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Josef Fritzl, 24 años violando a su hija y 7 niños criados en un sótano: “Lo nuestro era amor”

Casi 13 años después, los crímenes del monstruo de Amstetten continúan horrorizando al mundo entero: violación, esclavitud, incesto, homicidio y secuestro

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Paco Delgado
@Delgado_LPaco

Redactor de COPE y director de 'Hollywood Land'

Tiempo de lectura: 8'Actualizado 02 ago 2020

He nacido para violar. Teniendo eso en cuenta, he conseguido controlarme durante un buen período de tiempo”. El mes de octubre de 2008, Josef Fritzl todavía está siendo investigado por la policía austríaca después de que su hija relatara los horrores por los que le hizo pasar desde el verano de 1984. Aún no existe una acusación formal de la Fiscalía, aunque se prevén, al menos, los cargos de violación, secuestro e incesto. Seis meses después tendría lugar el juicio pero sería antes de navidad cuando se filtraron los informes del psiquiatra que examinó a Fritzl tras su detención y que terminaría calificándole como “sano” para afrontar el proceso judicial.

Ya por entonces calificado por los medios como “el monstruo de Amstetten” o “el padre de las tinieblas”, Fritzl se justificaba: “Me podía haber comportado mucho peor y haber hecho cosas peores que encerrar a mi hija”. Además, el sospechoso, que reconocía haber secuestrado y violado a su hija durante 24 años, mantenía que jamás le había mirado a la cara mientras lo hacía. En el documento, de unas 130 páginas, recoge las entrevistas entre Fritzl y la psiquiatra Heidi Kastner.

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Según las palabras del propio detenido, en su cabeza existía una clara obsesión sentimental y sexual hacía su hija Elizabeth: “La única razón por la que tuve tantos hijos con ella era para que se quedara para siempre conmigo porque, como madre de seis niños, ya no se fijaría en otros hombres”. En cualquier caso, desde un sótano de 80 metros cuadrados y 1,70m de altura, no había mucho espacio para que Elizabeth Fritzl se fijara en otros hombres. En cualquier caso, Josef dejó de tener relaciones con su mujer Rosemarie el mismo día que drogó y maniató a su hija por primera vez: “Al fin tenía alguien solo para mí”.

Una infancia durante la Segunda Guerra Mundial

Josef Fritzl nació en 1935 en la ciudad austríaca de Amstetten y, con menos de diez años, vio como su país aprobaba con más del 95% de los votos de la población adherirse al Tercer Reich nazi. Su padre se marchó hasta la frontera con Rusia para luchar durante la Segunda Guerra Mundial antes de ser apresado por el bando soviético. Según relata el profesor de criminología David Wilson, experto en el caso del monstruo austríaco, la madre fue detenida por discrepancias con el régimen, dejando al niño solo y en un orfanato durante meses.

Fritzl, durante su adolescencia en la ciudad austríaca de Amstetten

Fritzl, durante su adolescencia en la ciudad austríaca de Amstetten

“Al terminar la guerra, la madre de Josef se volvió más irascible que nunca, maltratando constantemente a su hijo, al que insultaba con frecuencia”, cuenta Wilson a un documental de la cadena 'Crime Investigation Network'. Como el propio Fritzl aseguraría a su psiquiatra en 2008, su madre no paraba de recordarle que el único motivo por el que había tenido un hijo era para demostrarle a su marido que no era estéril. Recuerda también que le prohibía actividades tan comunes entre niños como jugar con compañeros o, simplemente, tener amigos.

A los 15 años Josef se rebela por fin contra su madre, se enfrenta a ella y empieza a cambiar su comportamiento social. Años de abusos combinado con extrañas normas sociales convirtieron la adolescencia del joven en la de un 'asocial'. Poco a poco se convirtió en un 'mirón' al que le gustaba asomarse a las ventanas de los vecinos y escuchar mientras mantenían relaciones sexuales.

Antecedentes de violación

Antes de la mayoría de edad, Josef se marcha a Linz, una ciudad austríaca industrial a varios kilómetros de su pueblo natal. Acababa de terminar los estudios de ingeniería y era la ciudad propicia para encontrar empleo. Allí conoció a su mujer Rosemarie, cuando esta tenía apenas 16 años, consiguió un empleo y empezó a formar una familia. Tuvo dos hijas y un hijo al poco de contraer matrimonio y rápidamente se convirtió en un miembro respetable de la sociedad.

Rosemarie y Josef Fritzl, pcoos años después de contaer matrimonio

Rosemarie y Josef Fritzl, pcoos años después de contaer matrimonio

Todo ello lo echó por la borda en 1967. Encontró a una madre joven que salía del trabajo. La persiguió de manera rezagada durante todo el camino hasta su casa, donde esperó hasta que se hiciera de noche. Cuando oscureció y todo el barrio se quedó dormido, forzó su entrada dentro del domicilio hasta la habitación de la mujer, que dormía junto a la cuna donde también descansaba su bebé. Allí, a apenas un metro de la criatura, la violó brutalmente.

Después de que la mujer impusiera una denuncia ante la policía austríaca, Fritzl fue detenido y condenado a 18 meses de cárcel. Al salir de prisión, Josef decidió mudarse con su familia de vuelta a su pueblo natal, donde nadie sabía de su pasado en prisión.

Nacimiento e infancia de Elizabeth Fritzl

Un año antes de cometer la violación de Linz nació Elizabeth Fritz, la cuarta hija de Josef y con la que guardaba una relación especial desde el principio. En el documental de CI, una amiga de la infancia de Elizabeth explicaba que era una “niña adorable”. No obstante, recuerda que “había algo en la familia”: “A veces no lo sabes, pero lo sientes”, relata. Concretamente, sobre la relación entre la niña y su padre, la amiga recuerda que, mientras “ella era muy calmada”, Josef no lo era tanto. “Cuando le vi por primera vez, noté que no era un buen hombre. Un gesto en la cara impasible, los ojos siniestros y la sonrisa, la amabilidad...” explica.

Elizabeth Fritzl, en una foto del anuario del instituto

Elizabeth Fritzl, en una foto del anuario del instituto

En 1977, cuando Elizabeth tiene solo 11 años comienzan los abusos sexuales. Todavía no hay una violación con coito pero Josef empieza a fantasear, como él mismo lo llamaría posteriormente, “el fruto prohibido”. Combinaba tocamientos con detalles, como dejar revistas pornográficas a lo largo de la casa a modo de insinuación con su propia hija. Así, pasaron los años y Elizabeth sufría cada vez más abusos en silencio.

Todo ello hasta el verano de agosto de 1984, cuando la hija pequeña de los Fritzl decide plantarse. Se enfrenta a su padre y le comunica que ha decidido marcharse de casa, le recrimina los abusos durante los últimos años y le asegura que se muda a casa de una de sus hermanas mayores, todas ellas ya emancipadas. El miedo se apodera del padre que, además del terror a que pudiera revelar lo que había pensado bajo el techo de la casa de Amstetten, podría perderla para siempre. Así, el 29 de agosto, cuando Rosemarie está fuera de casa, Josef sorprende a su hija con un trapo de cloroformo. La duerme y la lleva a rastras hasta el sótano, donde la mantendría presa durante más de dos décadas.

Christa Woldrich, amiga de la infancia de Elizabeth Fritzl

Christa Woldrich, amiga de la infancia de Elizabeth Fritzl / Youtube

Una familia escondida en el sótano

Lo que nadie en 1984 sabía es que, además de sus conocimientos de ingeniería, Josef Fritzl se había apuntado a cursos de formación sobre electricidad y, durante los últimos diez años, había realizado reformas en su casa de dos plantas del centro de Amstetten. Mientras todos pensaban que estaba cambiando el tejado, en realidad estaba construyendo minuciosamente un pequeño apartamento subterráneo de 80 metros cuadrados con 170 centímetros de alto. Un espacio al que se accedía por un pasillo angosto y a través de una puerta de hormigón de 300 kilos que se abría con un código que solo conocía el patriarca familiar.

Fotografía del zulo donde Elizabeth Fritzl vivía con sus hijos

Fotografía del zulo donde Elizabeth Fritzl vivía con sus hijos

Para disimular la ausencia, Fritzl urdió un complicado plan que consistía en denunciar la desaparición de su hija, al ser menor de edad. Posteriormente, se trasladaría hasta un pueblo a 15 kilómetros de Amstetten para enviar una carta a nombre de Elizabeth en la que confesaba haberse marchado a una secta y en la que pedía a sus padres que no salieran en su búsqueda.

Una vez la joven estuvo encerrada, atada y sometida en el zulo, Josef comenzó a violarla indiscriminadamente durante cuatro años hasta que tuvo a su primera hija. Kerstin nació en 1998, y le siguió Stephen solo un año después. Ambos llegaron al mundo en el propio sótano, sin ayuda médica y solo por los propios medios con los que disponía la joven para atenderse a sí misma: unas tijeras y unas toallas.

Imagenes de la cocina y el baño que Josef Fritzl había instalado para su hija y el resto de su familia

Imagenes de la cocina y el baño que Josef Fritzl había instalado para su hija y el resto de su familia

Una familia dividida: arriba y abajo

Las violaciones no cesaron mientras Josef mantenía una estricta presión sobre su “segunda familia”. Les instaló una televisión para que pudieran tener una noción del mundo real mientras se criaban en el zulo. Les enseñaba fotografías de personas cenando en restaurantes y les castigaba cortándoles la luz durante días o negándoles la comida. En 1992 nace Lisa, la tercera hija fruto de las violaciones a Elizabeth, y lo hace con una enfermedad que le afecta al corazón y que haría imposible que pasase su infancia en el zulo. Por ello, el padre se las ingenia para un nuevo plan.

Deja a Lisa en una cuna abandonada en la misma calle donde reside la familia junto a una supuesta nota de la madre de la criatura en la que pide que se hagan cargo del niño por su dura enfermedad. Así, Josef fue capaz de criar a la pequeña al margen de sus dos hermanas en la parte de arriba de la casa y junto a su mujer y abuela de Lisa, Rosemarie. Una jugada que repitió con Monika, que nació al año siguiente. No obstante, las complicaciones llegaron con Alexander y Michael, dos gemelos que nacieron en 1997. Michael llegó al mundo con una complicada enfermedad que no pudo superar, falleciendo en apenas dos días. La solución de Josef fue incinerarlo en el horno de la casa.

Monika y Lisa Fritzl (2ª y 3ª izq abajo), Alexander y Rosemarie Firtzl (1ª y 2º dcha abajo) antes de 2008

Monika y Lisa Fritzl (2ª y 3ª izq abajo), Alexander y Rosemarie Firtzl (1ª y 2º dcha abajo) antes de 2008

Tanto Alexander como Monika pasaron a vivir junto a Lisa y sus abuelos, por increíble que pareciese. No obstante, algunos vecinos empezaron a sospechar de que Elizabeth dejara un total de hasta tres niños en la puerta de la casa de sus padres, sobre todo después de, supuestamente, rechazarles para siempre en una carta. Una situación en la que ellos antecedentes de Fritzl podrían haber resultado cruciales de no ser por un pequeño detalle: en la legislación austríaca, cualquier registro penal desaparece a los 15 años de cometerse el delito. Como si no hubiese ocurrido nada. Felix fue el último en nacer y, como sus hermanos más mayores, le tocó pasar su infancia en el sótano.

Detención de Josef Fritzl

Los dos hermanos mayores, Kerstin y Stephen, sufrían de enfermedades constantemente producto de la delicadeza de su sistema inmunológico. Ambos pasaron hasta 19 años en una habitación de 80 metros cuadrados, escondida detrás de una estantería, y sin recibir luz solar. Sus cuerpos eran particularmente débiles, y el de Kerstin se resintió hasta tal punto que comenzó a dar señales de un fallo multiorgánico. Elizabeth, aterrada, convenció a Josef de que la llevara a un hospital y le escondió una nota de auxilio entre los pantalones.

Josef Fritzl y Rosemarie Fritzl, pocos años antes de la detención

Josef Fritzl y Rosemarie Fritzl, pocos años antes de la detención

Los médicos indujeron a Kerstin en un coma, encontraron el mensaje entre la ropa y alertaron a las autoridades, que emprendieron la búsqueda de la joven, desaparecida en 1984. Era 2008 y Elizabeth, si estaba viva, debía tener unos 42 años. La noticia saltó en los telediarios hasta la televisión con la que Elizabeth llevaba entreteniéndose más de 20 años. Volvió de nuevo a insistir a su padre en que le dejara ir al médico, pero en esta ocasión era ella misma la que necesitaba asistencia médica.

Cegado por la confianza y por las ganas ocultas de unificar a sus dos familias, Fritzl dejó que su hija saliera por primera vez del zulo en el que estaba encerrada durante 20 años para ir al médico. Allí, relató a la policía todos los abusos sufridos por su padre. Los agentes de la policía no tardaron en detener a Josef, que confesó los crímenes y liberó a los tres hijos encerrados en el sótano. Así, pudieron reunirse con sus hermanos por primera vez. Unos hermanos que habían vivido durante los últimos 15 años en el piso de arriba.



Fritzl, desde la cárcel: “Lo nuestro era amor”

Tras la evaluación psiquiátrica de octubre, la Fiscalía decidió imputar finalmente a Fritzl por los delitos de violación, esclavitud, incesto, homicidio y secuestro. Aunque en un primer momento solo hizo parcialmente, finalmente el sospechoso se declaró culpable de todos los cargos en el juicio, celebrado en el mes de marzo de 2009. Josef fue condenado a cadena perpetua y a someterse a vigilancia psiquiátrica constante. Más de diez años después permanece en una cárcel a las afueras de Viena.

Vive en una celda de 11,5 metros cuadrados, con una ventana y con televisión por cable. Se encuentra aislado y trabaja cada día fregando los platos de todo el centro penitenciario. Además, cuenta con dos guardias custodiándole día y noche. Cuando faltan solo semanas para que se cumplan 36 años desde que arrastró a su hija hasta el sótano, Josef Fritzl está a solo tres años de solicitar por primera vez su salida de la cárcel.



Eso sí, su familia se encuentra en paradero protegido por el Gobierno después de un largo proceso de recuperación psicológica con los mejores especialistas del país. Se les llevó progresivamente a cenas, campamentos y centros de ocio, así como se les animó a realizar actividades deportivas. Kerstin y Stephen aún tienen problemas de piel e inmunológicos, así como la recuperación del fallo multiorgánico de la hija mayor de Fritzl fue lento y doloroso. Una historia que ha inspirado novelas, películas ('Room') o canciones de Rammstein y que aún, 20 años después, sigue siendo uno de los relatos más terribles del crimen moderno.

Al ser entrevistado por el diario alemán Bild en 2010, el periodista Wolfgang Ainetter le preguntaba si se arrepentía de lo ocurrido. “De eso prefiero no decir nada. Lo que había entre Elizabeth y yo era amor”, explicaba Fritzl desde su celda. “Solo quiero salir de aquí para cuidar a mi mujer, Rosemarie, pero le he escrito 8 cartas y no me ha contestado ninguna. Será que ya no me quiere”.

Fritzl, durante una entrevista con el diario alemán Bild en 2010

Fritzl, durante una entrevista con el diario alemán Bild en 2010 / Bild

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