
Stephen Curry
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Se ha puesto complicado hablar de deporte puro y duro ¿verdad? aquí en España nos hemos acostumbrado a la imagen simbólica en forma de bandera del independentismo catalán o pancartas en los campos de Catalunya, una bandera que mucha gente abraza como cool sin llegar a profundizar sobre lo que significaría un camino en solitario de Catalunya. Pero ese es otro debate, hemos visto el último fin de semana comunicados de diferentes clubes y entidades deportivas en Catalunya, y también el supuesto conflicto con el Lleida.
La polarización de la sociedad está llegando a términos impensables hace unos años, y el deporte reacciona como puede. Entre los captados de unas ideas y otras se habla en términos extremos como en el fútbol. El lenguaje forofo del deporte rey se ha instalado en esta política que se maneja a golpe de octavilla y de tuit.
Los hay felices por ver el independentismo en sus estadios pero no toleran que una figura mundial como Rafael Nadal exprese una opinión respetuosa y contraria a esa separación, más bien diríamos una idea conciliadora. De igual forma, los hay que aplauden que Rafa se moje por una Catalunya dentro de España porque está en su misma línea ideológica,pero no consienten que otros deportistas como Guardiola apoyen el derecho a decidir. Los hay que en ataque de adrenalina dan gas a sus palabras como si fuera el manillar de la moto, como Aleix Espargaró, que ha dicho una barbaridad gigante con la misma facilidad con la que comenta qué tal le ha ido sobre la moto, comparando la situación actual en Catalunya con los tiempos de la guerra civil.
Y así podríamos seguir, añadiendo oportunistas como la ex seleccionadora española de sincro Anna Tarrés, quien proclama abiertamente la necesidad de la independencia ahora que no percibe nómina alguna como seleccionadora española.
El deporte no es ajeno a la sociedad, claro, muestra las tensiones coyunturales de cada momento, pero prefiero quedarme con el intento del deporte por ayudar a construir una sociedad mejor, más que por la divulgadora de ideas políticas. Es elogiable que denuncie situaciones de injusticia social, que haga nuestro mundo algo mejor, que sea sensible a las comunidades de desfavorecidos, o a los que sufren enfermedades. El deporte como mensaje de paz, de convivencia, el deporte como mensaje de integración, o de igualdad de sexo o racial. Un deporte solidario que lleve un mensaje para hacer mejor nuestra sociedad.
Tomar partido político en una sociedad democrática, en mitad de un conflicto tan polarizado, en un claro clima de tensión social que hay que apaciguar y no inflamar, parece una irresponsabilidad. La posición del Espanyol la semana pasada pareció más responsable, respetuosa con todos los aficionados que pueden pensar de forma diferente, aficionados de muy diferentes ideas políticas en su masa social. Ojo, como en el resto, porque una cosa es lo que el Barcelona institucionalmente quiere transmitir y otra cosa es su masa social. Basta darse una vuelta por la grada del Camp Nou, o revisar la cantidad de aficionados del Barcelona que hay en el resto de España y del mundo. El Espanyol ha sido más sensible con esa heterogeneidad social, y ha pedido convivencia y diálogo para superar este momento que rompe antes Catalunya que España.
El deporte ha sido y es escenario de protesta contra la desigualdad, especialmente la racial en el caso de EEUU. Desde los primeros gestos de protesta en los años 60 hasta hoy. Nadie pensó tal vez que en nuestros días este asunto estaría tan vigente. Pero existe el racismo, y la primera presidencia de un afroamericano ha dado paso justo a un presidente en las antípodas que ha ayudado a que emerjan viejos fantasmas. Desde la llegada de Trump el conflicto racial en EEUU ha revivido de forma preocupante. Y como no podía ser de otra manera ha llegado al deporte. Hoy en día no es asumible por las generaciones de estrellas del deporte afroamericanos, y también blancos que les secundan, mirar hacia otro lado mientras un presidente abiertamente racista les señala.
Ya saben que esto empezó con la protesta del jugador de fútbol americano Kaepernick el año pasado, arrodillándose en el himno estadounidense protestando contra la desigualdad y la violencia racial, e imitado estos días por muchos de los jugadores de los equipos de fútbol americano. Trump les ha insultado claro. Pero secundando la idea que mantienen algunos expertos de que a Trump no le echarán los conflictos exteriores sino su propio país, el faltón presidente del flequillo ha tenido la contestación más contundente desde la NBA.
Palabras como las pronunciadas por Stephen Curry, Kevin Durant, Lebron James, Kobe Bryant etc dignifican la figura de la estrella del deporte profesional. La naturalidad con la que la estrella de los Warriors, Stephen Curry, decía que no quería ir a la Casa Blanca para ser recibido por Donald Trump, pone la piel de gallina. "No me apetece, así de sencillo (...) por lo que dice (Trump), y también por lo que no dice" en referencia a los graves disturbios raciales protagonizados por los supremacistas blancos y el resucitado KKK. Trump la cazó al vuelo y antes de que los Warriors decidieran unánimemente no acudir a la tradicional recepción del presidente a los campeones de la NBA, el propio mandatario retiraba la invitación.
Los Warriors contestaron que emplearán su visita a Washington para hacer labores sociales en la capital federal.
La bestia, es decir Lebron James, apareció horas después dejándole claro a Trump que para él siempre fue un honor ir a la Casa Blanca a ofrecer el título de campeón al presidente, hasta que llegó Trump. De hecho, Lebron fue uno de los primeros en mostrar sus dudas sobre una visita al presidente en caso de conseguir el anillo, fue pocos días después de resultar elegido. Por mucho que Trump pida que echen a los jugadores que se arrodillan durante el himno como señal de protesta, tiene difícil apagar las voces no ya de ciudadanos anónimos a los que le resultará más fácil expresar, en el caso de estos jugadores de la NBA estamos hablando de estrellas con millones de seguidores, en EEUU y en todo el mundo. Su altavoz no debería ser despreciado, pero eso es mucho pedir a un multimillonario machista y racista metido a presidente.
Trump es un accidente de esos que la historia nos guarda porque refleja una frustración latente de partes significativas de la sociedad. Si los cambios suelen ser buenos, obviamente todos esperamos que llegue antes el resultado positivo, antes de que este mandato siga haciendo daño a su país y a todo el mundo.



