sin gafas (imagen ilustrativa).

Hace quince años me diagnosticaron una pérdida de transparencias en ambos cristalinos de las ojos, y me ofrecieron dos posibilidades: una, operarme; otra, revisar la vista hasta que esta aguantara bien y en el futuro acudir a la cirugía.

Mis ocupaciones de alcalde, me hicieron elegir la segunda. Y el futuro de entonces lo vivo hoy, gracias al doctor, Cristóbal Alaudell.

El brillante cirujano me revisó el deterioro de mi vista, y me recomendó que no debía esperar más.

Me propuso operarme, con una técnica nueva, los dos ojos a la vez y prescindir de las gafas que me han acompañado toda la vida.

El día de mi primer comunión, en el Colegio de los Maristas, era el único del grupo que llevaba iba con gafas.

El persuasivo Doctor Alaudell me convenció plenamente, planificó la intervención y en una semana me tenia en el quirófano entregado a sus habilidosas manos.

El anestesista era muy amable y, mientras me hablaba, me quedé relajado escuchando al equipo de médicos como se disponían a iniciar la intervención.

¡Pedro, comenzamos! - me anunció- Lo escuché como si fuera un eco, consciente de que era la hora de la verdad. ¡Suerte., maestro!. Le deseé en mi interior. Su éxito era también el mío.

A la hora y cuarto, la operación había terminado. El ambiente destilaba alegría. “Pedro, puedes inclinarte de la camilla, Mira, ¿cuántos dedos hay aquí?” -el doctor me mostraba su mano-. También me enseñaba la dirección de una carta con letras muy pequeñas, que pude leer correctamente. “¡Muy bien!. ¡Objetivo cumplido!”. Exclamó con satisfacción.


HIJO DE LA LUZ Y DEL COLOR

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Abrieron las puertas del quirófano. Una potente luz blanca y brillante inundaba la sala y mis ojos no habían perdido la expresión ni la frescura.

Después de más de una hora de oscuridad, con los ojos cerrados, se hizo la luz y mi primer recuerdo es la luminosidad y el color.

Alguien ha escrito, y no le falta razón, que “el verdadero amor es una palabra de luz, escrita por una mano de luz, sobre una pagina de luz”.

El BD de hoy lo he escrito con amor y mucha luz. No en vano, mi vida ha sido una gran aventura hacia la luz.

Además de la luz, el color también es vida. Y he descubierto que he estado viendo, en parte, un mundo sin color, apagado.

Amigos y amigas de esta “familia digital”. Gracias por vuestras palabras de afectos y cariño. Os he sentido muy dentro de mi. Para algo son diez años los que “vivimos” juntos.

Toda las mañanas me asomo al mundo por esta luminosa página con intención de impregnarla de colores…

La operación de cataratas me ha aportado más visión y me han capturado la luz y el color.

Los tras somos ya una misma cosa. Me considero un hijo de la luz y del color. ¡BUENOS DÍAS!


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