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Hambre emocional: ¿Por qué nos hinchamos a comer sin hambre y cómo evitarlo?

Comer por placer no tiene nada de malo, el problema está cuando recurrimos a la comida para anestesiar esas emociones que no queremos sentir

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María Bandera
@Mgbandera

Redactora jefe y directora de COPE Cool

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 05 abr 2021

Comes sin hambre o poco tiempo después de haber comido ¿te suena? pues es una reaccción más frecuente de lo que piensas y tiene un nombre, hambre emocional, que como su propio nombre indica,está movida por emociones. Precisamente, el aburrimiento, la ansiedad o el estrés, han sido para los expertos las principales responsables del aumento de peso durante el confinamiento, un tiempo en el que "han aumentado los casos que tienen que ver con pacientes que se han encontrado con ansiedad o tristeza que suplen con comida", según explica el secretario del Colegio de Dietistas-Nutricionistas de la Comunitat Valenciana, Luis Cabañas.

No hay nada de malo en comer por placer y alimentar también el hambre emocional conscientemente

HAMBRE REAL VS HAMBRE EMOCIONAL; CÓMO DIFERENCIARLAS

Diferenciar el hambre emocional del real no siempre es sencillo. "El emocional es impulsivo, aparece en un momento exacto y suele apetecer algo en concreto", señala Luis Cabañas. Por otro lado, el hambre física aparece de manera gradual y se sacia con el acto de comer o de cenar. "Tener hambre a la hora típica de comer o al oler la comida mientras se hace, es normal, esperable; pero, ¿a media tarde, tras una siesta o viendo la televisión, echando de menos tener algo en la mano o dejando de fumar? eso son indicativos de necesidad para cubrir algo más allá de saciar el hambre".

Es muy fácil sobrealimentarnos porque el placer se sigue activando al comer

En cualquier caso, explica a COPE la coach de Inteligencia Emocional, Ixi Ávila, esto no quiere decir que no podamos comer por placer."Podemos llegar a sentir que nuestro apetito se abre aún cuando acabamos de comer si nos ponen delante nuestra comida preferida porque hemos aprendido que eso nos va a dar placer. El hambre se activa para que nos nutramos. No hay nada de malo en comer por placer y alimentar también el hambre emocional conscientemente".

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ANESTESIA DE EMOCIONES

El problema, advierte la experta "se da cuando recurrimos a la comida como mecanismo para anestesiar las emociones que no queremos sentir". "Si cada vez que me siento triste recurro a la tarrina de helado para sentirme bien, o cada vez que me enfado me pido una pizza para que se me pase, esto me puede llevar a crear una relación poco sana con la comida y que mis emociones se enquisten porque las estoy anestesiando en lugar de procesarlas".

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POR QUÉ EL HAMBRE EMOCIONAL NOS HACE COMER MÁS

Como señala Ixi Ávila, la naturaleza es sabia. "Estamos programados para que comer nos suponga un placer porque es necesario para nuestra supervivencia. Por ejemplo, tendemos a disfrutar especialmente de sabores dulces porque en la naturaleza son más escasos. En el mundo primitivo, el placer tenía una función muy clara, sin embargo, ahora tenemos acceso a multitud de alimentos y muchos de ellos son procesados. Es muy fácil sobrealimentarnos porque el placer se sigue activando al comer".

Es muy fácil sobrealimentarnos porque el placer se sigue activando al comer

Es por tanto, uno de los factores que puede influir en el sobrepeso, pero solo eso "uno de muchos", con lo que es importante estudiar cada caso individualmente y que sean los nutricionistas y médicos especializados los que se encarguen de evaluar que hay detrás del exceso de peso.

QUÉ EMOCIONES ESCONDE EL HAMBRE EMOCIONAL

La comida se puede utilizar como recurso para manejar cualquier emoción. "Culturalmente utilizamos la comida como recompensa para celebrar cuando sentimos alegría, pero si hablamos de la parte menos sana en la que utilizamos la comida para anestesiarnos, es común con las emociones que más nos incomodan, epecialmente la ansiedad y la tristeza".

La solución pasa no tanto por controlar como por "gestionar y entender" qué hay detrás de ese hambre emocional. "Lo primero es empezar a distinguir entre el hambre emocional y el hambre real. Algo que ayuda es utilizar una agenda en la que cada día apuntemos lo que hemos comido y como nos sentíamos antes y después de comer. Eso nos ayudará a detectar si tenemos algunos alimentos asociados a algunos estados emocionales".

El siguiente paso sería "pararse para procesar la emoción y sentirla respirando conscientemente antes de comer". Ixi Ávila recomienda la respiración abdominal y la meditación antes de cada comida para evitar el hambre emocional no consciente.

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En su opinión, el mayor error que cometemos desde la perspectiva emocional a la hora de comer radica en creer que la comida tiene el poder de satisfacer o de cubrir nuestras carencias. "Cuando comes para dejar de sentir algo que te incomoda, la emoción no desaparece, se reprime y se acumula hasta que un día explotas".

ALIMENTACIÓN

Para ayudar a poner coto al hambre emocional ha surgido en los últimos tiempos iniciativas como la de Madrid Salud que ha lanzado una campaña para promover la alimentación saludable en tiempos de confinamiento.

Es esencial "tomar alimentos frescos, onsumir cinco piezas de frutas y verduras es algo básico, aunque sólo lo hace una pequeña parte de la población". También es igual de importante optar por "un desayuno equilibrado", lo que le ha llevado a recordar que la repostería casera "es más sana que los productos de la bollería procesada, eso es cierto, pero eso no significa que no engorde porque tiene mucha azúcar", según ha explicado la coordinadora del programa Alimentación, Actividad Física y Salud (ALAS) de Madrid Salud, Mercedes Ceínos

"Siempre es mejor una tostada con aceite para desayunar e incluir una pieza de fruta sería lo ideal para empezar bien el día", ha recomendado. Y "no hay que olvidar las legumbres, que son unas estupendas aliadas en estos momentos. Son muy nutritivas, fáciles de cocinar y económicas, además de tener muchos usos porque sirven para elaborar guisos o ensaladas", ha indicado.

Un truco consiste en pelar zanahorias y tenerlas ya cortadas y preparadas en la nevera, igual que una pieza de fruta o sustituir los snacks salados por pepinillos en vinagre, un humus. "Así, al ir a la nevera a picar, al menos comeremos cosas sanas y menos calóricas", ha resumido.

Tampoco se ha olvidado de las bebidas gaseosas y azucaradas o alcohólicas. "Habría que evitarlas en la medida de lo posible y dejarlo para momentos ocasionales, como hacíamos en nuestra vida habitual. No olvidemos que el cuerpo se acostumbra rápidamente a los cambios y el azúcar, por ejemplo, crea mucha adicción.

Mercedes Ceínos termina recordando que lo que no entra en casa, "no entra en la boca", así que insta a hacer una lista de la compra adecuada, que combine muchos productos frescos con otros alimentos que produzcan más placer. "Una despensa saludable nos ayudará a llegar al final del confinamiento en unas estupendas condiciones de salud alimentaria", ha terminado.

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