Qué es la inmunidad cruzada y cómo puede ayudar a combatir el coronavirus

Investigadores de todo el mundo luchan contrarreloj en busca de una vacuna. En el camino están encontrando avances para luchar contra el coronavirus

Qué es la inmunidad cruzada y cómo puede ayudar a combatir el coronavirus

Tiempo de lectura: 5'Actualizado 02:09

"Todavía desconocemos más de lo que conocemos", es una frase que ha menudo pronuncian tanto médicos, como microbiólogos, epidemiólogos, virólogos o científicos en general. Son muchos los que luchan cada día para saber un poquito más del SARS-CoV-2, porque cuanto más detalles tengamos sobre él, mayor será la capacidad de respuesta ante sus terribles consecuencias, cuando no es la muerte.

El último informe científico-técnico sobre esta enfermedad publicado por el Ministerio de Sanidad, la Fiebre, tos, disnea, astenia, anorexia y diarrea son los principales síntomas que en España presentan los pacientes con COVID19. Pero puede haber síntomas neurológicos: mareo, alteración del nivel de conciencia, accidente cerebrovascular; cardiológicos: puede presentarse con síntomas relacionados con el fallo cardiaco o el daño miocárdico agudo, incluso en ausencia de fiebre y síntomas respiratorios; oftalmológicos: ojo seco, visión borrosa, sensación de cuerpo extraño; dermatológicos: manifestaciones muy variadas, desde erupciones tipo rash (principalmente en el tronco), erupciones urticarianas vesículosas similares a varicela o púrpura. En los dedos de manos y pies lesiones acro-cianóticas parcheadas, de pequeño tamaño, a veces confluentes y en ocasiones con ampollas, lesiones son similares a los sabañones; hematológicos: fenómenos trombóticos como infarto cerebral, isquemia cardiaca, muerte súbita, embolismos, trombosis venosa profunda. También se observa una mayor incidencia de sangrados.

Los tres últimos meses en los que todos los países del mundo llevamos luchando contra la pandemia, también hemos visto que no afecta por igual a niños, adolescentes o adultos. Y sobre todo la incidencia en el sector de población de más edad, a partir de los 80 años.

En este momento hay 110 vacunas candidatas de diferentes laboratorios, de las cuales 102 están en fase preclínicay 8 en fase clínica. Algunas ya ofrecen resultados aunque no definitivos, porque para llegar a ese punto hace falta tiempo. Y mientras se encuentra esa defensa que nos haga a todos invulnerables o capaces de luchar contra la enfermedad, hay investigaciones que ofrecen otros caminos en la lucha contra esta epidemia, una de las peores, si no la peor del último lustro.

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El resfriado común podría generar inmunidad cruzada al coronavirus

En esa lucha incansable por encontrar una vacuna eficaz, investigadores del Instituto de Inmunología de La Jolla en California (Estados Unidos) han dado con una robusta respuesta inmunológica antiviral al SARS-CoV-2, el virus del COVID-19, en un grupo de 20 adultos que se habían recuperado de la enfermedad. Hallazgos que muestran que el sistema inmunológico del cuerpo es capaz de reconocer el SARS-CoV-2 de muchas maneras, lo que disipa los temores de que el virus pueda eludir los esfuerzos para crear esa vacuna que pueda proteger a la gran mayoría de la población.

El estudio ha detectado una importante reactividad cruzada en individuos no expuestos, sugiriendo que las personas que han pasado un resfriado provocado por otros tipos de coronavirus también podrían tener cierta protección contra el COVID-19.

Los científicos examinaron la respuesta de las células T en muestras de sangre que se habían recogido entre 2015 y 2018, antes de que el SARS-CoV-2 comenzara a circular. Muchos de estos individuos tenían una importante reactividad de células T frente al SARS-CoV-2, aunque nunca habían estado expuestos al SARS-CoV-2. Pero es casi seguro que todos habían sufrido, al menos, tres de los cuatro coronavirus del resfriado común, lo que podría explicar la reactividad cruzada observada.

Lo que aún no está claro es si la reactividad cruzada observada proporciona al menos algún nivel de inmunidad preexistente al SARS-CoV-2 y, por lo tanto, podría explicar por qué algunas personas o lugares geográficos se ven más afectados por el COVID-19.

"Dada la gravedad de la actual pandemia de COVID-19, cualquier grado de inmunidad contra el coronavirus de reacción cruzada podría tener un impacto muy sustancial en el curso general de la pandemia y es un detalle clave que deben tener en cuenta los epidemiólogos al tratar de determinar la gravedad que tendrá COVID-19 en las comunidades en los próximos meses", explica uno de los responsables del estudio, Shane Crotty.

De momento hay una incertidumbre sin resolver sobre si el sistema inmunológico puede montar una respuesta sustancial y duradera al SARS-CoV-2 y si la exposición a los coronavirus del resfriado común circulante proporciona algún tipo de inmunidad protectora.

"Si hubiéramos visto sólo respuestas inmunológicas marginales, habríamos estado preocupados. Pero lo que vemos es una respuesta muy robusta de las células T contra la proteína punta, que es el objetivo de la mayoría de los esfuerzos en curso de COVID-19, así como de otras proteínas virales". Estos hallazgos son realmente buenas noticias para el desarrollo de la vacuna", dice Alessandro Sette, líder del trabajo, que se ha publicado en la revista científica 'Cell'.

En un estudio anterior, Sette y su equipo habían utilizado herramientas bioinformáticas para predecir qué fragmentos del SARS-CoV-2 son capaces de activar las células T humanas. En esta nueva investigación, probaron si las células T aisladas de adultos que se habían recuperado de COVID-19 sin mayores problemas, reconocían los fragmentos de proteína predichos, o los llamados péptidos, del propio virus.

"Elegimos específicamente estudiar a personas que tenían un curso normal de la enfermedad y no requerían hospitalización para proporcionar un punto de referencia sólido de cómo es una respuesta inmunológica normal, ya que el virus puede hacer algunas cosas muy inusuales en algunas personas", argumenta Sette.

Los investigadores encontraron que todos los pacientes de COVID-19 tenían una sólida respuesta de células T CD4, o 'ayudantes', que ayudan a la producción de anticuerpos. Casi todos los pacientes habían producido células T CD8 específicas del virus, o 'asesinas', que eliminan las células infectadas por el virus. "Nuestros datos muestran que el virus induce lo que se esperaría de una respuesta antiviral típica y exitosa", apunta Crotty.

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La vacuna que se basa en el resfriado común

El equipo del profesor de biología y miembro del Centro de Vacunas y Enfermedades Infecciosas del Instituto La Jolla de Califonia, el doctor Sette, ya tiene una base sólida de partida para saber si existe una diferencia en el tipo de respuesta inmunológica en las personas que tienen resultados severos y requieren hospitalización frente a las personas que pueden recuperarse en casa o que incluso son asintomáticas. Además, comenta Sette, "tenemos una importante herramienta para determinar si la respuesta inmunológica en las personas que han recibido una vacuna experimental se asemeja a lo que se esperaría ver en una respuesta inmunológica protectora a la COVID-19, en contraposición a una respuesta insuficiente o perjudicial".

Mientras esta investigación ocurre en California, a más de 5.000 kilómetros de distancia y con el Océano Atlántico de por medio, en el Instituto Jenner de Oxford otro equipo de científicos trabaja en una vacuna contra la COVID19. En ese equipo se encuentra el microbiólogo español David Pulido-Gómez que le contaba a Ángel Expósito en 'La Linterna' el estado en el que se encuentra la investigación.

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"Esta vacuna se basa en un vector viral, esto es un virus que causa el resfriado común en este caso en chimpancés y que no se puede replicar en células de humano. Este virus lo que hace es que dentro tiene el ADN de una de las proteínas, la que creemos que va a generar inmunidad para protegernos contra el virus del coronavirus. Esa proteína se genera dentro de nuestras propias células, nuestros sistema inmune la reconoce y genera protección, genera anticuerpos contra el virus".

El Jenner Institute ya ha comenzado a porbar la vacuna en humanos y todo apunta a que el próximo otoño podría estar lista.

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