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“Prefiero que sea un robot quien me limpie mis partes íntimas”

En Europa se desarrollan 152 proyectos de robots especializados en cuidar ancianos

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Corresponsal de COPE en Berlín

Berlín

Tiempo de lectura: 3'Actualizado 14:22

Actualmente hay en Europa 152 proyectos de desarrollo de robots especialmente diseñados para cuidar ancianos. Solo en Alemania, en 2030 habrá cuatro millones de mayores que necesiten atención para su día a día y las empresas diseñan a toda prisa estos asistentes robóticos que ocupen las alrededor de medio millón de plazas de cuidadores que no podrán ser cubiertas por falta de oferta laboral. “Tecnológicamente y logísticamente es posible, no estamos hablando de ciencia ficción, pero necesitamos saber cómo va a afectar esa situación a la psicología de los ancianos, si van a aceptar a esos robots como cuidadores y qué tipo de relación van a establecer con ellos”, explica Gundula Hübner, del Instituto e Psicología de la Universidad de Halle-Wittenberg.

Los estudios llevados a cabo por Hübner muestran rechazo en los actuales ancianos, pero una sorprendente aceptación por parte de los alemanes que hoy tienen entre 40 y 50 años. “Lo cierto es que prefiero que sea un robot el que se ocupe de limpiarme mis partes íntimas”, ha reconocido uno de los encuestados.

Zora, Pepper o Nao son robots producidos por la empresa francesa de fabricación Aldebaran Robotics. Dependiendo del software, tendremos un robot capaz de leer emociones, mantener conversaciones básicas o dirigir una sesión de fisioterapia.

En Bélgica, Zora, un robot humanoide de 58 centímetros, es ya un miembro más de muchas residencias. Zora funciona gracias a un procesador Intel ATOM a 1,6ghz, cuatro micrófonos, dos cámaras y otras tecnologías que le permiten calcular distancias y reproducir sonidos. Mantiene conversaciones con los residentes, lee la prensa, informa del tiempo, sabe el nombre de todos los usuarios y sus gustos. Versiones personalizadas de estos robots sirven para cuidar ancianos en su propio domicilio, ocupándose de ayudar en la movilidad, establecer comunicaciones con el exterior y recordar la toma de medicinas.

Ante la pregunta de si estaríamos deshumanizando el cuidado de los ancianos, Hübner lo tiene muy claro. “Al contrario. Disponer de uno de esos robots será lo que haga la diferencia para muchas familias entre poder o no tener un anciano en casa. Puede ocuparse de él durante las horas en las que el resto de la familia trabaja, ocuparse de tareas que cuando lleguen estarán resueltas y esas horas juntos serán de mayor calidad”, señala.

En Japón, Pepper, un robot de 120 centímetros de altura, es ya un miembro más de muchos hogares japoneses. El software de Pepper hace que sea muy eficaz leyendo emociones. Si detecta que un mayor está triste, intentará levantarle el ánimo. Cuando salió al mercado en Japón en 2015, a un precio de 1500 euros, los primeros 1000 ejemplares se agotaron en solo un minuto. Es capaz de realizar sesiones de estimulación cognitiva y alertar en caso de inactividad excesiva. En cambio el factor humano; la caricia, la sonrisa, la conversación espontánea son elementos que ni Zora ni Pepper pueden ofrecer. Y en este sentido, la UE advierte sobre la necesidad de formar a los usuarios para que asuman previamente que un robot nunca será un humano.

Expertos de la Universidad Trinity College de Dublín que han desarrollado a "Stevie II", una versión avanzada del primer robot de asistencia social con Inteligencia Artificial, aseguran que “si algo hemos aprendido del uso de la primera versión es que lo que los usuarios realmente querían era interactuar con él, tener una conversación o pedirle algún tipo de información", explica Niamh Donnelly, “no solo no percibimos rechazo sino que los ancianos mostraban una gran curiosidad y aceptación por este asistente”."En el futuro, nos encantaría trabajar en la capacidad de Stevie para mantener una charla trivial de manera que los próximos Stevies podrían llegar a "vacilar" un poco con sus interlocutores, como tanto les gusta a nuestros usuarios.

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