MADRID

Pablo Mora se lleva las nocturnas de Las Ventas por naturales

El novillero madrileño cuajó una noche rotunda con una sensacional novillada de Espartaco

Pablo Mora en su vuelta al ruedo en el sexto novillo de la novillada nocturna de Las Ventas

 Pablo Mora en su vuelta al ruedo en el sexto novillo de la novillada nocturna de Las Ventas PLAZA 1

Madrid Julio Martínez

Tiempo de lectura: 4' Actualizado 00:58

Rozando ya la medianoche, una voz atronadora que quebró los tímpanos de los pocos que acudieron a la última cena anunció a Pablo Mora como vencedor del certamen de nocturnas de Las Ventas. No hacía falta ser una eminencia en tauromaquia para saber que el joven de Moralzarzal se alzaría triunfador. Por las carencias de sus contrincantes y por su apabullante superioridad y dominio. Todo ello ante una apoteósica novillada de Espartaco. Todos ovacionados en el arrastre.

El primero, Zoletillo de nombre, fue todo codicia de salida. La última novillada que lidió el maestro de Espartinas en Las Ventas fue en 2012. Aquel día, el primer novillo también se llamó Zoletillo y dio en la báscula los mismos 474 kg que el utrero al que hizo frente Alejandro Fermín. Trató de agradar en el saludo, primando más la bulla que la calidad. Arriesgó en banderillas Yelco Álvarez, que camina a pasos agigantados por la senda de plata. Tras brindar al público, combinó cambiados por la espalda con naturales de etéreo brillo. Le aprovechó el viaje al salpicado siempre con la muleta en la cara. Faltó temple y mando en la muleta del norbiense. Con la espada, un mitin. Zoletillo se llevó una oreja puesta.

El mimbrero que hizo segundo se comportó como su predecesor. Brioso de salida y suelto en varas y banderillas. Expuso mucho José Luis Triviño con las frías. Rafael González le corrió la mano con despaciosidad sobre el pitón derecho después de brindar a los presentes. Como en campaña, puesto que después de la novillada la gente tenía que votar. Pero González –político apellido- no presentó un proyecto convincente para el electorado. Faltó una estructura de faena, sobresaliendo solo algún natural suelto de buen trazo. Lo despachó de una sensacional estocada, pero hubo de requerir del uso del verduguillo. Al final el utrero se echó por su cuenta.

Pablo Mora pasó un trago recibiendo al tercero, un negro salpicado que no gustó de salida. Desinhibido el matador, hicieron kilómetros los de plata para completar el tercio de banderillas. La incertidumbre del novillo y los inoportunos tornillazos no amedrentaron al madrileño. Se plantó Pablo con su muleta y todo fue temple y valor. Pudo esbozar algún derechazo estimable, pero la condición del de Espartaco y la bisoñez del torero no permitieron construir algo con visos de éxito. Cerró por toreros ayudados y zanjó el asunto con una entera desprendida de tardo efecto.

Un abanico de largas cambiadas combinadas con verónicas y media, rodilla en tierra y susto incluido, fue la carta de presentación de Alejandro Fermín en el cuarto. Quitó Rafael González por broncas zapopinas y remató con un lance difícil de explicar, pero de bella factura. Pero para complicado de entender, el inicio de faena de Fermín. De rodillas con un novillo suelto, sacándoselo por la espalda y pasando las de Caín. Todo lo que se guardó el novillo en los primeros tercios lo sacó en la muleta. Salvo en algún muletazo al natural, el novillo Mombreño le tocó en todo momento la franela. La mejor tanda del trasteo la emborronó con un puñado de muletazos mainstream que estropearon cualquier atisbo de lucimiento. Cerró por deslucidas bernadinas previas a un nuevo sainete con los aceros. No fue la noche de Fermín. El novillo se fue entre una gran ovación.

En la anteriormente citada novillada de 2012 de Espartaco en Madrid, también fue el cuarto el mejor animal de la tarde. Aquel día, Alberto Durán, hoy en el tendido, lo toreó con garbo. Al torero de Cabezuela del Valle se le ha ido un lote de puerta grande. Para pensar, como mínimo.

Rafael González nada pudo hacer con el percal ante el quinto. Tras sendos puyazos en buen sitio de Héctor Vicente, el novillero madrileño brindó a una terna que apunta maneras. Ortega Cano, Espartaco y Pepín Liria, en el bajo del 3. El prólogo de rodillas fue extraordinario, pero el desplante que le puso broche tuvo más tintes de “siu” de Cristiano que de gesto torero. Después de la algarabía inicial, el torero intercaló dignos muletazos con otros carentes de efecto y sentido. El tedio se apoderó de la plaza. Otro manojo de manoletinas empachó al público, que estalló en una sonora protesta. Se volcó con la espada y salió volteado en la huida. Otro novillo que se fue entre agasajos. El torero dio una de las vueltas al ruedo más protestadas del curso.

Lo mejor, en el 6º. 6º bis, porque Jareto I tenía de todos menos vigor. Mala suerte, debió pensar Pablo Mora, que se había ido a la puerta de chiqueros a recibirlo de hinojos. El sobrero, de la ganadería titular, no dijo nada de salida. Sacrificó el lucimiento y lidió a favor de obra Mora. Le funciona la cabeza. Temple, quietud, mando y relajo. Cuatro virtudes fundamentales en el toreo cuatro. Póker de probidades que sacó a relucir el de Moralzarzal. Entre tanto, un cambio de manos por la espalda y un natural antológico jaleado hasta por los acomodadores. Toreo caro. De uno en uno, optó el torero por no ligar los muletazos. De lo contrario hubiese conmocionado Madrid. A pesar de ello, Pablo Mora dijo el toreo en Las Ventas. Media desprendida y dos descabellos no fueron suficientes para la oreja, pero la vuelta al ruedo fue con honores. Igual que el arrastre de un sobrero que sacó fondo y nobleza. La plaza era unanimidad. Pablo Mora, vencedor de las nocturnas, ya tiene su puesto en la novillada de la feria de Otoño.

Hacía hoy 29 años que Espartaco le daba la alternativa a Espartaco “Chico” en Huelva. Hoy el maestro les otorgó 6 novillos para salir disparados al doctorado. Solo uno lo aprovechó. Se subió al tren. Ojo con Pablo Mora.


FICHA DEL FESTEJO 

Madrid, viernes 3 de agosto de 2018. Final de Certamen de Novilladas Nocturnas. Un tercio de entrada, 8120 espectadores.

Novillos de Juan Antonio Ruiz Román, el sexto como sobrero. Correctamente presentados y de extraordinario juego. 1º, 4º, 5º y 6º bis, móviles, nobles y codiciosos. De poca transmisión el 2º y exigente el 3º.

Alejandro Fermín, silencio tras aviso en ambos.

Rafael González, silencio tras aviso y vuelta al ruedo con fuerte bronca.

Pablo Mora, silencio y vuelta tras aviso.

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