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EN 'LA LINTERNA'

Miguel Maura, la búsqueda de una "República integradora" desde la derecha

Marta Ruiz, Javier Redondo habla en 'La Linterna' sobre Miguel Maura con Antonio Cañellas, autor de ‘Miguel maura. La derecha republicana’.

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 Miguel Maura, fundador del Partido Republicano Conservador

COPE.es

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 23:27

Miguel Maura es protagonista de un periodo trascendental en la Historia de España: la proclamación de la Segunda República. Javier Redondo comenta las ideas y principales acciones de esta figura política de mediados del siglo pasado de la que no había una biografía como tal. Lo hace acompañado del historiador Antonio Cañellas, que acaba de publicar ‘Miguel maura. La derecha republicana’, una biografía sobre este hijo de Antonio Maura, otro histórico líder político de nuestro país.

Miguel Maura (1887 – 1971)

El séptimo de los diez hijos de Antonio Maura, histórico líder conservador durante la época del turnismo. Miguel Maura entró en política en 1913 durante la escisión del partido conservador por la que surgió el movimiento maurista. Así, salvo en la forma del estado, toda su ideología política está inspirada en el padre.

Partidario constante de la revolución desde arriba, así se lo hacía saber por correspondencia a José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange. Maura se planteó dejar la política en el año 1920, cuando sopesó dejar de presentarse a las elecciones tras una fuerte disputa en el Congreso a propósito del sistema del turno. Además, apoyó el golpe de Miguel Primo de Rivera que, como recordaba Cañellas, “fue apoyado por gran parte de la opinión publica, incluido el PSOE”.

Formó parte de los Pactos de San Sebastián que condujeron a la República. No obstante, advertido por su padre, trató de establecer una “República integradora” y evitar un giro hacia sistemas socialistas en España. Para ello, procuró siempre que los líderes de la izquierda moderada se desligaran del PSOE y así evitar una socialización del país. Vivió también la huelga revolucionaria del 17, que le llevó a desconfiar aún más sobre las fuerzas socialistas que presionaban al régimen ya incluso en la república.

Maura se caracterizaba por un carácter impetuoso que le hacía dejarse llevar por la fogosidad de sus ideas. Vivió el episodio de la quema de conventos y por lo que le ha acusado la derecha en ocasiones de no oponerse con más firmeza. En estos momentos, formaba parte del gobierno provisional y trató de situarse entre la aconfesionalidad establecida por acuerdos de San Sebastián y los derechos en materia religiosa de la mayoría católica española.

Respecto a la organización territorial, al frente del partido Republicano Conservador se opuso al Estatuto de Cataluña del 32. Para él, las autonomías territoriales no eran una amenaza, pero defendió que “la soberanía nacional no debía cuartearse en ningún momento” y que materias como educación o justicia debían mantenerse en administración única, lo que le valió ataques de muchos grupos nacionalistas catalanes.

En 1935 ya sabía que su proyecto de república estaba condenado al fracaso. Al estallar la guerra, se encontraba entre el odio de la izquierda y el de la derecha antirrepublicana. Abandonó España y se refugió en Francia hasta 1953.   

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