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Okupas y con miedo a los extraterrestres: así son los padres sospechosos de matar a sus hijos en Godella

Los servicios sociales abrieron un expediente porque ambos tenían serios problemas mentales y se había detectado desatención a los menores

 

Tiempo de lectura: 2' Actualizado 11:15

Una tragedia que nadie supo impedir. La Guardia Civil halló este jueves enterrados los cadáveres de los dos niños desaparecidos en Godella (València) -un niño de tres años y medio y una niña de apenas cinco meses- y detuvo a la madre de ambos tras confesar, después de
varias horas de interrogatorio, dónde estaban sus cuerpos.

Gabriel Salvador y María vivían con sus dos hijos de okupas desde hace un par de años  en una caseta abandonada de Godella y en condiciones insalubres. No tenía nevera y había comida acumulada de hace meses en estado de putrefacción. Además, los miembros de la familia dormían en colchones en el suelo. Los servicios sociales habían abierto un expediente porque ambos tenían serios problemas mentales y se había detectado desatención a los menores. El niño estaba matriculado en el colegio pero no iba desde febrero.

El padre trabajaba como cocinero en un negocio de restauración del que fue despedido a mediados de febrero por discusiones con el dueño y por consumir sustancias estupefacientes. Ella estaba en paro. En el pasado, había participado en protestas estudiantes y en el 15-M. Fue detenida en un altercado y condenada a realizar trabajos para la comunidad en la biblioteca de Rocafort. Su último trabajo fue de limpiadora.

La madre de María, junto a otros amigos, les procuraba comida y, poco antes de la desaparición de los menores, recibió un mensaje de su hija avisándola de que iba a "reunirse con el creador". A las ocho de la mañana de este jueves un vecino vio a la mujer abandonar corriendo su vivienda, semidesnuda y ensangrentada. Al parecer, el hombre salió en su persecución blandiendo una pistola.

Cuando llegó la Policía, el padre estaba colocado ofreciendo respuestas incoherentes. Dijo que "todos estaban muertos". Las fuerzas de seguridad comenzaron a buscar a la madre y a los dos niños. A ella, la encontraron desnuda dentro de un bidón y con arañazos. Cuando la descubrieron, dijo que sus hijos "tenían que resucitar".  Tanto el padre como la madre fueron conducidos al cuartel de la Guardia Civil de Moncada para ser interrogados y, tras varias horas de intentos infructuosos, relatos delirantes y una actitud de "escasa colaboración", los agentes consiguieron que la madre les condujese al lugar en el que se encontraban enterrados sus hijos, aunque no confesó la autoría del crimen. Los cuerpos fueron enterrados en dos fosas, una a unos 75 metros de la vivienda que ocupaba la familia de forma ilegal, y el otro a unos 150 metros, en el suelo, no en alguna acequia ni pozo, según precisó el delegado del Gobierno.

Los vecinos avalan de que ambos mostraban importantes desequilibros mentales. "Él se ponía papel albal en la cabeza porque tenía miedo de los extraterrestres", dijo a Antena 3una mujer que vivía cerca de la caseta. 

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