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LÍNEA EDITORIAL

No hay enfermos “incuidables”, aunque sean incurables

Lo propio de la medicina es curar, pero también cuidar, aliviar y consolar sobre todo al final de esta vida, como hace la medicina paliativa

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Tiempo de lectura: 1'Actualizado 18:14

El Congreso de los Diputados ha decidido seguir adelante con la tramitación de la Ley Orgánica de regulación de la Eutanasia. Como ha señalado la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal, en una Nota publicada hoy, es una mala noticia porque la vida humana no es un bien a disposición de nadie.

Insistir en un supuesto “derecho a la eutanasia” es propio de una visión individualista y reduccionista del ser humano, y de una idea de libertad desvinculada de la responsabilidad. Se niega la dimensión social del ser humano, “diciendo mi vida es mía y sólo mía y me la puedo quitar”, mientras que se pide a la sociedad organizada, que legitime esa decisión para eliminar el sufrimiento o el sinsentido, eliminando la vida.

La epidemia que seguimos padeciendo nos ha hecho caer en la cuenta de que somos responsables unos de otros y ha relativizado las propuestas de autonomía individualista. Lo propio de la medicina es curar, pero también cuidar, aliviar y consolar sobre todo al final de esta vida, como hace la medicina paliativa: humanizar el proceso de la muerte y acompañar a la persona hasta el final.

Los obispos señalan la paradoja de una sociedad que pretende la eliminación total del sufrimiento, y cuando no lo consigue propone salir del escenario de la vida. Por el contrario, lo verdaderamente humano es acompañar, paliar y ayudar a vivir ese sufrimiento, porque como afirma el título de esta Nota, no hay enfermos “incuidables”, aunque sean incurables.

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