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La guerra interna entre Luis Planas y Susana Díaz en las primarias de 2014: denuncias y falta de transparencia

Ambos se perfilaron como sustitutos de Griñán al frente del Gobierno de Andalucía y ambos pertenecían a su equipo. Sin embargo, la disputa fue desigual desde el primer día

Luis Planas y Susana Díaz en un acto de campaña en Andalucía

Jose Manuel VidalEFE

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Las pugnas internas entre candidatos de un mismo partido suelen esconder una serie de desaveniencias entre los propios postulantes al margen de la imagen de cordialidad y respeto que tratan de generar hacia los demás.

Rivalizar por el poder con alguien de tu misma formación tiene ciertas particularidades, ya que en el proceso no se debería desatar una guerra abierta que pueda llegar a dañar al partido, pero sí pueden surgir conflictos internos que mermen las relaciones y las posturas de unos y otros.

Un claro ejemplo de esto fue la disputa por la secretaría general del PSOE entre Pedro Sánchez y Susana Díaz, una especie de guerra sin cuartel en la que el actual Presidente del Gobierno demostró que se puede vencer sin contar con el apoyo de los principales barones de la formación.

Una rara avis en la política, en la que el mejor colocado suele salir siempre victorioso, una tendencia de la que la propia Susana Díaz ya se vio beneficiada en su día, cuando se postuló como la sucesora de José Antonio Griñán en Andalucía, ganando en la batalla política al que tiempo después se perfilaría como uno de los hombres de Sánchez: el actual ministro de Agricultura, Luis Planas.

Las revueltas aguas socialistas

En aquella época, la imagen del socialismo andaluz se encontraba muy mermada públicamente, salpicada por los escándalos de corrupción que plenearon sobre el partido con el conocido Caso ERE.

Caso en el que resultó estar implicado José Antonio Griñán, por aquel entonces Presidente de la Junta de Andalucía, además de otros políticos como Manuel Chaves, su predecesor.

Debido a la magnitud del escándalo y a su pérdida de credibilidad, Griñán decide echarse a un lado, dejando una vacante libre que pasó a ser plaza de disputa entre varios nombres del mermado socialismo andaluz.

Entre ellos, destacaba la figura de Susana Díaz, consejera de Presidencia y apuesta personal de Griñán, pero también había otros nombres con relativo peso: Juan Antonio Rodríguez, alcalde de Jun, y Luis Planas, consejero de Agricultura y cuya candidatura sorprendió a propios y a extraños.

Los expresidentes andaluces Manuel Chaves y José Antonio Griñán

Raúl CaroEFE


La incógnita de Planas

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La candidatura de Planas llamó la atención de todos en el seno del PSOE andaluz, ya que a priori -y como acabó sucediendo- no parecía contar con ningún tipo de apoyo, motivo por el cuál su decisión dejó descolocado al núcleo duro socialista.

Es por eso que de puertas para afuera empezaron a surgir diversos rumores nunca confirmados, como que Planas supuestamente habría sido utilizado como señuelo para legitimar unas primarias que ya contaban con una clara ganadora desde antes de empezar la campaña.

Una teoría que tiene su peso teniendo en cuenta la coyuntura socialista en aquellos años, con una clara necesidad de mostrar una cara más limpia, algo a lo que no habría contribuído el hecho de que Díaz, la candidata de Griñán, llegara al poder sin oposición.

Surgido del aparato socialista cordobés y curtido durante los ejecutivos de Chaves y de Griñán, su nombre ya había sonado con anterioridad para los cargos fuertes del partido en Andalucía durante la época de la guerra abierta entre Felipe González y Alfonso Guerra motivada por otro escándalo de corrupción, el conocido Caso Guerra.

Finalmente no pasó a mayores y decidió enrolarse dentro del equipo ganador de Manuel Chaves, ocupando los cargos de consejero de Agricultura primero y de Presidencia después, hasta abandonar la Ejecutiva andaluza y regresar a su vida anterior como alto cargo internacional.

Tras una larga etapa fuera, volvería a tierras andaluzas en 2012 de la mano de su amigo José Antonio Griñán, también originario del socialismo cordobés. Sin embargo, apenas ejercería en su nuevo puesto de Agricultura por la inminente dimisión del presidente socialista.

Un proceso desigual

Así, con la dimisión de Griñán dio comienzo un extraño proceso de primarias en el que se disputaron el poder varias personalidades, pero en el que destacaban tres nombres principales aunque con un apoyo muy desigualado.

Díaz contaba con el apoyo de los grandes nombres del partido e incluso con el beneplácito del propio Griñán, mientras que las opciones de Luis Planas pasaban por el apoyo de alguna voz crítica con el hasta entonces Presidente, como la del sanchista Gómez de Celis, enfrentado desde las Juventudes Socialistas con Díaz y que ejercería como jefe de campaña de Planas. Mientras, por su parte, el tercero en discordia, Juan Antonio Rodríguez Salas, nunca pareció contar con el apoyo necesario a pesar de lo relativamente mediática que fue su campaña.

De esta manera, se configuraba una batalla interna en la que, aunque Planas no lo sabía, no tenía apenas opciones de ganar.

Su estrategia, de hecho, fue muy extraña, ya que apenas pidió apoyos en el seno socialista, recibiendo la negativa de los pocos con los que llegó a hablar, como pasó con Gaspar Zarrías. Por no contar, Planas no contaba ni con un padrino político, al menos con uno reconocible de cara al exterior, como sí lo tenía con Griñán la propia Susana Díaz.

Por ello, resulta extraño pensar en los motivos que lo llevaron a tratar de disputarle el poder a una Susana Díaz, llegándose a hablar en la época de unas supuestas diferencias personales e ideológicas, de su manera de entender la política y el socialismo e, incluso, de disputas previas entre ambos cuando coincidieron en la Junta de Andalucía.

Díaz no hizo prisioneros

Con este caldo de cultivo, a nadie le extrañaría el resultado final, aunque por el camino las prácticas internas terminaron siendo bastante cuestionables. Así, mientras que Díaz presentó más de 20.000 avales, Planas no llegó ni siquiera a los 6.800 necesarios, por lo que ni tan siquiera llegó a haber unas primarias propiamente dichas.

La explicación a tan abrumadora diferencia es bastante clara: nunca partieron con las mismas posibiliades ni con los mismos medios. A pesar de que sobre el papel ambos deberían de haber contado con las mismas herramientas, lo cierto es que dentro del partido las cosas funcionaron de otra manera.

El poder y el apoyo que aglutinó Díaz en torno a su persona le permitió controlar todas las instancias del PSOE andaluz, dejando a sus rivales sin ningún tipo de oportunidad. De esta manera, Díaz controlaba los censos, los correos electrónicos y todos los medios a su diposición, mientras que el resto de candidatos se encontraban a dos velas.

Susana Díaz junto a José Antonio Griñán

Raúl CaroEFE


Así, por ejemplo, Planas no tuvo acceso al censo ni tampoco se le permitió, al menos en un primer momento, presentar su candidatura en la sede del PSOE, aunque finalmente sí pudo hacerlo. Unos impedimentos que muestran el claro favoritismo dentro del PSOE-A.

Pese a todo, su condición de tecnócrata le llevó a mantenerse al margen de todo esto, estrategia que no siguió el tercer candidato en discordia, Juan Antonio Rodríguez, que sí denunció la falta de igualdad y las evidentes preferencias existentes dentro de la formación del puño y de la rosa.

Planas terminaría cesando en su intento por llegar a lo más alto, no sin antes pronunciarse por la falta de flexibilidad en el proceso, que según dejó caer vetó un debate interno verdadero. De esta manera, y hasta que Sánchez, íntimo rival de Díaz, lo recuperó, Planas se desvaneció del plano político.

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