Madrid - Publicado el - Actualizado
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La libertad de expresión en España está seriamente limitada según para qué temas. Esta es la lección que deja lo sucedido en torno al cardenal Antonio Cañizares, arzobispo de Valencia, víctima en los últimos días de un auténtico linchamiento político desde los partidos gobernantes en la Comunidad Valenciana. El cardenal hizo pública ayer una carta a sus diocesanos, no tanto para defender su honor y su buen nombre, como para salir al paso de las deformaciones caricaturescas que están llegando a la opinión pública de su reciente homilía en defensa de la familia y criticando la ideología de género. Al cardenal se le ha llamado xenófobo, homófobo, sexista, enemigo del Papa Francisco y otras cuantas lindezas desde sede parlamentaria, nada menos. Se le ha acusado de incitar al odio contra homosexuales y lesbianas, obviando el hecho de que si históricamente ha habido una institución que ha ofrecido a estas personas respeto y acogida, es la Iglesia. Pero ese respeto no puede impedir que se critique una ideología sumamente nociva que se está introduciendo en la educación, socavando las bases de la familia. El cardenal Cañizares dio ayer la última polémica por zanjada, en lo que a él respecta, pero eso no le va a impedir seguir denunciando la ideología de género, como tampoco van a dejar de hablar de ella el Papa Francisco ni los demás obispos.



