LÍNEA EDITORIAL
Argentina, campeón del mundo
El Mundial, con todos sus claroscuros, nos da la posibilidad, cada cuatro años, de sacar lecciones muy aprovechables para nuestra convivencia

Argentina, campeón del mundo
Madrid - Publicado el - Actualizado
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Si hay un país del mundo donde se vive con pasión el fútbol, ese es, sin duda, Argentina. Por eso, la fiesta del nuevo campeón del mundo viene cargada de un colorido y unas celebraciones particulares. Ese exceso que lleva a miles de aficionados a vivirlo como si de una experiencia religiosa se tratara, tenía una deuda pendiente con uno de los mejores jugadores de todos los tiempos. A Maradona le correspondió su Mundial, en México 1986. Ahora, a una estrella no menor que Diego, como es Leo Messi, le correspondía el suyo. Es el tercer mundial para la selección albiceleste y su victoria ha sido el colofón idóneo al peculiar Mundial de Qatar, coronado con una inolvidable final contra Francia.
Los excesos en la celebración no son patrimonio de los aficionados, también algunos jugadores no han dado el ejemplo deseable a la hora de ser respetuosos y elegantes en la victoria. Es cierto que los argentinos, acostumbrados por desgracia a sufrir mucho, tienen derecho a celebrar a lo grande un triunfo así, y hacerlo, en cierto sentido, como escape a muchas calamidades diarias de la vida social y política. Pero el fútbol ofrece también una poderosa lección: no es casual que allí donde se marcan unas reglas claras, iguales para todos; donde se promueve la competición y al mismo tiempo un trato noble al rival, Argentina haya sido capaz de ser campeón mundial. El juego es, en este sentido, un espléndido espejo de la vida, y el Mundial, con todos sus claroscuros, nos da la posibilidad, cada cuatro años, de sacar lecciones muy aprovechables para nuestra convivencia.



