CRISIS CLIMÁTICA

Andreas Malm: "Hagamos lo que hagamos, estamos jugando con fuego"

Marta Montojo

Agencia EFE

Publicado el - Actualizado

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Marta Montojo

"Hagamos lo que hagamos (frente a la crisis climática) estamos jugando con fuego" alerta el profesor de Ecología Humana de la Universidad de Lund (Suecia) Andreas Malm, quien anima al movimiento climático a dar un paso más allá, pero sin perder de vista el pacifismo.

Malm considera que las acciones más combativas frente a las infraestructuras de combustibles fósiles o las fuentes de emisiones "de lujo" como las que provienen de los superyates y los aviones privados forman parte del "siguiente paso inevitable" en la lucha contra la crisis climática.

Pero el grueso de la desobediencia civil que ejercen los activistas por el clima debe ser "estrictamente pacífica", pues estas acciones son las más inclusivas, destaca este periodista y autor de varios títulos como 'Capital fósil' y 'El murciélago y el capital'.

El también académico y activista sueco acaba de publicar en castellano 'Cómo dinamitar un oleoducto' (ed. Errata Naturae), una llamada a ampliar el "repertorio táctico" del activismo climático llegados a este punto de urgencia por contener el calentamiento global.

En conversación con EFE, desde su apartamento en Malmö, el autor defiende que el movimiento por el clima debe "diversificar" sus métodos, y apostar así por opciones algo más combativas para hacer frente a lo que juzga como "violencia" ejercida por parte de la industria de los combustibles fósiles, pues de lo contrario estos intentos pueden convertirse en "irrelevantes".

En su libro recoge acciones con las que movimientos sociales a lo largo de la historia -por ejemplo, el de los derechos civiles en EEUU o el del sufragio femenino- han logrado victorias, y cuenta casos dentro de la lucha contra el cambio climático, como el desinflado de ruedas de todoterrenos en barrios acomodados de Suecia, en la que el propio Malm participó en 2007.

Los activistas, agrupados en "tribus" del movimiento que bautizaron como "indios de la jungla de asfalto", "desarmaban" estos vehículos aparcados en la calle al extraer el aire de sus ruedas, y dejaban después una nota en el parabrisas para explicar el motivo de la acción.

Con todo, las acciones más combativas "tienen que hacerse con cuidado", advierte Malm, pues "hay que distinguir entre lo que está moralmente justificado y lo que es eficaz", e insiste en que en ningún caso se puede cruzar la barrera de la violencia contra las personas.

Sí legitima la "resistencia violenta" contra las infraestructuras fósiles en construcción, y se pregunta: ¿Pensarán quienes van hoy al colegio o quienes nacerán el año que viene que las máquinas de la economía fósil no fueron tratadas con el debido respeto? ¿O verán el movimiento actual igual que nosotros vemos a las sufragistas, igual que consideramos las ventanas rotas como un sacrificio aceptable?

También aboga por la combinación de luchas -en los juzgados, en las calles con manifestaciones pacíficas, en acciones directas frente a infraestructuras fósiles, en el movimiento de desinversión (frenar las inversiones en el gas y el petróleo)- pues la transformación del sistema económico que según Malm requiere evitar el colapso climático es "tan masiva" que "no podemos permitirnos el lujo de seleccionar una sola táctica", arguye.

En esa transformación, destaca el "control público" sobre las empresas de combustibles fósiles, y apunta que "las empresas ricas no son quienes deben decidir, fuera de las instituciones democráticas, sobre el destino del planeta, sino que son esas instituciones quienes deben dictar lo que las compañías pueden hacer".

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