Madrid - Publicado el - Actualizado
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La Universidad Pontificia de Salamanca clausuró ayer un congreso sobre el papel de las conferencias episcopales. Se trata de uno de los actos conmemorativos más importantes del cincuentenario de la CEE, con una triple mirada hacia el pasado, el presente y el futuro de una institución que ha desempeñado un papel fundamental en la historia reciente de España, especialmente en períodos clave como la Transición, y que está llamada a asumir un mayor protagonismo en los próximos años con el impulso del Papa a la colegialidad en la Iglesia.Por medio de la Conferencia Episcopal se introdujeron las enseñanzas del Concilio Vaticano II, que entre otras cosas defendía la aconfesionalidad del Estado. Era un mensaje contracorriente en esos últimos años de régimen franquista. Hoy esa misma aconfesionalidad sigue siendo invocada por los obispos para recordar que es deber del Estado no asumir ninguna confesión, sino garantizar que los ciudadanos puedan profesar libremente la fe que consideren oportuna, en privado y en público. Porque aconfesionalidad implica libertad de culto, pero también otros derechos en los que se traduce la libertad religiosa, como la libertad de enseñanza, según resaltó en Salamanca el cardenal Ricardo Blázquez. Al llamar la atención sobre este tipo de cuestiones, la CEE presta un importante servicio a toda la sociedad española, defendiendo un modelo de convivencia respetuoso inspirado en la dignidad del ser humano y en la colaboración con todos los grupos sociales por el bien común.



