VIOLENCIA MACHISTA (SERIE ESPECIAL) (Previsión)

Psicóloga:Sin la anestesia del maltrato, llega el dolor de verte como víctima

El maltrato noquea y anestesia a las mujeres que lo sufren, pero cuando avanzan en su proceso de recuperación y consiguen reconocerse como víctimas sienten, "ya sin anestesia", un profundo dolor y mucho miedo, explica a Efe la psicóloga Vanesa Céspedes, que nos muestra las fases hacia esa nueva vida.,"Cuando una mujer maltratada pide ayuda, lo que quiere es que pare esa violencia, pero no quiere separarse, vive con la fantasía de que las cosas pueden cambiar",

Agencia EFE

Publicado el - Actualizado

8 min lectura

Ana Rodrigo

El maltrato noquea y anestesia a las mujeres que lo sufren, pero cuando avanzan en su proceso de recuperación y consiguen reconocerse como víctimas sienten, "ya sin anestesia", un profundo dolor y mucho miedo, explica a Efe la psicóloga Vanesa Céspedes, que nos muestra las fases hacia esa nueva vida.

"Cuando una mujer maltratada pide ayuda, lo que quiere es que pare esa violencia, pero no quiere separarse, vive con la fantasía de que las cosas pueden cambiar", asegura esta experta de los programas de atención a la Mujer de Cruz Roja.

Es el momento de acompañar, de tejer una relación de confianza y de respetar el ritmo que cada maltratada tenga en su camino hacia la recuperación de su identidad y de su autonomía.

PREGUNTA: Se siguen oyendo expresiones como "no lo deja porque no quiere". ¿Qué hay en la mente de la víctima cuando pide ayuda, terror, soledad...?

RESPUESTA: Las mayores barreras en la violencia de género siempre son los estereotipos y los roles de género que tenemos impuestos las mujeres sobre cómo tiene que ser una relación y lo que debemos creer de lo que se denuncia.

Son limitaciones que nos pone la sociedad y la cultura a la hora de denunciar estas situaciones.

Antes la violencia de género era una cuestión de la vida privada y de alguna manera todavía existe ese imaginario de que es algo privado, que ocurre en la pareja y que no debemos meternos, y que si lo denuncia es porque no lo ha sabido resolver. Se culpabiliza a las mujeres y se minimiza.

P: Cuando dan el paso y llegan a Cruz Roja, ¿qué tipo de ayuda piden?

R: Hay mucha diversidad en la reacción de cada víctima, no hay un prototipo, pero muchas de ellas cuando piden ayuda por primera vez lo que quieren es que las dejen de maltratar, no quieren separarse, no quieren una casa o un sueldo, quieren que eso se controle y que la relación siga. Tienen esa fantasía de que las cosas pueden cambiar, no quieren que les pase nada a ellos, no quieren que vayan a prisión o que sean juzgados.

Piden ayuda porque llevan más de ocho años, que es la media de tiempo según los estudios hasta que se pone una denuncia, pero siempre pensando en que esto pare, solo que pare.

P: ¿Cuándo se dan cuenta de la magnitud de la situación que viven?

R: Hay distintas fases: primero tiene que trabajarse la concienciación como víctimas; sin ese paso, sin percibirse como víctima, no podemos avanzar en el apoyo psicosocial en el tratamiento. Es necesario que sean conscientes de que han sido víctimas y de que no son las únicas, que existe ese fenómeno social y que lo están sufriendo como mujeres.

No se da ese paso en una conversación, sino que tienen que darlo ellas, y hay que acompañarlas hacia ese lugar. Llegan anestesiadas, no se ven como víctimas, pero cuando avanzan en ese proceso que han vivido, y ya sin anestesia, tienen muchísimo dolor y muchísimo miedo.

Abren los ojos desde fuera y en ese momento hay un encuentro de emociones muy intenso, de ambivalencia hacia el que ha sido su pareja, con el que han tenido hijos, con el que tenían un futuro. Le quieren porque era su pareja y le tienen miedo a la vez.

P: ¿Cómo se puede ayudar a las víctimas a reorganizar ese cóctel de emociones?

R: Es muy importante establecer un vínculo de confianza con ellas, vienen muchas veces de familias y de entornos en los que no han podido confiar porque las debían haber protegido y no lo han hecho; tenemos que demostrarles continuamente que no vamos a fallarles, que estamos ahí, que respetamos todo lo que quieran hacer.

Es un proceso de acompañamiento. Es importante quitar la culpa y la vergüenza, que son emociones muy frecuentes en las víctimas.

No hay un protocolo, es un poco buscar la clave de cada mujer porque cada una tiene su historia y hay que intentar que ella pueda volver a tener su voz, que la había perdido, recuperar su identidad y su autonomía para llevar su vida adelante.

P: ¿La denuncia debe ser un paso obligatorio?

R: No es necesario. Según el recurso al que acceda, en algunos es necesario que ella no conviva con el agresor, independientemente de si ha puesto o no denuncia, y en otros puede seguir acudiendo a la sesiones viviendo con esa persona porque está en el proceso de toma de decisión de separarse.

Son pasos diferentes, si vive con su agresor, trabajaremos otras medidas de seguridad y de acompañamiento y si ella ya ha terminado esa relación violenta, podría pasar a ser atendida por otros recursos independientemente de si hay denuncia o no.

P: Pero, cuando el riesgo es muy alto y ella no quiere denunciar, ¿podéis dar vosotros el paso?

R: Hay que ser sinceras con ellas, nosotros estaríamos obligadas a poner una denuncia cuando conocemos una situación de violencia y si vemos riesgo extremo para su vida o los niños, pero no vamos a intervenir sin que ella esté de acuerdo. Siempre hay que hablarlo con ella e intentar que lo entienda, porque es la que tiene que sobrellevar el juicio y el aumento de la agresividad de su ex pareja, que son los momentos claves de aumento de riesgo.

Podríamos estar aumentando el riesgo con una intervención externa y sin que ella pueda controlarlo desde dentro. Si hay un riesgo muy alto, no la vamos a dejar sola.

P: ¿Cuál suele ser el desencadenante para romper el círculo de la violencia?

R: Según las estadísticas las mujeres rompen la relación cuando ven que los niños están sufriendo o han recibido algún golpe por la violencia que hay en casa. Los niños suelen ser los mayores impulsores del cambio para las mujeres; en caso de no tener hijos, suele ser un episodio violento que les ha hecho clic, se dan cuenta de que eso no es como era y de que han perdido el control de su vida.

P: ¿Trabajáis con los niños víctimas de violencia?

R: Desde Cruz Roja trabajamos a través de talleres psicoeducativos con madres e hijos víctimas. Se trastoca un vínculo de apego con los niños cuando se está viviendo una situación de violencia. Si sus madres están tan pendientes de la seguridad, no pueden estar atentas a otras necesidades de los menores, por eso hay que trabajar luego para recuperar el vínculo con los niños y recuperar su posición como madres.

P: Los niños, ¿se perciben como víctimas?

R: Depende de la edad de los niños, si son muy pequeños ven que algo no va bien y son capaces de afrontarlo de manera distinta, pueden presenciar una agresión y luego estar jugando.

A veces, las madres creen que no se ha dado cuenta, pero el niño sí que se ha dado cuenta, y es importante que según el nivel cognitivo y de desarrollo de los hijos se hagan actividades conjuntas para ver lo que ha pasado, dependiendo de la edad.

Los niños más mayores creen que entienden lo que está pasando cuando ven llegar a la policía cada día a su casa o a su madre golpeada, pero no saben la profundidad del fenómeno, ni por qué ocurre. Están viendo un modelo de mundo donde las mujeres no tienen ningún valor y deben someterse a lo que dice el hombre; estamos en esos casos modelando su futuro, no siempre lo viven como traumático sino como 'el mundo es así'.

Por suerte podemos intervenir con los niños para cambiar estas cosas y para evitar que si son niños se conviertan en maltratadores y si son niñas en futuras víctimas de violencia. Hay que recolocar lo que hayan podido ver y el modo en el que han podido entender y darle una salida, porque también han sufrido y hay que buscar la recuperación.

P: ¿Se trabaja diferente con los niños y se consigue que no les queden secuelas?

R: Sí, tanto las madres como los niños pueden vivir totalmente recuperados. No es tanto olvidar lo que les ha pasado, sino superar las secuelas más importantes de las lesiones físicas o psíquicas que hayan podido tener. Trabajamos con los niños en su lenguaje, a través de dibujos, paneles, de manera lúdica, con trabajos simbólicos para que puedan expresar lo que han podido vivir, porque los niños no siempre tienen palabras para expresarlo y describir lo que sienten. Con ellos, está presente la madre y otros niños y en la actividad grupal lo que se hace es darle nombre y ver lo que está bien y lo que no.

P: Pero con adolescentes, será diferente ...

R: Trabajamos con adolescentes a nivel de sensibilización, es fundamental, se trabaja en los coles, con el tema de acoso escolar y violencia de género. Con esos talleres llegamos a los jóvenes que tiene riesgo de hacerlo o que lo han vivido o a los que tienen en su casa alguna situación; al final se acercan, preguntan y es interesante. Somos una sociedad violenta y algo han visto, algo verán o algo tienen callado.

P: Entonces, algunos jóvenes han podido reconocerse como maltratadores o como víctimas en esos cursos...

R: Sí, y de ahí hemos llegado a las madres. Es importante el papel de los hijos para que se pare esa relación, pero tampoco hay que hacerlos responsables, hay que ver de dónde tiene que venir el cambio. A veces se sienten responsables de cambiar esa situación y de convencer a la madre, pero en ocasiones la madre no responde a esa lógica porque no se reconoce como víctima.

Visto en ABC

No se pudo acceder a la URL
La Linterna

La Linterna

Con Ángel Expósito

Lunes a viernes de 19:00h a 23:30h

Programas

Los últimos audios

Último boletín

05:00H | 29 AGO 2025 | BOLETÍN

Boletines COPE
Tracking