Boletín

José Antonio, cooperante en India: "El fin de la cooperación no es el alivio de una inquietud personal"

José Antonio, cooperante en India: El fin de la cooperación no es el alivio de una inquietud personal

Europa Press

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 13:14

José Antonio Hoyos trabaja como cooperante expatriado en India para la Fundación Vicente Ferrer desde casi cinco años. Tras una carrera profesional en el mundo de los negocios, que él mismo define como "provechosa y gratificante económicamente", decidió cambiar de registro y volcar toda esta experiencia en el sector de la cooperación, en otros contextos y en otros países.

En una entrevista con Europa Press, con motivo del Día Internacional del Cooperante, que se celebra este domingo 8 de septiembre, José Antonio subraya que la satisfacción personal que le ha dado esta nueva aventura como cooperante es, sin embargo, un "efecto secundario". "Si fuera al revés, podría caerse en un altruismo egoísta, que tendría un efecto negativo en lo que se hace", apostilla.

A su juicio, el fin de la cooperación "no es el alivio de una carencia o inquietud personal, sino la satisfacción de una necesidad puntual y probablemente pasajera de la comunidad". En 2015, comenzó como voluntario dando clase de francés en la Escuela Profesional de Idiomas de la Fundación Vicente Ferrer, en Anantapur, en India, y, tras nueve meses, le ofrecieron la posibilidad de trabajar como Coordinador de la escuela. Y en esas funciones está desde entonces.

Según explica, esta escuela es un centro educativo y residencial para estudiantes que no tienen trabajo y lo necesitan "perentoriamente", chicos y chicas de grupos socialmente desfavorecidos y familias pobres que, además de mejorar su nivel de inglés, aprenden otro idioma _francés, español o alemán, hasta un nivel B1 en sólo un año_ y reciben clases de informática, contabilidad y 'soft skills' para buscar trabajo y afrontar las entrevistas.

UNA ESCUELA DE IDIOMAS QUE CAMBIA EL DESTINO DE SUS ALUMNOS

Este cooperante, que es ingeniero de telecomunicaciones, cuenta con orgullo que el 95% de los estudiantes que pasan por su escuela encuentran trabajo los cuatro meses posteriores a la finalización del curso. Hasta ahora, han pasado 542 alumnos, 129 de ellos con alguna discapacidad. Hace cuatro años solo había una escuela y ahora son cuatro.

"Es asombroso y extremadamente gratificante, pues en el primer trabajo que estos chicos y chicas encuentran pueden ganar en un mes lo que sus padres en un año", destaca, para añadir que esto supone un "empoderamiento personal enorme" para todos ellos y, en especial para las chicas, además de una inyección económica "extraordinaria" que permite a las familias pagar deudas, comprar una casa o que los hermanos estudien".

El día a día de este cooperante consiste en preparar el plan de estudios de las diferentes asignaturas, seleccionar y asesorar a los profesores voluntarios y locales, dar clase y también contactar con empresas para crear vínculos y acuerdos que faciliten que los estudiantes terminen el curso y encuentren trabajo cuanto antes y en las mejores condiciones.

"Tengo mucho trato personal tanto con los alumnos, como con la plantilla india y los voluntarios extranjeros y resulta muy dinámico y enriquecedor", señala este ingeniero, que considera que para trabajar en el mundo de la cooperación hay que ser una persona flexible y con mucha paciencia para aceptar condiciones, medios y actitudes diferentes de aquellas en las que uno se ha educado.

"En realidad son cualidades que cualquier trabajo requeriría. Lo interesante en este caso es que hay que ser capaz de entrenarlas y desarrollarlas en un entorno al el que por pertenecer a una cultura diferente, el cooperante puede sentirse descontextualizado", explica Jose Antonio, que destaca el compromiso de los profesionales y voluntarios de la Fundación Vicente Ferrer, que "se entregan cada día para mejorar las condiciones de vida de mucha gente y disfrutan haciéndolo".

Lo más