Madrid - Publicado el - Actualizado
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En el discurso anual ante los miembros del Cuerpo Diplomático, el Papa ha comenzado hablando sobre la importancia de un derecho fundamental como es la libertad religiosa. Allí donde se reconoce, se garantiza la posibilidad efectiva de colaborar en la edificación del bien común. Francisco ha condenado firmemente las patologías y desviaciones de la religión, que pretenden justificar la violencia en nombre de Dios. En este importante discurso el Papa ha querido centrarse en la grave emergencia migratoria que estamos afrontando para discernir sus causas, plantear soluciones y vencer el miedo inevitable que acompaña un fenómeno de tal calado. Ha reconocido que no sirven las soluciones simplistas. Es importante que se preste atención a las implicaciones culturales, empezando por las que están relacionadas con la propia confesión religiosa. El extremismo y el fundamentalismo se ven favorecidos, no solo por una instrumentalización de la religión en función del poder, sino también por la falta de ideales y pérdida de identidad, incluso religiosa, que caracteriza dramáticamente a Occidente. De este vacío nace el miedo que empuja a ver al otro como un peligro y un enemigo. Estamos ante un desafío cultural que no se puede dejar sin responder. La acogida es una buena oportunidad tanto para quien es acogido, y tiene el deber de respetar los valores, las tradiciones y las leyes de la comunidad a la que llega, como para esa misma comunidad que acoge, que está llamada a apreciar lo que las personas inmigrantes pueden aportar en beneficio de todos.



