TOROS ALMAGRO

La suavidad de Ortega y la entrega de Garrido conquistan Almagro (C. Real)

Julio César Sánchez

Agencia EFE

Publicado el - Actualizado

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Julio César Sánchez

El delicioso toreo de Juan Ortega volvió a emerger este jueves en la provincia de Ciudad Real, concretamente en Almagro, donde salió a hombros junto a un entregadísimo José Garrido, en una tarde en la que Morante de la Puebla se fue de vacío.

Juan Ortega es un torero exquisito. Por estos lares aún se recuerda vivamente la tarde del sevillano el pasado mes de julio en Manzanares. Y pacifista se supone que en el sentido literal del término, y también en el metafórico, porque la violencia no tiene cabida en su tauromaquia.

En su deambular por la plaza de Almagro, bien fuera con capote o muleta en sus manos, todo fue suavidad, armonía y torería.

Sus verónicas de recibo al segundo con rodilla genuflexa fueron una delicia, como también las verónicas en el quite, al igual que los pasajes de muleta con ambas manos al noble toro de La Palmosilla (novillo de apariencia). Todo medido, todo con elegante gracia sin afectación. Otro nivel. De no pinchar se habría abierto la puerta grande ya en su primero.

Tampoco hubo violencia en su labor frente al rebrincado quinto; pero tampoco brillo. El toro gaditano hacía hilo y dificultaba la ligazon, y Ortega alargó en demasía un trasteo -cosa rara en él- en el que el toro llegó a echarse. Todo ello no impidió que paseara una oreja.

José Garrido repetía paseíllo en Almagro después de triunfar en este mismo ruedo el pasado año. Y las ganas fueron evidentes, desde el original recibo de capote a una mano. El de La Palmosilla ofreció bravura y clase en las primeras tandas, y no tanta entrega en el tramo final. Garrido lo pasó compuesto y con garbo, con mayor brillantez por el derecho, si bien el trasteo fue de más a menos.

El sexto resultó muy manejable y el extremeño logró lo más notable al natural. Los hubo ceñidos aunque sin poder ligar por el medido fuelle de su antagonista. El contundente manejo del acero, unido a su indudable disposicion toda la tarde, le puso las dos orejas del cierraplaza en las manos.

Después de retrasos, carruajes y camión de riego, saltó al ruedo el primero de la tarde, un ejemplar gacho de escasísima presencia que buscó el refugio de tablas y que dejó el casillero de Morante a cero artísticamente.

En el cuarto (salió pasadas las 8 y media) Morante anduvo arreado después de ver sublimar el toreo a su paisano. Lo recibió de rodillas con una larga y puso banderillas con acierto desigual, quizás sabedor de que el de La Palmosilla duraría poco.

Había que ganar crédito en la tarde. Y, efectivamente, su oponente, noble y soso, tan sólo le aguantó tres series lentas y reunidas de derechazos antes de apagarse y recibir cuatro pinchazos del de La Puebla del Río.

FICHA DEL FESTEJO.- Toros de La Palmosilla, de justa presencia. Especialmente pobres primero y segundo. Primero sin fondo. Segundo y tercero bravos. Cuarto noble pero de escaso fuelle. Quinto rebrincado y justo de raza. Sexto manejable, aplaudido en el arrastre.

Morante de la Puebla (celeste y oro): estocada desprendida (silencio); cuatro pinchazos y descabello (ovación).

Juan Ortega (verde botella y oro): pinchazo y media (oreja); estocada (oreja).

José Garrido (blanco roto y azabache): más de media trasera y desprendida (oreja); estocada (dos orejas).

En cuadrillas, magnífica la lidia de Jorge Fuentes al segundo.

La plaza registró menos de media entrada en los tendidos.

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