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Dos accidentes aéreos seguidos, luchas con un tiburón y heridas de guerra: los rejonazos de Hemingway

Dejando a un lado el peligro, el escritor fue de un lado para otro, sorteando así a la muerte en varias ocasiones

Dos accidentes aéreos seguidos, luchas con un tiburón y heridas de guerra: los rejonazos de Hemingway
Patricia Blázquez Serna
TwitterRedactor de COPE

Madrid

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 00:37

Carismático, creativo pero, sobre todo, un alocado. Ernest Hemingway exprimió al máximo su vida. Dejando a un lado el peligro, el escritor fue de un lado para otro y sorteó a la muerte en varias ocasiones. Una auténtica paradoja, ya que fue él mismo quien se quitó la vida en julio de 1961, con 61 años, en una fase de completa paranoia en la que pensaba que estaba siendo vigilado por el propio FBI.

Nunca tuvo miedo y miró a los ojos a la muerte en varias ocasiones, nunca sucumbió a ella hasta aquel trágico día de 1961. En la primera Guerra Mundial, el escritor se alistó en el ejército pero una herida en uno de sus ojos se lo impidió. Fue así como entró en la Cruz Roja. Fue en el frente italiano cuando fue herido gravemente por un mortero. Fue periodista de guerra, se enfrentó a un tiburón y patrulló la costa de Cuba. Además, Hemingway sobrevivió al ántrax, una neumonía, la malaria, un cáncer de piel, tres accidentes de tráfico y varias quemaduras. No obstante, uno de los episodios más reseñables de su vida fue, precisamente, cuando el escritor sobrevivió a dos accidentes de avión en días consecutivos.

Dos accidentes aéreos seguidos, luchas con un tiburón y heridas de guerra: los rejonazos de Hemingway

Los dos días en los que Hemingway sobrevivió a dos accidentes de avión

En el año 1954, Hemingway emprendió un viaje a África, con el único objetivo de fotografiar las cataratas Murchison desde el aire, sobre el Congo belga. En realidad, el viaje fue un regalo de Navidad para su mujer. La decisión, que a priori parecía una gran idea, terminó siendo una pesadilla, tanto para el escritor como para su mujer.

Dos accidentes aéreos seguidos, luchas con un tiburón y heridas de guerra: los rejonazos de Hemingway

Durante aquella aventura, el avión en el que ambos viajaban chocó contra un poste eléctrico y se vio obligado a hacer un aterrizaje de emergencia. La aeronave cayó bruscamente contra la maleza de aquella zona. Las heridas, afortunadamente, no fueron demasiado graves. El escritor sufrió un golpe en la cabeza y tuvo alguna contusión. Su mujer, por otro lado, se fracturó varias costillas. Después de aquel susto, y cuando todo parecía estar en orden, ambos tomaron un nuevo avión para ser atendidos de las heridas que habían sufrido en el primer accidente.

Fue peor el remedio que la enfermedad. Al día siguiente, el avión que los iba a trasladar hacia Entebbe, lugar donde podrían ser atendidos, y antes de que el avión tomara vuelo, explotó. Las consecuencias, en este caso, fueron aún más graves. El escritor sufrió un nuevo golpe en la cabeza que incluso le afectó al cerebro, además de una serie de quemaduras por todo su cuerpo.

Fue tal la gravedad de aquel segundo accidente que incluso varios medios de comunicación, por aquel entonces, publicaron una serie de noticias en las que le daban por fallecido. Fue él mismo quien tuvo que informar a los periodistas del error. Las siguientes semanas tras el accidente, Hemingway estuvo recuperándose de los daños sufridos tras la explosión y leyendo los obituarios que se habían publicado.

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