3ª FERIA DE SAN BLAS Y LA CANDELARIA

Juan Ortega pone el carbón al horno de Valdemorillo

El sevillano cuaja y corta las dos orejas al único toro potable de Torrealta. Vuelta al ruedo para Uceda Leal. 

Juan Ortega, a hombros en el cierre de Valdemorillo
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@Valdemorilllo26

Juan Ortega, a hombros en el cierre de Valdemorillo

Sixto Naranjo Sanchidrian

Publicado el - Actualizado

3 min lectura

El calor fue hoy protagonista antes incluso de que asomara el primer toro por chiqueros. Pese al frío en los exteriores, dentro de la Cubierta de Valdemorillo el ambiente se volvió denso desde primeras horas de la tarde, como si alguien hubiera avivado el fuego antes de tiempo. Y en ese escenario casi sofocante, la corrida que cerraba la Feria de San Blas y la Candelaria terminó encontrando en Juan Ortega el único rescoldo capaz de dar algo de sentido a una función marcada por la escasa presencia y el pobre juego del encierro de Torrealta. 

La corrida caminó durante buena parte de la tarde por terrenos grises, sin emoción ni continuidad, lastrada por un ganado terciado, justo de fuerzas y muy limitado de raza. Apenas hubo toros que empujaran ni que permitieran construir faenas con poso, lo que fue apagando cualquier conato de interés hasta que apareció el quinto, el único que sostuvo la embestida con cierta duración y al que Ortega supo leer desde el principio.

El sevillano lo saludó con lances cortos y medidos, dejándole venir con suavidad, y aún tuvo tiempo para un quite por chicuelinas tras un puyazo administrado con tino para no terminar de apagar al animal. Desde ahí, Ortega fue poniendo leña poco a poco. La faena arrancó con ayudados por alto de buen trazo y fue creciendo en naturalidad, más basada en el pulso y el temple que en la intensidad.

Hubo muletazos de muñeca suelta, pases empalmados sin brusquedades y una manera de llevar al toro sin exigirle más de lo que podía dar, justo ahí donde el oficio y el buen gusto marcaron la diferencia. No todo fue perfecto ni rotundo, hubo algún enganchón que hizo perder el hilo de la ligazón. Pero lo firmado por el sevillano sí fue lo más torero y armónico de la tarde, lo que explica que el público se volcara y que la petición de las dos orejas terminara siendo atendida. Un premio que encontró respaldo en el conjunto de una faena que, sin alardes, fue la única capaz de elevar la temperatura artística del festejo. Antes, con su primero, Ortega había dejado detalles sin poder romper del todo ante un toro ya muy venido a menos.

La misma suavidad presidió la actuación de Uceda Leal, que volvió a dejar constancia de su concepto clásico y su torería serena. Al primero lo recibió con una faena de inicio torerísimo, saliéndose a los medios, y aunque el toro duró poco, aún pudo arrancarle muletazos de gran calidad. Con el cuarto, todavía más deslucido y rebrincado, tiró de paciencia y precisión para hilvanar una tanda de naturales impensable por las condiciones del animal, además de algunos remates de buen gusto que justificaron la vuelta al ruedo.

Más cuesta arriba fue la tarde para Pablo Aguado, que solo dejó destellos con el capote en el saludo y en el quite al tercero. Intentó alargar la embestida de ese toro con pulso, pero sin opciones reales. El sexto, muy protestado desde varas y prácticamente inválido, cerró la corrida sin permitirle asentarse ni encontrar lucimiento alguno.

Al final, con el calor aún apretando y el público buscando agarrarse a algo, Juan Ortega terminó poniendo el carbón que le faltaba a la tarde, único argumento sólido de una corrida que confirmó que, sin toro, no hay horno que aguante mucho más que un destello aislado.

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