El Líbano, otra vez arrastrado a la guerra
Líbano se ha convertido en blanco para Israel por los ataques contra su territorio por parte de Hezbolláh

Escucha la Línea Editorial del domingo 15 de marzo
Madrid - Publicado el
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El asesinato en El Líbano del padre Pierre El Raii, cuando acudía a prestar auxilio a personas heridas por los bombardeos, se ha convertido en símbolo del drama que una vez más se cierne sobre el país de los cedros. El Papa León pedía esta semana que la “sangre derramada” en el martirio de este sacerdote fuera “semilla de paz” en el Líbano. Mucho más que el encarecimiento de los precios del petróleo, un dramático efecto colateral de la guerra iniciada por EE. UU. e Israel contra Irán son sin duda las más de 700 víctimas mortales desde el 2 de marzo en el Líbano y alrededor de un millón de personas desplazadas.
Líbano se ha convertido en blanco para Israel por los ataques contra su territorio por parte de Hezbolláh. La milicia chiita, uno de los escasos apoyos que le quedan a Irán, conserva, a pesar de su evidente debilidad, la capacidad de arrastrar a todo un país a sus aventuras suicidas. El gobierno de Beirut ha conseguido avances en el control del sur del territorio, pero todavía insuficientes. A eso se suma que el gobierno de Netanyahu castiga sin contención alguna al conjunto de la población libanesa, niños incluidos. La situación es de una gravedad extrema, como puso de relieve la visita el viernes a Beirut del secretario general de la ONU, Antonio Guterres. El Líbano, con todas sus carencias, es la demostración de que en Oriente Próximo es posible la convivencia democrática entre cristianos, sunníes y chiíes. Esto es un bien que proteger por la comunidad internacional, que debe pedir a Israel que cese sus ataques, y apoyar y exigir a Beirut para que ponga coto a los desmanes de Hezbolláh.



