DAX (FRANCIA)

Emilio de Justo tira de raza para imponerse a su destino y a su mala espada

El torero Emilio de Justo se impuso a base de raza y entrega y salió finalmente triunfador, con cuatro orejas, en su encerrona con seis 'victorinos' en Dax

Emilio de Justo con las dos orejas cortadas al sexto toro de Victorino Martín en Dax

 Emilio de Justo con las dos orejas cortadas al sexto toro de Victorino Martín en DaxPRENSA E.d.J.

Redacción TorosAgencia EFE

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 22:37

El torero Emilio de Justo se impuso a base de raza y entrega y salió finalmente triunfador, con cuatro orejas, de la tarde en la que se encerró con seis toros de Victorino Martín en la ciudad francesa de Dax, una gesta que casi le sale aciaga por la mala tarde que protagonizó con la espada.

El primero fue un "victorino" que no regaló nada. Un toro bronco, sin clase, embistiendo a empellones y sin entregarse. De Justo, que dejó un buen ramillete de verónicas en el recibo, hizo un esfuerzo tremendo con él en una faena de mucha disposición y sin rúbrica con los aceros.

Con lances genuflexos saludó De Justo al segundo, un toro bajito y fino, enseñando las puntas, y con fijeza y aparente nobleza de salida, aunque pronto se vio también que aquello no iba a ser coser y cantar, pues ya en la segunda tanda con la muleta comenzó a protestar y a quedarse debajo, lo que obligó a su matador a perderle pasos para engarzarle los muletazos por el derecho.

Un toro que tampoco se entregó, aunque por el izquierdo pareciera que iba más largo, lo que aprovechó De Justo para echársela al hocico y tirar la moneda en cada tarascada que le pegaba el cárdeno, con el que volvió a mostrarse muy firme en una faena de exposición, en la que no pudo relajarse en ningún momento, y premiada con una oreja pese a faltarle nuevamente un mejor corolario con la tizona.

Con el tercero parecía que la tarde iba romper de verdad. Fue éste un toro más cortito por delante, cariavacado, que echó las manos por delante en los capotes pero que luego respondió con gran son en la muleta, con prontitud, fijeza y humillación.

Aquí brotó el toreo excelso de Emilio de Justo para cuajarlo en una labor que aunó torería, naturalidad, encaje y mucho sentimiento. Faena a más, a mucho más, tanto en ritmo como en intensidad, y abrochada con una serie de naturales de frente, totalmente abandonado el torero, simplemente extraordinarios.

Tenía el triunfo en la mano, pero la espada fue nuevamente su talón de Aquiles, cambiando las dos orejas por sendos avisos.

El cuarto fue un toro áspero y peligroso, con el que De Justo tuvo que enfundarse nuevamente el mono de trabajo para volver a la carga en otra faena de agallas y no volver la cara ante un animal que pedía el carné y reponía sus cada vez más aviesas y orientadas acometidas. Y para no faltar con la tónica general de lo que estaba siendo su actuación, volvió a faltar tino en la suerte suprema.

El quinto no tuvo mal aire aún faltándole finales en sus nobles y apagadas embestidas. De Justo anduvo esta vez algo más tensionado en una faena a la que le faltó algo más de asiento y de sosiego, pues, aunque le robó alguno estimable por el derecho, la sensación era de que podía haber estado mejor con el toro, al que acabó cortando la oreja gracias a que, por fin, la espada entró.

Al público se fue el extremeño a brindar la última faena de su particular gesta, y, ya despojado de todo nerviosismo, volvió a mostrarse muy entregado con un toro pegajoso, que se quedaba debajo y sin humillar, y con el que volvió a hacer el esfuerzo en una labor llena de raza y abrochada de manera colosal con el acero. Dos orejas, la segunda quizás por el conjunto de toda la tarde.


FICHA DEL FESTEJO 

Dax (Francia), sábado 7 de septiembre de 2019. 1ª de Feria. Lleno aparente.

Toros de Victorino Martín, aceptablemente presentados dentro de la variedad de hechuras, caras y remates que tuvo el envío, y de juego también muy desigual. El mejor, el enclasado e incansable tercero; y también se dejó el noble quinto. Bruto y sin entrega, el primero; exigente, el segundo; áspero y con peligro, el quinto; y pegajoso y con transmisión, el sexto.

Emilio de Justo, como único espada, silencio tras aviso, oreja, palmas tras dos avisos, ovación, oreja y dos orejas.

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