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Fritz Honka: el niño rescatado del Holocausto que terminó descuartizando a mujeres por su aspecto

El conocido como 'el destripador de San Pauli' aterrizó el barrio rojo de Hamburgo tras haber sido víctima de la alemania nazi

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Paco Delgado
@Delgado_LPaco

Redactor de COPE y director de 'Hollywood Land'

Tiempo de lectura: 4'Actualizado 16:33

El pequeño Friedrich nació como el tercero de diez hermanos en una familia humilde de Leipzig. Su padre Fritz, un carpintero de ideas claramente comunistas, comenzó a ser la comidilla del barrio tras alcanzarse el recrudecimiento social y represivo del régimen nazi en Alemania. Todos los Honka sabían que el patriarca terminaría desapareciendo, como ya lo habían hecho algunos vecinos. Y así, fue. La Gestapo se llevó a Fritz junto a su hijo Friedrich a un campo de concentración, donde permanecieron hasta la llegada de las tropas rusas, como el propio niño revelaría con los años.

Pero el calvario de los Honka no terminó con el encarcelamiento. De hecho, fue solo el principio. A raíz de las torturas a las que había sometido en el campo de concentración, Fritz comenzó a desarrollar un problema médico que combinaba con un consumo desmedido de alcohol. Pasó a trabajar como fogonero y, con el paso de los meses su cuerpo no aguantó y dejó a su mujer Elsa a cargo de nueve niños.

Elsa Honka no pudo mantener ella sola a todos sus hijos y optó por mandar a algunos a un orfanato, entre ellos a Fritz Jr. Este, con 15 años, trató de ganarse la vida como albañil, pero el resultado fue emigrar a un pequeño pueblo en Baja Sajonia llamado Brockhöfe, donde trató de cambiar de oficia a granjero ayudante. No encontró un trabajo con futuro, pero sí encontró a una amante: Margot, a la que no tardó en dejar embarazada. La elección era sencilla, o pagar una manutención de 3.000 marcos alemanes o huir del municipio. Así, en 1956 Fritz Honka llega a Hamburgo con 21 años, siendo padre y a las puertas de un incidente que le marcaría para siempre.

Imagen de los padres de Fritz Honka

Imagen de los padres de Fritz Honka



Un accidente que le cambia la vida

Honka encontró un tercer empleo y comenzó a trabajar en el puerto, en una compañía llamada Howaldtswerke-Deutsche Werft, pero todo volvió a truncarse de manera abrupta. Un accidente de tráfico le dejó la cara desfigurada: le dejó la nariz torcida para siempre y acentuó de manera considerable su estrabismo, por lo que la imagen era la de una bizquera llamativa. El autoestima de Fritz quedó duramente golpeada y pensó que nunca volvería a encontrar pareja, al menos hasta que conoció a Inge. Se casaron, pasaron a vivir juntos y pronto tuvieron a su hijo Fritz, en homenaje a la saga familiar de los Honka.

Pero el idilio apenas duró tres años. Los vecinos se quejaban constantemente de los fuertes gritos que se producían en el domicilio, donde se intuían fuertes peleas entre el matrimonio. En 1960 se divorciaron antes de reconciliarse y mantener de nuevo la pareja hasta 7 años después, cuando Fritz se marchó sólo a las afueras de Hamburgo, en el distrito de Alona, a un apartamento de apenas veinte metros cuadrados, en la Zeißstrasse 74.

Durante esos años Honka había comenzado a dar indicios de un fuerte consumo de alcohol, al igual que su padre tras el Holocausto, lo que le provocaba una conducta violenta. Soltero de nuevo, en 1972 se mudó con una nueva pareja, Irmgard Albrecht, con la que protagonizó un violento episodio en 1972.

Fotografía de Fritz Honka en loz juzgados, años 70

Fotografía de Fritz Honka en loz juzgados, años 70



Fritz trató de convencer a una amiga en común de ambos, Ruth Dufner, de que mantuviese relaciones sexuales con la pareja. Esta se negó y Honka trató de forzarla, Dufner consiguió zafarse y, casi desnuda, salió corriendo hasta la comisaría más cercana a poner la denuncia. Paradójicamente, a Fritz le salvó la cantidad ingente de alcohol que ya consumía en aquel entonces, lo que supuso un atenuante. La fiscalía retiró los cargos por violación a cambio del pago de una multa de 4.500 marcos alemanes.


Los asesinatos de San Pauli

Pero no es el primer episodio de violencia reconocido por el ex prisionero de los campos de concentración. A pesar de que, aparentemente, Honka no tenía problemas para encontrar una pareja estable, sí que sufría constantes burlas por su aspecto físico: el estrabismo había empeorado desde el accidente y no medía más de 1.68m. Así, el ya más que establecido alcoholismo le provocaba que no pudiera mantener relaciones sexuales.

Las cuatro víctimas de Honka: Gertraud Bräuer, Ana Beuschel, Frieda Roblick, Ruth Schult

Las cuatro víctimas de Honka: Gertraud Bräuer, Ana Beuschel, Frieda Roblick, Ruth Schult



Así, Fritz tomó una decisión: vestirse de negro, ponerse una gorra y acudir a bares oscuros del barrio rojo de Hamburgo en busca de prostitutas mayores de 40 años y de baja estatura. ¿La razón? Mantener relaciones sexuales con alguien que no se burlase de él. Pero la estrategia no salió como esperaba. La primera de las elegidas fue Gertraud Bräuer, una peluquera de 42 años que, en ocasiones, se ganaba un sobresueldo ejerciendo la prostitución. Honka la estranguló después de que le rechazase en el último momento, cortó su cuerpo en trozos y los arrojó en zonas próximas a su domicilio. El incidente llegó a la policía y a la prensa, que le bautizó como el 'destripador de San Pauli', aunque no alcanzaron a descubrir su identidad.

Cuatro años después volvió a matar. Primero a Ana Beuschel, prostituta de 54 años que, según Fritz, no había sido lo suficientemente eficiente. En diciembre de 1974, cuatro meses después, asesinó a Frieda Roblick, otra trabajadora sexual, en este caso de 57 años. Y sólo un mes después le tocó a Ruth Schult, de 52. Pero Honka introdujo una variante en los asesinatos que terminaría siendo su perdición. Mientras tras el primer crimen decidió tirar las partes del cuerpo en zonas cercanas al domicilio, en esta ocasión optó por guardarlas en el ático y en diferentes partes de la casa.


La casualidad de un incendio

El extraño plan de Honka de guardar los cadáveres descuartizados en su casa empezó a dar señales de fracaso cuando los vecinos denunciaron ante la policía fuertes olores en el edificio, como “a carne en descomposición”. No sólo no acudió la policía al domicilio, sino que Fritz comenzó a llenar su apartamento de ambientadores de pino para disimular el hedor.

Parecía que era cuestión de tiempo que alguien del mismo bloque residencial descubriese al asesino, que en esos años pasó a ganarse la vida como vigilante nocturno para una gasolinera. Pero no fue el olor, sino un incendio fortuito en el edificio lo que atrajo a la policía hasta la casa. El fuego hizo que el suelo del techo se viniese abajo, dejando caer todos los objetos que estaban apilados en el ático. Entre ellos, cuatro bolsas en las que la policía no esperaba encontrar torsos humanos, piernas y brazos en descomposición. Fritz fue detenido en su puesto de trabajo y confesó rápidamente los asesinatos.

Fotograma de la película El guante dorado, basada en la vida de Honka

Fotograma de la película 'El guante dorado', basada en la vida de Honka



Según alegó, los crímenes los cometió después de que las mujeres se burlasen de sus preferencias sexuales. Pero, una vez más, lo que le ayudó durante el proceso judicial fue el consumo abusivo de alcohol, considerado un atenuante durante los asesinatos. Finalmente, la justicia alemana confenó a Fritz Honka a 15 años de cárcel e internamiento psiquiátrico por un delito de asesinato y tres de homicidio involuntario. De hecho, pasó los últimos 5 años de su vida en libertad, en el asilo de ancianos de Langenhorn, en el mismo Hamburgo en el que había cometido los crímenes y bajo el nombre de Peter Jensen. Murió en 1998.

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