Sánchez visita Suecia en vísperas del ascenso de la extrema derecha antieuropea

La extrema derecha antieuropea sueca podría hacerse con el poder en las elecciones del domingo.

Imagen del Presidente del Gobierno hablando con los enviados especiales a su viaje a Latinoamérica

Imagen del Presidente del Gobierno hablando con los enviados especiales a su viaje a Latinoamérica 

Corresponsal de COPE en Berlín

Berlín

Tiempo de lectura: 3' Actualizado 09:52

El presidente español, Pedro Sánchez, visita este miércoles Suecia, otrora podio del estado de bienestar y feudo europeo socialdemócrata. Pero el panorama que encontrará Sánchez a su llegada es bastante más hostil que el que cabría esperar del estereotipo. A solo unos días de las elecciones, las encuestas pronostican resultados de hasta el 28,5% de los votos a Demócratas de Suecia (SD), un partido que ha crecido desde 2015 alimentado por la xenofobia , el rechazo a los refugiados y la desconfianza en las instituciones europeas. En un contexto de giro radical a la derecha en numerosos países europeos, su éxito podría dañar seriamente la relación de Suecia con Bruselas.

SD era una minoría ruidosa, pero sin peso político, hasta las elecciones de 2010, cuando entró por primera vez en el parlamento sueco con un 5,7% de los votos. Nadie pactaba con ellos por su origen neonazi, desde la creación del partido en 1988, y por el tono abiertamente racista de sus responsables, lo que no impidió que en las elecciones de 2014 doblase sus resultados con el 12,9% de los votos. El aumento de la preocupación social por la llegada masiva de inmigrantes ha sido el último y gran empujón. En 2015, el país nórdico recibió la cifra récord de 160.000 refugiados y el malestar ha tenido dos consecuencias claras en el mapa electoral: la subida ya irrefrenable de SD y el retroceso de los partidos tradicionales. La última encuesta publicada por el periódico  'Dagens Nyheter', señala que los socialdemócratas habrían pasado del 31% de los votos en los comicios de 2014 a menos de un 25%, el peor resultado del partido desde 1911. Otro sondeo, publicado por el instituto Skop el domingo, pronostica que los socialdemócratas lograrán un 23,8% de los votos, el SD un 20% y los conservadores un 17%, por lo que el equipo del primer ministro Stefan Löfven se prepara para unas duras negociaciones con los verdes y otras formaciones de izquierda que le permitan liderar una coalición de gobierno con la que ya gobierna y para la que espera conseguir en conjunto el 40,6% de los sufragios, superando a la derecha por solo cuatro puntos.

“Es un voto de castigo, la gente está descontenta con los partidos tradicionales. SD está captando mucho voto que antes era socialdemócrata”, analiza el profesor Magnus Ranstorp, “sienten que su partido está rendido a las directrices de Bruselas y culpan a los refugiados de problemas económicos y sociales como el cierre de hospitales, la pérdida de beneficios sociales o el hecho de que la tasa de empleo es la más alta en al menos dos décadas”. Los carteles de la campaña reflejan el tono del debate público, con lemas como "No a la llamada a la oración", "Hablar sueco para ser sueco, ¿acaso no es evidente?" o "¿Odiarse o hablarse?". Y a la cabeza de este giro electoral, figura el líder de SD, el fulgurante Jimmie Akesson, que no fue aceptado en un debate en televisión hasta el 2007 y que hoy, a sus 39 años, supera en popularidad con los primeros espadas de la política sueca.

Su programa en asuntos no relacionados con la inmigración es absolutamente vago. Su prioridad es sellar las fronteras de Suecia y su propuesta política se resume en tres puntos: cero inmigrantes, combate al crimen y referéndum para salir de la Unión Europea. Akesson se muestra infatigable. Recorre el país sin pausa, recordando que “una población donde uno de cada cuatro es extranjero es ingobernable”.  Actualmente es tratado en los medios de comunicación suecos como al resto de dirigentes de cualquier formación y su estrategia de atizar el miedo al inmigrante ya no los enfrenta al resto de partidos políticos. El actual líder conservador, Ulf Kristersson, asegura que no dejará a nadie fuera de las negociaciones si consigue el apoyo suficiente para hacerse con el gobierno.

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