«DEJA TUS REDES Y SÍGUEME» Día del Seminario 2026
Carta pastoral del obispo de Guadix con motivo del día del Seminario

Monseñor Franciso Jesús Orozco, obispo de Guadix
Guadix - Publicado el
5 min lectura
La campaña del Seminario es un momento de gracia para renovar nuestra fe en la acción del Espíritu Santo, que continúa suscitando vocaciones al ministerio ordenado en medio de su pueblo. El lema, “Deja tus redes y sígueme”, nos recuerda que el Señor sigue pasando por nuestras vidas, por nuestras parroquias y comunidades, por nuestras familias, por los grupos de catequesis y entre los jóvenes. Sigue llamándonos al corazón por nuestro nombre, invitándonos a dejar las redes, nuestras seguridades y comodidades personales, para abrazar una vida entregada al servicio del Reino. Esta llamada es actual, concreta y exigente.
La primera y más importante tarea vocacional es la oración. La pastoral vocacional comienza de rodillas. La vocación sacerdotal es un don que nace del corazón de Dios; y es acogida, sostenida y fecundada en un clima de oración perseverante y confiada. Allí donde una comunidad ora, el terreno se vuelve fértil. Allí donde se suplica con fe, el Señor concede el don de nuevas vocaciones. La oración educa el corazón de la Iglesia para reconocer la voz del Buen Pastor y preparar el camino a quienes están llamados a configurarse con Él. Jesús mismo nos lo recordó con claridad: «Rogad al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies» (Mt 9,38). Invito a todas las parroquias, comunidades religiosas, movimientos y asociaciones a intensificar la oración por las vocaciones sacerdotales y por nuestro Seminario, acompañando a quienes escucharán o han escuchado su voz. Que no falte en nuestras Eucaristías una intención explícita por quienes el Señor llama. Que se promuevan momentos de adoración eucarística, rosarios, vigilias vocacionales y espacios de silencio ante el Señor.
El lema «Deja tu red y sígueme» nos recuerda que la llamada de Jesús es personal, pero se sirve de mediaciones humanas. Alguien anuncia, alguien propone, alguien acompaña. La promoción vocacional no puede reducirse al Seminario ni a un momento puntual del año. Es una dimensión esencial de la vida eclesial y diocesana.
El lema de este año interpela de manera especial a los jóvenes que puedan sentir la llamada del Señor. “Dejar las redes” significa revisar nuestras prioridades, renovar nuestra disponibilidad y fortalecer nuestra confianza en Dios. A los jóvenes os digo que no tengáis miedo de escuchar la voz de Cristo. Si Él llama, da también la gracia para responder. Seguirle es el camino de la verdadera libertad, de la alegría y felicidad plena.
Queridos sacerdotes, vuestra fidelidad diaria en la celebración de la Eucaristía, vuestra oración silenciosa ante el Sagrario y el testimonio de vida entregada son ya una siembra vocacional. Cuando un joven contempla a un sacerdote que ora, que celebra con recogimiento y que vive con coherencia, descubre que el sacerdocio no es simplemente una función, sino una forma de vida feliz profundamente unida a Cristo. Cuidemos la predicación que puede suscitar inquietudes profundas. Del mismo modo, la catequesis, los encuentros con jóvenes, la dirección espiritual y las actividades pastorales son ocasiones privilegiadas para sembrar la semilla vocacional. Os agradezco, queridos sacerdotes, la acogida que brindáis a los seminaristas y al rector del Seminario cuando
visitan vuestras parroquias. Son momentos de encuentro que fortalecen la comunión diocesana y permiten que los fieles conozcan de cerca la realidad del Seminario. Este proceso requiere el compromiso de la Diócesis. Cuando un seminarista realiza experiencias pastorales en una parroquia, necesita encontrar comunidades acogedoras, sacerdotes disponibles y fieles que comprendan la importancia de su camino formativo. El acompañamiento no es solo tarea de los formadores del Seminario; es responsabilidad de todo el presbiterio y de toda la Iglesia particular. Es importante que en nuestras parroquias existan grupos de monaguillos, espacios de servicio en la liturgia y propuestas formativas que ayuden a los adolescentes y jóvenes a descubrir la centralidad de la Eucaristía y el sentido del ministerio ordenado. Allí donde se ama la liturgia y se cuida la celebración, donde se vive la caridad, el Señor encuentra terreno propicio para llamar.
A las familias cristianas les pido que acompañen con fe y apertura la posible vocación de sus hijos. El sacerdocio no empobrece a la familia; la enriquece espiritualmente y la convierte en instrumento de bendición para muchos. Asimismo, a los profesores católicos los animo en esta tarea. Promover las vocaciones significa hablar con esperanza del sacerdocio, mostrar su belleza, dar testimonio de su fecundidad apostólica y ofrecer a los jóvenes experiencias significativas de fe y servicio.
Demos gracias por nuestro Seminario de San Torcuato, por el seminario en familia, por el rector y el equipo formativo, por el equipo diocesano de pastoral vocacional, por nuestros seminaristas. El Seminario es el ámbito propio donde la Iglesia acoge y forma a quienes sienten la llamada al sacerdocio. Allí se cuida su crecimiento humano, espiritual, intelectual, comunitario y pastoral. Esta formación integral es esencial para tener sacerdotes santos y bien preparados.
Junto a la oración y al compromiso pastoral, es necesaria también la colaboración económica para sostener y colaborar en la formación integral de los seminaristas, que implica recursos materiales: mantenimiento de las instalaciones, formación académica, acompañamiento espiritual, atención pastoral y tantas otras necesidades cotidianas. Nuestra Diócesis realiza un esfuerzo considerable para garantizar una formación de calidad, pero necesita la colaboración generosa de todos.
Invito a promover con responsabilidad la colecta de la Campaña del Seminario, explicando a los fieles el sentido y la importancia de su aportación. Cada ayuda económica, por pequeña que sea, es una participación concreta en la misión de formar a los futuros sacerdotes. Sostener el Seminario es invertir en el futuro espiritual de nuestra Iglesia diocesana. Es contribuir a que mañana haya sacerdotes que celebren la Eucaristía, anuncien la Palabra, acompañen a las familias, consuelen a los enfermos y guíen a nuestras comunidades con fidelidad y entrega.
Que esta Campaña del Seminario 2026 renueve en toda nuestra Diócesis y en todos nosotros, el compromiso por la oración, la promoción vocacional, el acompañamiento cercano y la colaboración generosa. El Señor sigue llamando. Nuestra tarea es preparar el terreno, sostener la respuesta y confiar en que su gracia no falta nunca. Ponemos estos deseos en manos de San José, patrón de los seminaristas, custodio y primer formador de Jesús. A la Virgen María, Madre de las vocaciones, le pedimos que no nos falten sacerdotes. Y a San Torcuato, patrón de la Diócesis, le pedimos la respuesta generosa de nuestros jóvenes.
Con mi afecto y bendición.
+Francisco Jesús Orozco Mengíbar
Obispo de Guadix



