La vida y los protocolos
Madrid - Publicado el - Actualizado
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El caso de ébola que se ha producido en nuestro país ha provocado preocupación y miedo. Es lógico. Es necesario que se revisen los protocolos médicos utilizados, que se mejoren y que se investigue hasta precisar qué se ha hecho mal. Pero el miedo ha tomado proporciones nada razonables. No parece que estemos ante la amenaza de una epidemia que pueda sacudir a nuestro país. Las reacciones están siendo muy desproporcionadas especialmente en lo que se refiere a la distribución de la culpa. Hasta el momento parece que la causa de lo que ha sucedido está en varios errores humanos y en que las precauciones tomadas no fueron suficientes. Si hay responsabilidad política debe depurarse. Pero no es sano pensar que los protocolos, por muy exhaustivos que sean, nos pueden poner a salvo de dos factores esenciales: la libertad y el mal. Nunca se podrá crear un sistema perfecto que evite la posibilidad de que alguien se equivoque. Es una quimera que genera violencia. Estos días es recomendable escuchar a los voluntarios y a los misioneros que trabajan en Sierra Leona. Su solidaridad y su caridad nos pueden ayudar a recuperar un cierto sosiego. No son héroes, son gente que sabe que merece la pena correr riesgos para atender a los que sufren. La vida cuando se entrega es más intensa, más bella. Podemos aprender de los misioneros y de los voluntarios que hay algo más fuerte que el miedo. Al conocer su tarea nos damos cuenta de que no somos justos cuando nos domina el enfado porque los protocolos no sean perfectos o porque no se hayan aplicado bien.



