Pablo, superviviente del accidente ferroviario de Adamuz: "Creo que mi padre me dijo que este no era mi momento"
Un joven de 30 años que viajaba para honrar a su padre en el 20 aniversario de su muerte relata los segundos eternos del accidente y cómo afronta el trauma

Pablo Jiménez nos cuenta los eternos minutos del accidente
Córdoba - Publicado el - Actualizado
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El viaje de Pablo Jiménez, un joven de 30 años de Puente Genil, tenía un doble significado: acudir a una misa en Málaga por el 20 aniversario de la muerte de su padre y ver a su novia. Sin embargo, el trayecto se convirtió en una pesadilla cuando el vagón en el que viajaba volcó. A pesar de sobrevivir al grave accidente ferroviario, asegura que ya nada es igual y que, tres días después, sufre dolores físicos y secuelas mentales.
Segundos que se hicieron una vida
Pablo viajaba en el vagón 7 y recuerda perfectamente cómo empezó todo. “El vagón pegó un salto muy grande, y luego empezó como a pegar, salto uno tras otro”, explica. De repente, el tren medio volcó y comenzó a deslizarse a gran velocidad. En medio del caos, “veía como la gente salía volando y muchos gritos”. El tiempo pareció detenerse en una secuencia que duró entre 5 y 15 segundos.
En unos segundos se pasó toda una vida
Superviviente del accidente
Fueron instantes de pura angustia en los que se pierde “el espacio temporal”. Según su relato, “en unos segundos se pasó toda una vida, parecía que no terminaba”. Mientras el vagón se deslizaba, Pablo se aferraba al asiento de delante sin saber qué iba a pasar. En ese momento de pánico, en lugar de pensar, su reacción fue rezar. “Yo estaba rezando un padrenuestro, eso te lo puedes creer o no, yo no estaba pensando en nada”, confiesa.

Pablo Jiménez
La huida y la llamada que lo cambió todo
Una vez que el tren se detuvo, la oscuridad y una gran polvareda lo invadían todo. Junto a otro pasajero, y tras varios intentos, rompieron una de las ventanillas a patadas para poder salir. A pesar del shock, lo primero que hicieron fue ayudar a sacar a más gente del vagón. “Empezamos a sacar gente un buen rato, ayudarles, que es lo normal”, afirma.
El momento en que fue consciente de que estaba a salvo llegó con una llamada. Sin su móvil, usó su reloj para contactar a su hermano. “Mi hermano me lo cogió, pero yo no podía ni hablar, yo ya empecé a llorar. Entonces, ahí es cuando me di cuenta cuando mi hermano me lo cogió, que yo ya estaba bien, y ya me vino la bajona”.
Las secuelas: “Mentalmente estoy peor”
Aunque ha sobrevivido, las secuelas emocionales son profundas. “Mentalmente peor todavía”, admite. Por las noches, cuando está solo, no puede parar de temblar y llorar al revivir lo sucedido. Siente una inmensa alegría por poder contarlo, sobre todo porque su familia no sabía que él iba en ese tren, y cree que hubo una intervención divina. “Gracias a dios, yo creo que también que fue mi padre, que me dijo, ‘este no es tu momento’, y a día de hoy, pues, pude estar con ellos”.
En ese momento me puse a rezar un Padre Nuestro"
Superviviente del accidente
El apoyo de su familia y su novia está siendo fundamental para afrontar el trauma. “Si no estuvieran ellos, yo creo que me suicidaría”, llega a afirmar. La experiencia ha cambiado por completo su percepción de la seguridad en el transporte. Residente en Madrid, donde utiliza el metro a diario, ahora se enfrenta al miedo. “Tengo que buscar una solución de cómo moverme”. Sobre volver a subirse a un tren, es tajante: “En un tren no me atrevo. Ni de coña, vamos. Prefiero pegarme la paliza en un autobús”.
Este contenido ha sido creado por el equipo editorial con la asistencia de herramientas de IA.




