Madrid - Publicado el - Actualizado
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La visita de los reyes a la Conferencia Episcopal puso el broche de oro a la celebración de los 50 años de una institución sin la que no es posible comprender la historia reciente de España. Como órgano colegiado de los obispos, la Conferencia ha sido un altavoz cualificado de la Iglesia hacia la sociedad y un interlocutor eficaz con los poderes públicos, siempre –en palabras del Concilio Vaticano II citadas por el cardenal Ricardo Blázquez–, desde la «mutua independencia» y la «sana colaboración».El rey Felipe agradeció la aportación de la Iglesia a la convivencia pacífica entre los españoles y su labor social, especialmente durante los años de crisis. Un servicio de singular relevancia fue el que prestaron los obispos durante la época de la Transición, ayudando a los españoles a sanar heridas y a mirar al futuro con esperanza y voluntad de entendimiento. Ese servicio fue en buena medida posible gracias al rey Juan Carlos, quien al renunciar al derecho a la presentación de obispos, puso las bases del régimen aconfesional después rubricado en la Constitución de 1978. El presidente de la Conferencia Episcopal reafirmó esta semana que los obispos se sienten «reconocidos» en ese marco. La Iglesia no pide privilegios sino realizar su misión y servir a la sociedad en libertad. El problema a veces es que se ha confundido «aconfesionalidad» con hostilidad hacia la religión, en contradicción con los principios que establece la Constitución española. Unos principios que, una vez más, ha sabido encarnar la monarquía constitucional.



