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Ansiedad y depresión. La guerra en Ucrania hace que aumenten los trastornos psicológicos

Los expertos reconocen en COPE que la guerra en Ucrania hace que aumenten los casos de angustia, ansiedad, depresión e insomnio

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Maribel Sánchez Margallo
@maribelmargallo

Redactora 

Madrid

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 00:19

Se nos encoge el corazón cuando vemos como los misiles arrasan ciudades o las balas perforan los cuerpos de ciudadanos de un país como el nuestro, en un continente, Europa, en el que no ocurría esto desde hace 77 años.

No importa que esté a miles de kilómetros de donde vivimos o que sea remota la posibilidad de vernos inmersos directamente en esa guerra porque el hecho de estar constantemente informados representa una sobrecarga emocional que perjudica nuestra propia salud. De hecho, podríamos estar viendo ese tipo de imágenes y oyendo a sus protagonistas las 24 horas del día si quisiéramos y nuestra mente no puede soportar tal “estrés bélico”.

Por este motivo, Rocío Rodríguez Rey, psicóloga experta en sobreinformación y profesora del departamento de Psicología de la Universidad Pontificia de Comillas señala en COPE que “es normal que esta información nos duela y nos provoque efectos psicológicos adversos como angustia, ansiedad, tristeza o dificultad para dormir”.

Nuestro cerebro se ve incapaz de procesar ese volumen de información, la adrenalina se dispara y nos lleva a tener una visión distorsionada de la realidad.

Los expertos consultados por COPE lo denominan “infodemia”. Nos dicen que aumenta en las personas conectadas permanentemente al mundo digital a través de las redes sociales y que son incapaces de discernir entre lo que es verídico o no.

MIEDO A TODAS HORAS

Tras el agotamiento mental que provocó la pandemia, los misiles de Putin causan destrucción y muerte en Ucrania y un estrés bélico que hemos empezado a percibir también entre los ciudadanos de otros países, como España.

La psicóloga Rocío Rodríguez considera que “es importante estar informado, pero cuando nos sobre informamos, podemos llegar a tener pensamientos intrusivos (no poder dejar de pensar en ello), sufrir angustia, ansiedad, tener miedo por nosotros y nuestros seres queridos o descansar peor. No sería solo que ver estas noticias me provoque sufrimiento, si no que no pueda dejar de buscar información y esto me va a aumentar el grado de angustia sin un beneficio asociado”.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que haber vivido una guerra en primera persona provoca más depresión, esquizofrenia, estrés postraumático, ansiedad y bipolaridad que entre aquellas personas que no han experimentado estas traumáticas experiencias.

En la vida cotidiana sufren estos trastornos psicológicos una de cada 14 personas, pero en una guerra lo padecen una de cada tres, según el estudio publicado en la revista científica The Lancet. Además, la OMS advierte de que, aunque finalice la guerra, el trauma psicológico que provoco se prolonga durante años.

En el caso de los ciudadanos que son testigos indirectos de una guerra también se ha demostrado que el miedo y la incertidumbre que nos provocan las imágenes y testimonios que nos llegan desde el lugar en conflicto son el origen de muchos problemas psicológicos como ansiedad y depresión.

LINEAS ROJAS

En el mundo digital que nos rodea, la información nos llega prácticamente sin buscarla porque existen muchas maneras de captar nuestra atención.

El ejemplo más claro lo tenemos en los mensajes que llegan a nuestro teléfono sobre convocatorias de ciudadanos contra la guerra. Van desde el apagado de luces a una hora determinada a la ubicación de zonas en las que recogen ayuda para los refugiados. Si decidimos ignorar estos mensajes, la conversación en el bar, el autobús o el salón de casa nos lleva irremediablemente a hablar de Putin o la guerra en Ucrania y eso está afectando a nuestro equilibrio psicológico.

Sin embargo, la profesora de la Universidad Pontificia de Comillas nos aclara en COPE que “mirar para otro lado y no informarse no es una solución. Es una situación real que está ocurriendo y lo que podemos hacer es limitar el tiempo que dedicamos a informarnos (no más de media hora al día) y a través de canales concretos”.

En nuestras manos está decidir cuánta información sobre la guerra queremos recibir y de qué manera hacerlo:

  1. Empieza quitándote de la cabeza la idea de que estando continuamente informado puedes ayudar a las víctimas.
  2. Revisa las actualizaciones de información sobre la guerra solo una vez al día o cada más tiempo si tu salud mental se está viendo afectada.
  3. Procura informarte de día y en un momento de tranquilidad (nunca antes de ir a dormir)
  4. Sigue solo a cuentas oficiales o medios de comunicación que den información que no recurran a la violencia gratuita.
  5. Silencia las cuentas de las redes sociales y grupos de WhatsApp que publiquen fotografías explícitas y mensajes alarmantes de la guerra.

JÓVENES EN PELIGRO

La psicóloga Rocío Rodríguez nos cuenta en COPE que “veo en consulta que hay gente que el hecho de informarse de estos conflictos les hace darse cuenta de que los problemas del día a día que les atormentan no son tan grandes. Les ayuda a relativizar sus problemas”.

En el lado opuesto nos encontramos a los jóvenes y adolescentes que descubrieron durante la pandemia como sus vidas podían cambiar radicalmente de la noche a la mañana y no lo aceptaron.

Un estudio realizado en el hospital Sant Joan de Déu de Barcelona demuestra que se atendieron un 47% más de urgencias relacionadas con la salud mental de los jóvenes en el primer trimestre de 2021 que durante el mismo período del año anterior. Comprobaron que se habían duplicado los casos urgentes de trastornos alimentarios y se duplicó el número de casos de autolesiones y conductas suicidas entre los más jóvenes.

A este informe hay que añadir el publicado por la Sociedad Española de Psiquiatría y la asociación La Barandilla en el que destaca que los jóvenes de entre 18 y 30 años son los más vulnerables en cuanto a salud mental tras el confinamiento vivido en pandemia.

En el caso del estrés bélico que está causando la guerra en Ucrania, la profesora de la Universidad de Comillas asegura en COPE que tanto para adultos como para los más jóvenes “es completamente normal que sintamos culpabilidad por estar lejos de esa situación. Podríamos ser cualquiera de nosotros los que sufriéramos la guerra si hubiéramos nacido allí. Sin embargo, esos sentimientos no resuelven nada y si lo hará colaborar con organizaciones que ayudan en la zona”.


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