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Wikileaks vs. EEUU: empieza el juicio de la década

La defensa de Assange busca convertirle en mártir de la libertad de expresión

Wikileaks vs. EEUU: empieza el juicio de la década

NEIL HALL

Paloma García Ovejero

Corresponsal en Londres

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 25 feb 2020

El tribunal de Woolwich está rodeado de cámaras. Se tarda una hora en transporte público desde el centro de Londres, y no hay un solo medio de comunicación internacional que no esté presente física o virtualmente. Los británicos, porque llevan una década albergando al protagonista; los australianos, es evidente, tienen a uno de los suyos; los estadounidenses son parte implicada en este pulso a sangre; y todos los demás (ecuatorianos y españoles con mención especial) como cronistas y testigos de un juicio tan mediático como imprevisible.

Julian Assange se ha presentado bien vestido, con chaqueta, jersey y camisa, aspecto sereno y talante amable. De momento, le toca escuchar. Solo ha tomado la palabra para confirmar su identidad y decir que tenía problemas para concentrarse porque no oía bien.

No es un hombre contra una nación y viceversa. Son los límites de la libertad los que están en tela de juicio. La frontera entre piratería y periodismo. Quién puso en riesgo la vida de quién.

¿QUIÉN CONTRA QUIÉN?

El gobierno de Estados Unidos contra el fundador de Wikileaks, Julian Assange. Piden su extradición para juzgarle por revelación de secretos oficiales. Se enfrentaría a 175 años de prisión, por un total de 18 cargos.

¿CUÁNDO HABRÁ SENTENCIA?

No antes de fin de año. Esta semana se escucharán los argumentos de las defensas y después se suspenden las sesiones hasta el 18 de mayo. Ese será el momento de presentar las pruebas, y después, las deliberaciones. En cualquier caso, el equipo legal de Assange ya ha anunciado que, si el tribunal británico decide extraditarle, ellos recurrirán. O sea, otros 2 o 3 años más.

Aunque los jueces aprueben la extradición, la última palabra la tendrá el gobierno británico.

¿HÉROE O VILLANO? ¿PERIODISTA O HACKER?

Este australiano de 48 años se presenta -esa es la estrategia legal- como un periodista amenazado de muerte, cuya condena supondría una mordaza a la libertad de expresión.

Los hechos son estos:

- Entre julio y noviembre de 2010, Wikileaks publicó documentos clasificados sobre las operaciones de EE.UU. en Afganistán y en Irak y un total de 250.000 cables diplomáticos que comprometían la seguridad del gobierno norteamericano.

- En noviembre de 2010, Suecia lanza una euroorden de arresto contra el fundador de Wikileaks porque dos mujeres le han denunciado por violación y agresión sexual.

- En 2012, Assange recibió asilo en la embajada de Ecuador en Londres, justo a la espalda de Harrod’s, argumentando que en EE.UU. sería condenado a pena de muerte.

- En 2016, Wikileaks vuelve a la carga y hace públicos 20.000 emails de la campaña presidencial de los demócratas, obtenidos ilegalmente, que habrían perjudicado a Hillary Clinton. Para ello, pirateó un ordenador del Pentágono.

- En abril de 2019, Ecuador retira a Assange el asilo político. Scotland Yard le detiene, la justicia le condena a 50 semanas de prisión por no respetar las condiciones de libertad provisional, y le recluyen en la prisión de máxima seguridad de Belmarsh. En septiembre de ese mismo año, el juez decide mantenerle recluido para evitar su fuga.

- En mayo de 2019, EE.UU. presenta 17 nuevas acusaciones contra él por espionaje.

Sus abogados, coordinados por el juez español Baltasar Garzón, afirman que una condena a Julian Assange pondría en peligro a todos los periodistas del mundo a partir de ahora. Destapó incluso crímenes de guerra, insisten, e hizo un servicio a la sociedad. También son de esta opinión asociaciones como Amnistía Internacional y Reporteros Sin Fronteras.

Entre los amigos que dan la cara por Assange están el ex ministro griego Yannis Varoufakis, la actriz Pamela Anderson, la diseñadora Vivienne Westwood o los artistas Lady Gaga y Roger Waters, de Pink Floyd. El que nunca falta tampoco es su padre, John Shipton.

El gobierno de Estados Unidos, en cambio, no le considera periodista sino pirata informático y activista sin escrúpulos, que puso en peligro la vida de muchas personas. También el grupo de cinco periódicos con el que Wikileaks colaboraba -El País, The Guardian, New York Times, Le Monde, Der Spiegel- han condenado lo que hizo Assange, sin filtro o edición. Eso no es periodismo, consideran, sino revelación de documentos y activismo que no protege a la fuente ni mide las consecuencias. Y la libertad de expresión, recuerdan, no vale de excusa.

La acusación lo ha dejado claro este mismo lunes al inicio del juicio: “Informar o hacer periodismo no es una licencia para cometer actividades delictivas o para vulnerar las leyes”.

¿Y LOS PROBLEMAS CON LA JUSTICIA SUECA?

Archivados. Hubo un momento en el que ambos países pedían la extradición del fundador de Wikileaks, cada uno por un motivo distinto. Allí le requerían por la presunta violación de dos mujeres en agosto de 2010. Ambos casos llegaron a punto muerto y Suecia ha dado carpetazo.

¿QUÉ TIENE QUE VER RUSIA CON TODO ESTO?

Una de las muchas acusaciones que se han vertido contra Wikileaks es que sirve de conducto para propagar la desinformación rusa.

En febrero de este año, apenas unos días antes del inicio del juicio, la defensa de Assange dice que Donald Trump le ofreció el indulto en agosto de 2017 si afirmaba que Rusia no tenía nada que ver con la filtración de los emails de 2016. La Casa Blanca lo ha negado tajantemente.

Pero Jennifer Robinson, una de las abogadas de Assange, promete presentar pruebas.

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