Muerte en Manila: 75 años de una de las mayores matanzas ocurridas en territorio diplomático español

La Batalla de Manila es la tercera batalla más sangrienta de la historia, tras (Stalingrado y Nankín) donde fallecieron más de cien mil inocentes

Muerte en Manila: 75 años de una de las mayores matanzas ocurridas en territorio diplomático español

 

Alvaro del Castaño

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 10:46

Esta semana se conmemoran 75 años de una de las mayores matanzas ocurridas en territorio diplomático español. La masacre ocurrió en el Consulado General de España en Manila, perpetrada por el ejército imperial japonés en el marco de la cruenta Batalla de Manila, durante la liberación de las Islas Filipinas por el ejército de los EEUU en la segunda guerra mundial. La Batalla de Manila es la tercera batalla más sangrienta de la historia, tras (Stalingrado y Nankín) donde fallecieron más de cien mil inocentes (entre ellos probablemente miles de españoles y descendientes de españoles).

En febrero de 1945 el ejército americano al mando del general MacArthur estaba ya a las puertas de Manila. La victoria total sobre el ejército de ocupación japonés en Filipinas era inminente. Pero desgraciadamente un pequeño contingente de soldados de infantería de marina del emperador, contraviniendo órdenes del jefe del ejército japonés en retirada, se atrincheró en la vieja ciudadela de Intramuros, fundada por Legazpi en 1565, y en los barrios de Ermita y Malate, donde se encontraba el consulado general de España. Los soldados japoneses, mayoritariamente incultos, acorralados, desquiciados, hambrientos y harapientos, y sabiéndose abandonados por el emperador, se dedicaron a saquear, violar y asesinar, sin distinguir raza, color, religión, nacionalidad, edad o afiliación política. Exterminio en su máxima expresión.

El consulado general de España fue arrasado, falleciendo más de 70 personas que sufrieron toda clase de atrocidades antes de ser vilmente asesinados. El ejército prendió fuego a la residencia quemando con vida a los muchos refugiados de muchas nacionalidades que aún estaban refugiados en el edifico consular. El gobierno de España, que a medida que avanzó la contienda mundial y siempre desde la neutralidad, fue virando sus simpatías hasta celebrar el desembarco del ejército americano en Filipinas, estuvo a punto de declarar la guerra a Japón. De la matanza solamente hubo una superviviente, una niña de seis años, que gravemente herida sobrevivió durante varios días enterrada debajo de los cadáveres de su propia familia, asesinada al completo. La niña se recuperó afortunadamente de todas sus heridas y secuelas, y, huérfana, fue repatriada a España donde creció felizmente junto a sus abuelos. Aún vive en Barcelona.

Ese fue el broche final a la debacle de 1898, fecha en la que España perdió Guam, Puerto Rico, Cuba y Filipinas ante los EEUU. Pese a todo, España había mantenido en Filipinas su área de influencia económica y cultural, a través de la religión católica (Filipinas es el único país católico de Asia), la educación en español ofrecida por las órdenes religiosas, tanto en colegios como universidades, de los abundantes medios de comunicación en español aún muy relevantes, y a través de la lealtad de sus elites intelectuales y políticas, de las familias poderosas descendientes de españoles y las muchas familias españolas de clase media allí instaladas.

Pero la Batalla de Manila puso fin a todo ello. El pueblo filipino se echó en manos de los libertadores americanos, de su poderío económico y cultural, abandonando a su antigua metrópoli, ahora vieja y empobrecida por la guerra civil y aislada del resto del mundo por el bloqueo internacional al régimen de Franco. Los americanos impusieron su modelo económico, su lengua, su educación y su cultura. España desapareció de Filipinas. ¿Pero que valen más, 330 años de raíces españolas, o 120 años de influencia “Hollywood”?

Alvaro del Castaño es autor de la novela “Muerte en Manila” y nieto del Consul General de España en Manila en 1945

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