J.L. Restán | Línea Editorial
Un grito que no se escucha: “¡España se muere!”
Una vez más suena la voz de alarma: España va camino al suicidio. No se trata de ninguna argucia publicitaria, el caso es dramático porque España se muere porque no hay niños, porque las nuevas generaciones no son suficientes para mantener el relevo demográfico y porque de ello se desprenden graves consecuencias para un inmediato futuro. Lo hemos dicho muchas veces: a medida que se prolongan las expectativas de vida, no llegan hijos que garanticen el relevo. Y a media que se reduce el mercado del trabajo e incluso se limitan los ingresos, las cotizaciones a la seguridad social se hacen cada día más insuficientes para pagar las pensiones.La alarma nos llega ahora del Banco de España, que habla del fabuloso coste previsto ante el invierno demográfico que nos amenaza. No hay dineros públicos para mantenerlo. Y también del grupo de expertos que ayer mismo se reunió en la casa de ABC y hablaba de la natalidad como asignatura pendiente e ineludible. Las políticas que se han aplicado en España en los últimos cuarenta años, coincidentes con la democracia, ha dejado en el cajón este problema que hoy se ha convertido en algo más que una amenaza. Ante todo esto, no se ha puesto aún en marcha la menor reforma que estimule la natalidad, que premie a las familias numerosas y que cree medios para que se asuma la maternidad como lo que siempre ha sido: una alegría inmensa para la familia, que por añadidura garantiza el futuro de toda la sociedad.

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Madrid - Publicado el - Actualizado
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