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Saludos, insignias y lazos amarillos entre los presos del 'procés'

COPE asiste a la primera sesión de la vista oral desde el Salón de Plenos y a escasos metros de los 12 acusados

El Tribunal Supremo inicia hoy el juicio al procés
Maribel Sánchez Margallo
@maribelmargallo

Redactora 

Tiempo de lectura: 2'Actualizado 14:56

Se levanta el telón del juicio más mediático de la historia del Tribunal Supremo. Lo hacía con 18 minutos de retraso y con saludos previos entre los presos y sus familias (con gestos y sonrisas a lo lejos) y con intercambios de miradas con el presidente la la Generalitat, Quim Torra, sentado en primera fila de las destinadas al público. Todos, menos el ex vicepresidente, Oriol Junqueras, que no ha querido darse la vuelta para saludar a Torra. Algo parecido a lo ocurrido en el primer receso, cuando todos los acusados se acercaron a estrechar la mano y abrazar a Torra, excepto Junqueras.

Los lazos amarillos también están presentes en la sala. Los llevan uno de los presos, Jordi Sanchez, y el presidente Quim Torra. El resto se han limitado a ponerse la insignia de la Generalitat en la solapa.

La solemnidad que rodea a la vista oral ha hecho que los acusados cambiaran el chándal y los vaqueros con los que los veíamos en las fotos que han ido publicando en las redes sociales por un traje mas acorde con la ocasión. Aunque es cierto que "los jordis" y Junqueras, sin corbata.

Entre ellos, muchos comentarios al oído. Sobre todo, entre Rull y Turull y entre Forcadell y Bassa. Son los más habladores.

El más expresivo es Jordi Cuixart, que ha sido incapaz de reprimir un gesto afirmativo con la cabeza cuando el abogado de Junqueras hablaba de "juicio político" y "vodevil procesal".

Los abogados de la defensa no han parado de usar el teléfono móvil, chateando y consultando lo que íbamos publicando los periodistas.

En el banco de la acusación, sin embargo, han pasado las horas tomando notas, como hacía contínuamente el fiscal Javier Zaragoza y el abogado de Vox, Javier Ortega-Smith.

El presidente del tribunal, el juez Manuel Marchena, ha usado su portátil en el que se ha podido ver cómo escribía y consultaba documentos continuamente.

Las cuestiones previas han centrado las primeras horas de un juicio trascendental para el futuro de España y, quizá por eso, la sesión ha sido tranquila y tan solemne como merece la ocasión.

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