Madrid - Publicado el - Actualizado
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Pablo Iglesias lo quiere todo. El líder de Podemos puso ayer muy caro su voto afirmativo a la investidura de Pedro Sánchez. Tras reunirse con el Rey exigió entrar en el ejecutivo como vicepresidente. Y además pidió las carteras de Defensa, Interior, Política Social e Interior. Y también un ministerio para su partido afiliado, En Comú Podem, ministerio de plurinacionalidad. Dicho de otro modo, Podemos quiere mandar en el gobierno radical-nacionalista que quiere formar Sánchez. La arrogancia de Iglesias fue proverbial: vino a decirlo a Sánchez que la posibilidad de que llegue Moncloa es una sonrisa del destino que le debe agradecer a él. Las consecuencias negativas para España de un Gobierno de estas características son fáciles de imaginar. Iglesias aseguró que España necesita un ministro del Interior que no se encomiende a la Virgen. La frase, además de ser de mal gusto, refleja una severa amenaza para la libertad. La libertad religiosa y la libertad de conciencia son los pilares de nuestro sistema de derechos. El ministro y el mendigo tienen en España la libertad de ser devotos del Pilar, de Mahoma, budistas o librepensadores. Nadie puede ser discriminado por su creencia o por su increencia. No deberíamos permitirnos ninguna broma con esto. Lo sorprendente es que después de haber escuchado a Pablo Iglesias, Pedro Sánchez, siga pensando en ser presidente del Gobierno en estas condiciones. El sentido de la responsabilidad aconsejaría que Sánchez diese un paso atrás.



